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La hermana Rosa, la devoción asturiana de Joe Biden

“Estaría feliz si le hubiera visto ganar las elecciones”, dice la familia de la religiosa de Cabranes, que falleció en 2017 y con cuya obra colaboró el presidente electo de EE UU

La religiosa, junto a Joe Biden cuando este aún era senador por Delaware, en los años noventa del pasado siglo.

La religiosa, junto a Joe Biden cuando este aún era senador por Delaware, en los años noventa del pasado siglo.

La cabranesa Rosa María del Carmen Álvarez Campa, que siempre fue “la hermana Rosa” para su congregación y “Carmina” para su familia y amigos asturianos, falleció en febrero de 2017 en Estados Unidos, donde durante décadas prestó ayuda y consuelo a los más desfavorecidos. En el país norteamericano dejó una huella

En la graduación de dos de “sus hijos”, como llamaba a los niños que estuvieron a su cargo.

Atiende el teléfono tras la sobremesa de una comida familiar que suele ser habitual cada domingo, en la casa maliayesa de sus sobrinos. Tiene a sus 92 años una memoria privilegiada, como explica uno de ellos, Juan Caveda, anfitrión de una jornada en la que rememoran la trayectoria de la religiosa, cuya bondad y entrega a los demás ha dejado un enorme legado en América y en cuya consecución colaboró en determinados momentos el hoy futuro presidente estadounidense. De él contaba la hermana Rosa que era un hombre “excelente”. “Un tipo muy vinculado a la gente de abajo”, explica Caveda, sobrino político, para referirse al perfil de Biden. El apoyo a la obra solidaria de su tía, con la que acabó por trabar amistad, hizo que la eligiera para acompañarle en el Senado de los Estados Unidos coincidiendo con la visita al país del Papa Francisco en 2015.

En septiembre de ese año, el Pontífice acudió a una sesión especial de ambas cámaras. El Senado estaba presidido entonces por Joe Biden, ya en aquel momento vicepresidente de Estados Unidos con Barack Obama. “Daban la posibilidad de llevar a una persona y él llamó a mi hermana para que fuese como su invitada”, recuerda Ángeles Álvarez Campa sobre aquel día histórico y de honda emoción para los católicos americanos, entre los que se encuentra el futuro presidente, devoto de esta fe.

Con niños guatemaltecos a cuyas familias daba apoyo.

Con niños guatemaltecos a cuyas familias daba apoyo.

“Ella era algo así como el Padre Ángel en España”, comenta Caveda: “Pedía apoyo a los que más tenían para repartirlo entre los que no tenían nada”. Fue en ese empeño, continuado a lo largo de su vida, como entabló contacto con el futuro presidente de Estados Unidos. Siendo senador en Delaware recurrió a su colaboración para sacar adelante distintas iniciativas de obra social y contó con su apoyo “siempre”. “Le ayudó mucho, con todo lo que pudo”, rememoran sus familiares.

Pero la hermosa historia de la hermana Rosa, de Carmina, como se refieren de manera continua a ella sus sobrinos y hermanos, comienza mucho antes. Nacida en la localidad de Arriodo, en la parroquia cabranesa de Santa Eulalia, fue la segunda de cuatro hermanos, tres mujeres y un varón, que quedaron huérfanos de madre muy pronto, siendo niños.

Después de la primera etapa escolar, a los 15 años pasó a un internado, en Infiesto, el colegio Santa Teresa, de las Carmelitas, orden religiosa en la que luego se integró. Hizo el noviciado, con algo más de 20 años, según recuerda su hermana, en Vitoria. Y desde allí, su primer destino fue Orense, donde hizo los votos. A finales de la década de los cincuenta del pasado siglo, la trasladaron al extranjero, a Inglaterra. Corría 1961 cuando llegó la encomienda de viajar a Estados Unidos: primero a California, donde también ejerció como maestra en una escuela de Primaria; luego, ya a mediados de los años 70 del pasado siglo, a Washington, donde recibió formación sanitaria, como enfermera, una cualificación que le sería de muchísimo provecho en los años venideros.

Ante el centro Primeros Pasos, del que fue fundadora.

Ante el centro Primeros Pasos, del que fue fundadora.

Es la experiencia que adquiere durante su trabajo como religiosa en un hospital de Washington la que le permite acercarse a una realidad que ya nunca más le sería ajena. Comprueba, junto con otras religiosas, que hay muchas mujeres desamparadas viviendo en las calles, algunas inmigrantes y otras con diversos problemas de exclusión social. Y, con sus compañeras, decide poner en marcha la Casa del Monte Carmelo para darles atención y cobijo. En este centro, en el que contó con "una extraordinaria colaboración por parte de Ethel Kennedy", recibió la visita, en 1981, de la Madre Teresa de Calcuta, que quiso conocerlo.

Recorte de prensa, del periódico "Hoy en Delaware", que reflejaba la visita de la Madre Teresa de Calcuta a la Casa del Monte Carmelo, en 1981

La casa se sostenía con donaciones y apoyo popular, igual que diversas obras impulsadas por la religiosa en otras zonas a las que fue trasladada, entre ellas en Georgetown, en Delaware. Y fue a través de la gestión de una de esas aportaciones para sus causas como se produjo el primer contacto con Joe Biden, que hizo llegar su apoyo y “una gran colaboración” a uno de los proyectos que la religiosa tenía en marcha.

En el estado del presidente electo americano uno de sus grandes proyectos fue la de ocuparse de quienes habían huido de la guerra en Guatemala. Dio apoyo a hombres y mujeres, pero para estas últimas puso en marcha una iniciativa de atención al embarazo. Cuentan los familiares de la religiosa que la llamaban a cualquier hora para acompañar a quienes estaban a punto de dar a luz y que ella misma acudía con su vehículo para los traslados. “Era transportista, enfermera y hasta traductora, porque aquellas personas no hablaban inglés y ella las asistía también de esta forma”, rememora su hermana.

La religiosa fue fundadora de numerosos centros de acogida y obra social. La Casita, el Centro Infantil Primeros Pasos, el Centro de Salud La Red, la Casa Gardenia... También el equipamiento La Esperanza, uno de sus proyectos más importantes, a juicio de sus familiares. No obstante, son otros dos, la guardería Sister y el Centro de Salud Rosa, los que llevan su nombre en recuerdo de una enorme labor que durante décadas fue objeto de reconocimiento en publicaciones norteamericanas o con la imposición de las diversas distinciones que recibió a lo largo de su vida. Ella, no obstante, comenta su familia de Villaviciosa, no era muy amiga de homenajes ni protagonismos.

La religiosa, con sus dos hermanas, Pilar y Ángeles, en una foto de la última visita a Asturias, en 2017

La religiosa, con sus dos hermanas, Pilar y Ángeles, en una foto de la última visita a Asturias, en 2017

Volvía a Asturias en alguna ocasión y trataba de estar presente en celebraciones familiares si podía cuadrar fechas para hacerlo. Recordaba su tierra, pero estaba dedicada a “sus hijos”, a los cientos de niños y personas necesitadas a las que prestaba apoyo. “Su patria era su trabajo”, cuenta su sobrino político. La última vez que los visitó fue en 2017, momento del que queda una imagen de las tres hermanas, Carmina, Ángeles y Pilar, tomada en Villaviciosa, en la misma casa desde la que una de ellas pone voz a su recuerdo. “Si hubiera vivido un poco más habría podido ver a Biden ganar las elecciones. Se hubiera puesto tan contenta, loca de alegría”, concluye Ángeles.

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