E. CAMPO

Una cruz de madera coronaba hace décadas el monte Priena, situado sobre el Santuario de Covadonga. Desde 1963, sin embargo, un emblema metálico ocupa ese lugar: es la «Cruz de Pelayo», instalada por el grupo de montaña Ensidesa. La paternidad avilesina de la estructura no queda ahí: la idea de instalarla surgió del entonces párroco de Llaranes, José Espina, que reparó la falta de la cruz de madera, partida por un rayo. Él mismo fue el que realizó el diseño. A partir de ahí la cruz fue tomando forja, con el apoyo de los feligreses y del grupo de montaña Ensidesa, al que llegó de la mano de Fran Lorente, responsable de los grupos sociales de la fábrica.

Tubos procedentes del desguace de barcos fueron la materia prima con la que se construyó la estructura, que después se imprimó con pintura de aluminio. Una vez que estuvo preparada, se organizó una multitudinaria peregrinación a Covadonga, en la que participaron más de 200 personas repartidas en seis autocares. Tres días antes de su llegada, que se efectuó el 26 de mayo, un grupo de montañeros llegó hasta los santos lugares para subir la cruz metálica, dividida en piezas, hasta la cima. En la ascensión se emplearon varios mulos, que subieron por el camino de la parte posterior del monte, accesible para los cuadrúpedos. Una vez arriba armaron la cruz sobre una base de hormigón, realizada a tal efecto.

El día 26, como estaba previsto, llegó la delegación avilesina, después de salir de Llaranes a las siete de la mañana y hacer una parada de media hora en Villaviciosa. Consta en las actas que el precio del viaje era 100 pesetas por cabeza. Nada más llegar, a las once, misa en la cueva de la Santina y, después, ascensión hasta el monte Priena, donde se elevó majestuosa la cruz. Sus medidas son significativas: siete metros de altura, 4,75 de anchura de sus brazos, con un peso aproximado de 700 kilos. El coste de la cruz, unas 15.000 pesetas, fue aportado por los feligreses de Llaranes y por los socios del grupo de montaña, tal y como consta en la placa de metal que lleva la cruz al dorso.

Y allí se quedó la estructura metálica, presidiendo el valle de Covadonga. Antes de que los avilesinos dejaran el Priena, el cura, José Espina, echó la bendición. A su vez, el Cabildo de Covadonga presupuestó 7.000 pesetas para instalar un pararrayos en la cruz.