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  • Quién da más o quién quita más.

    En estos inicios de la campaña electoral hay dos lemas destacados: quién da más o quién quita más. Una cifra para no marear mucho con ellas: el PIB de España, en 2018, fue de 1.206.678 M de €, que es el número 14 entre los 196 países que publican esta cifra. Según los expertos que han examinado las propuestas electorales del PSOE, de llevarlas a cabo, supondrían un gasto público total de alrededor de los 400.000 M de €, que nos llevaría a una importante subida de impuestos para poder financiarlo, con un resultado final más bien dudoso. Ya tuvimos una experiencia que finalizó mal. El PSOE tiene mala suerte con los ciclos económicos.

    Por parte del PP se proponen bajadas importantes de impuestos: nada de sucesiones, donaciones o actos jurídicos documentados, un tipo máximo del 40% para el IRPF y un 20% (esto cambia según el día) como tipo máximo del impuesto de sociedades. Cargarse la progresividad del IRPF es un sueño de los ricos y de Gerard Depardieu, que se hizo ruso para conseguirlo. Aquí, de ganar el partido que lo propone, y de llevar a cabo esta iniciativa, tendríamos que ver de donde sale lo que se necesita para mantener lo que hay, suponiendo que quiera mantenerse. Y tenemos un sitio que se llama IVA, impuesto indirecto que grava por igual a ricos y pobres, e injusto fiscalmente ,ya que la parte de su renta que dedican los que tienen más para comprar, bienes y servicios de uso común, es menor que la dedican los que tienen menos para esa misma necesidad.

    Como el IVA seguramente es poco nos quedan aún muchas armas, entre ellas las tasas, que supondrían que pagaríamos por recibir servicios que ahora son sin coste, o con coste reducido. Las tasas académicas son un ejemplo y la imaginación no conoce límites para otras implantaciones.

    También existe otra posibilidad y es que el Estado deje de prestar, por sí o por terceros, determinados servicios, que considere no esenciales, y que quedarían a disposición del mercado. Y en la consideración de no esencial la imaginación tampoco tiene muchos límites.

    Ciudadanos anda muy ocupado con eso de los pucherazos. Los más famosos son el de Castilla-León, que está judicializado, y el de Cantabria, en donde de una misma dirección IP, salieron 20 votos, cosa posible pero que tiene mala compra. Cuando se disipe la niebla que dejan estos tropiezos veremos al ex vicepresidente de Coca-Cola, Sr. Marcos de Quinto, aplicar su sapiencia empresarial al debate político. Es curioso ver como, aparentemente, los triunfadores del mundo de los negocios quieren conocer también el mundo de la política para intentar triunfar en ella, o decir “no era esto, no era esto” , y continuar sin hacer mucho ruido, o salir discretamente o dando un portazo.

    Ciudadanos tiene un cierto cacao mental, según se comenta se acuesta socialdemócrata y se levanta liberal, y viceversa, pero tiene una ventaja, dentro del partido caben todos y luego Ribera dirá, en cada momento, el camino a seguir. Han aceptado en Navarra, aliándose con UPN, el régimen foral, lo que es plenamente constitucional, pero que lleva aparejado un cupo, del que, de manera suave, podemos decir que está mal calculado, y del que no han dicho nada, cuando desde antes de esta alianza decían mucho, y no bueno precisamente.

    Podemos está, al parecer, en caída libre. La reaparición del líder no fue todo lo exitosa que se suponía. La plaza situada delante del Reina Sofía, no demasiado grande, no se llenó, y alguna cosita como el despido de trabajadores con la mínima indemnización (11 días por año trabajado) que marca la reforma laboral, tan combatida por Podemos, cuando nada impide aumentar esa cantidad, algo tendría que ver. Quedar como Cagancho en Almagro por dos duros es una torpeza de buen tamaño. Predicar y no dar trigo tiene mala venta, y mala compra, y la desunión y la algarabía de siglas tampoco augura nada bueno. Tal vez volvamos a algo parecido a la antigua Izquierda Unida con su puñado de diputados que, según sea la composición del Congreso, pueden tener algún pito que tocar. Podemos perdió su oportunidad, y tal vez no vuelva a tenerla nunca. El fracaso quema, y de esta puede salir abrasado.

    Vox es una incógnita, pero todo augura que tendrá un buen resultado. Por un lado la novedad, y por otro la aparición de una fuerza política que estaba, a falta de unas siglas propias, sumida en otras, y que ahora tienen la oportunidad de aparecer tal cual. No han tenido tiempo para decepcionar y eso es un plus muy importante. Sus escaños pueden ser decisivos, como en Andalucía, para inclinar la balanza electoral. Será muy importante su actuación en esta legislatura para determinar cual será su futuro, y sí se consolidará o pasará a ocupar las últimas filas del Congreso de los Diputados, en donde la oscuridad televisiva no hace presagiar nada bueno. Hasta ahora sus actuaciones públicas , y las de la Junta de Andalucía, no los hacen merecedores a ocupar los primeros puestos de la clase.

    No parece que el optimismo sea el estado de ánimo general con el que se enfocan estas elecciones. Tal vez sea un signo de madurez democrática verlas con el espíritu crítico con el que conviene mirar todas estas cosas, para no llamarse a engaño, y para no tener desengaños.

     

     

     

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