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Terminado, el libro empieza
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Blog Terminado, el libro empieza - María José Barroso Crespo

María José Barroso Crespo

He vivido siempre entre palabras como periodista, documentalista, escritora ocasional y eterna aspirante a bibliotecaria.

Sobre este blog de Cultura

La frase del escritor Carlos Fuentes da título a este blog porque todo lector reinterpreta el libro que tiene entre manos, lo hace suyo y le da nueva vida.


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  • 30
    Septiembre
    2020

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    Cultura libros Lectura leer Alessandro Baricco Irene Vallejo Juan Bonilla

    Una cierta idea del mundo

    La pandemia se está llevando tantas cosas que duele reconocer que una de ellas podría ser el hábito de la lectura. No son pocos los que reconocen en redes sociales que la crisis les está impidiendo abrir un libro tras otro como solían. Los problemas se acumulan, la incertidumbre nos acosa, el futuro parece descolorido y desdibujado. Todo nos desconcentra y parece confabularse para que nuestro viaje lector se detenga a las puertas de la estación, arrastrando una maleta demasiado pesada que nos impide avanzar. Por ello, quizá más que nunca, conviene recordar que los libros nos han ayudado a forjar nuestra idea del mundo, son parte de nuestra historia íntima y personal, y nada de lo que vivimos puede asimilarse sin ellos. Muchos autores lo han entendido así y lo han contado espléndidamente a su manera. Hablamos de tres de ellos: Alessandro Baricco, Juan Bonilla e Irene Vallejo.

    En “Una cierta idea de mundo” el escritor y periodista italiano, Alessandro Baricco, comenta los libros que ha leído en diez años y que ha ido guardando, no por orden alfabético o por tipología, sino según el orden en el que los ha ido abriendo.

    En noches de aburrimiento, te pones a mirar los lomos y, echándole ganas, es como si revivieras fragmentos de tu propia vida, basta dejar que te vuelva la sensación de aquella vez que los tuviste entre las manos; y vuelve, vaya si vuelve”.

    Gracias a este curioso método, Baricco recuerda sin titubear cuáles son los cincuenta mejores libros que ha leído en la última década y a cada uno le dedica un artículo. Esos libros, dice Baricco, “siguen exponiendo una sociedad de placeres pacientes que, silenciosamente, contribuye al desarrollo de la inteligencia y la fantasía colectivas”. Pero hay otra razón importante. En el “gran espectáculo” que vivimos, uno acaba topándose con tecnicismos que enfocan el detalle, pero pierden de vista el conjunto, que es lo que en realidad importa.  

    “Un día se me ocurrió la idea de que, si me ponía a hablar de ellos, de uno en uno, solo de los buenos, sin hacer nada más que eso, de ahí podía surgir una cierta idea de mundo. Con muchas posibilidades de que fuera la mía”.

    Baricco reúne un poco de todo: novelas, ensayos, tebeos, libros recién publicados o libros descatalogados, firmados por autores diversos de todos los tiempos: William Faulkner, Stefan Zweig, William Goldman, Coetzee, Fred Vargas, Elmore Leonard, Mary Beard, Descartes, Truman Capote, Roberto Bolaño, Darwin, Hilary Mantel o Charles Dickens, entre otros.

    Un nombre español destaca en esta lista: Javier Cercas y su “Anatomía de un instante”. Baricco reseña con entusiasmo este “libro genial” sobre el golpe de Estado del 23F donde Cercas encontró el deseado y difícil equilibro entre ficción y realidad. “Son muy pocos los escritores que han encontrado, de verdad, la voz y la mirada adecuadas para observar detenidamente la realidad histórica de las cosas y desnudarla en una narración irrepetible.” Este libro, concluye Baricco, “me ha parecido un modelo, casi la enunciación luminosa de un acercamiento literario a las cosas respetando la realidad pero manteniéndose fiel a la imaginación.”

    Hay tantos modos de convivir con los libros, de experimentar la lectura, como gotas en el océano. Confiesa el escritor Juan Bonilla en “La novela del buscador de libros” la historia de una pasión, un vicio o un deporte: la bibliomanía como una manera de salvar o devolver la vida a algo que tanto amas, la condición de ser bibliómano como una forma de vida.

    “Uno ha encontrado en la búsqueda de libros un modo atenuado de contarse una parcela importante de su vida”.

    Hay libros que no se conforman con ser una lectura, sino que logran alzarse a la condición de “suceso biográfico”, a formar parte de nosotros como un episodio más de lo que va siendo nuestra vida. Bonilla cuenta retazos de su vida unida a los libros, su excelente selección autobiográfica, adquirida sin seguir criterio alguno, y lo mejor es el conjunto de su variopinto relato, siempre ameno, incisivo y divertido. Desde las lecturas obligatorias del instituto hasta su incansable peregrinar de búsqueda por librerías irrepetibles. Una odisea particular donde Bonilla destaca el sabio papel de los libreros de viejo quienes, a través de sus catálogos, ejercen la más demoledora crítica literaria, esa que “castiga a un libro a un precio humillante.” Librerías de viejo, cada vez más escasas, que deberían protegerse como un tesoro nacional.

    El amor por los libros puede ser inmenso como un mundo soñado, atemporal e infinito, aquel infinito que nació de un junco. Irene Vallejo no ha escrito un ensayo, ha creado un milagro. En los últimos meses se ha podido ver la portada de “El infinito en un junco” entre los más vendidos, y eso, para una obra sobre la invención de los libros en el mundo antiguo es un hito de más valor que cualquier premio. La escritora y doctora en Clásicas tiene una pluma elegante y exquisita, movida por una imaginación que le permite recrear, a modo de relato, sucesos históricos y evocar personajes decisivos para la historia de los libros. En el prólogo confiesa que su objetivo fue “continuar la aventura de aquellos cazadores de libros que, al buscar el rastro de todos lo libros como si fueran piezas de un tesoro disperso, estaban poniendo sin saberlo, los cimientos de nuestro mundo.” El resultado de este empeño es una joya bellísima que se lee con el íntimo deseo de que nunca acabe. Como la pasión de leer.

     

    “El libro es, sobre todo,

    un recipiente donde reposa el tiempo.

    Una prodigiosa trampa con la que la inteligencia

    y la sensibilidad humana

    vencieron esa condición efímera, fluyente,

    que llevaba la experiencia del vivir

    hacia la nada del olvido.”

    Emilio Lledó, Los libros y la libertad.

     

     

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