Suscríbete La Nueva España

La Nueva España

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Mazonovo es un espectáculo

Sonidos e imágenes recogidos en el mazo de Santalla protagonizan el proyecto artístico "Incra", ideado por el músico boalés Andrés Rodríguez Monteavaro

Andrés Rodríguez y Xabier Erkizia, durante el trabajo de rodaje y grabación en el mazo de Mazonovo. | | I. NESPEREIRA

"Incra" es la palabra que nombra al yunque en la lengua del Eo-Navia y ahora también bautiza el primer proyecto personal del músico boalés Andrés Rodríguez Monteavaro. Se trata de un espectáculo de música y audiovisual que recoge toda la magia y la fuerza de los sonidos de una ferrería, en concreto la del mazo de Mazonovo, en Santa Eulalia de Oscos, para experimentar con ellos y transformarlos en un potente proyecto artístico. "Incra" se estrenó el pasado octubre en el festival "Curtocircuíto", de Santiago de Compostela, con buena crítica y girará por varios escenarios de fuera y dentro del país a lo largo de 2023.

A sus 31 años, el de Boal, licenciado en Historia e investigador, tiene una larga experiencia musical a su espalda. En la zona se le conoce por su participación en grupos como "Mezá" y "Caldo y Os Rabizos", pero también tiene presencia en el panorama nacional donde acompaña a músicos como Niño de Elche. Precisamente gracias a este último, Rodríguez Monteavaro conoció al productor vasco Xabier Erkizia, al que planteó su idea de "deconstruir" hasta el límite los sonidos de un mazo. Fruto de su interés por la música experimental, el vasco no dudó en enrolarse en esta aventura, que también cuenta con el trabajo del fotógrafo gallego Iván Nespereira, que se ocupa de la imagen del espectáculo, también grabada en Mazonovo.

"Incra" tiene una parte previa de documentación antropológica del oficio del ferreiro y una segunda fase de experimentación con un sonido que al boalés siempre le llamó la atención. Ahí tienen mucho que decir sus raíces familiares en el pueblo de Armal (Boal), que durante años lideró la producción asturiana de clavos. Tanto su abuelo Arsenio como su tío abuelo Gerardo trabajaron en momentos puntuales en la fabricación de clavos, ya que todo el pueblo arrimaba el hombro en los picos de producción. Precisamente de Armal procede el yunque de sesenta kilos que acompaña a Andrés en el espectáculo, un objeto con "una sonoridad brutal" y mucha historia, ya que se lo cedió la familia de Varisto de Ca Dosia, un ferreiro ya fallecido. "A nivel sonoro me llamaba mucho la atención la ferrería, porque hay unas percusiones muy fuertes, unos movimientos rítmicos muy marcados. Tiene una musicalidad muy evidente que, luego, cuando la investigas y la deconstruyes, pues da una cantidad infinita de posibilidades para hacer música experimental", señala el músico.

Además de convencer a Erkizia, Rodríguez Monteavaro hizo lo propio con los ferreiros de Mazonovo, Friedrich Bramsteidl y Paz Prieto, que accedieron a colaborar y a los que agradece la oportunidad que le ofrecieron para convertirse en un "ferreiro experimental". El trabajo se puso en marcha con la documentación y grabación de todos los sonidos del mazo santallés para crear una biblioteca sonora con la que luego experimentar. Por otro lado, el de Boal se ocupó de la parte compositiva, ya que esos sonidos interactúan con la gaita, pero no entendida como un instrumento tradicional, sino que se usa "de forma muy experimental".

Experimentación

"En la gaita me muevo en muchos planos y uno de ellos es la experimentación hasta los límites del sonido y de sus posibilidades sonoras. La gaita no juega un papel melódico, de hecho, si no la ves, prácticamente es irreconocible", precisa el boalés. La tercera pata del espectáculo, de sesenta y cinco minutos de duración, es el trabajo de Nespereira, que crea un cosmos de imágenes donde predominan los tonos oscuros del humo y el carbón, pero también la gama de rojos que procede del fuego de la fragua. "En la vida real asociamos luz con sonido y oscuridad con silencio, pero en la ferrería pasa lo contrario, porque cuando hay oscuridad se está trabajando y cuando hay luz es que está parada", añade Monteavaro. Ambos comparten escenario en "Incra". Monteavaro en el centro, con una mesa "llena de cacharrada", desde samplers a gaitas, pasando por hierros de lo más variado. Y, a un lado, Nespereira, como una especie de DJ audiovisual que va lanzando imágenes que ilustran el trabajo del de Boal.

Cuenta el creador, que el espectáculo, que incluye dos entrevistas con Bramsteidl y Prieto hablando sobre su relación con los elementos de Mazonovo, lleva al espectador a una especie de "trance" sonoro, gracias a la intensidad de los sonidos recogidos en el mazo y después tratados y a su combinación con los "ruidos" que salen de la gaita. "No hay que pensar en un concierto de música, sino que vas a entrar en un trance escuchando todos esos sonidos de trabajo", subraya Monteavaro, quien defiende la base de investigación de la que parte este proyecto, que también en un futuro se convertirá en un disco. Tras tres años de duro trabajo, el de Boal está muy satisfecho con el resultado final, aunque lamenta las pocas oportunidades que el circuito experimental tiene en España.

Compartir el artículo

stats