Para los turistas, Asturias supone un valor seguro. Y resaltan el verde como su color. La región reúne una diversidad de paisajes extraordinaria de Oriente a Occidente, una comida excelsa y una combinación superior de mar y montaña que posibilita el lujo de pasar en un mismo día la mañana en un pico y la tarde en la playa. Para los turistas, Asturias también es, según cuentan, una oferta cultural, festiva y de ocio deslavazada y unas comunicaciones ineficientes, no tanto por la falta de infraestructuras como por su pobre mantenimiento, escasa señalización, ausencia de aparcamientos y carencias en el transporte público. En los estertores de agosto, habrá que tenerlo en cuenta para la siguiente temporada. El turismo ya no es cosa de dos meses, y menos a partir del próximo año con el AVE.

LA NUEVA ESPAÑA lleva dieciséis años sometiendo la región a la reválida de los turistas como colofón al mes de agosto. Los 130 encuestados de este verano emiten hoy en el suplemento dominical su diagnóstico. Aunque la muestra, elegida al azar, carece de pretensiones estadísticas y validez científica, sí tiene el mérito de aportar una visión fresca y espontánea de qué desean, cómo nos perciben y qué critican quienes observan desde lejos, sin ombliguismo, el devenir de esta tierra.

Asturias ha sido una alumna aplicada que ha ido examen a examen subiendo la calificación. La primera nota allá por 2006, cuando ni siquiera existía la autovía del Cantábrico y la oferta de alojamientos no abundaba, fue un 8,48. Ahora no baja del sobresaliente. El asunto no consiste únicamente en sumar turistas para exhibir un número cosmético, sino en generar riqueza. Por cuidar y mantener la buena imagen se comienza.

Difícil parece crecer durante julio y agosto. Esto nunca será Benidorm, ni lo precisa, pero sí cuenta con una ventaja cualitativa singular frente al resto de competidores: en las crisis el «paraíso natural» no pierde atractivo. Goza una suerte de «inmunidad vacacional». El viajero ajusta presupuesto cuando vienen mal dadas, aunque no renuncia a desplazarse rumbo a este Norte. Hasta el punto de que en medio de la pandemia, cuando nadie esperaba nada, miles de personas buscaron el Principado como refugio, y lo abarrotaron. A la puerta de otro susto por la guerra, volvieron a colocar la comunidad en su radar. Si bajan este 2022 los hospedajes rurales es debido a los alucinantes registros de los que venían en los tiempos del covid, cuando cientos de familias alquilaban casas grandes y solitarias para aislarle. La ligera caída la enjuaga con creces el llenazo de los hoteles, en números históricos para el primer tramo de las vacaciones, según certifican los últimos datos disponibles.

El clima siempre resultó para los foráneos el aspecto más incómodo. El transcurrir del calendario acabó por convertir el hándicap en un reclamo. Hasta en eso el viento sopla a favor. Siguiendo las respuestas de los encuestados por este periódico en los últimos tres lustros se constata con claridad la evolución. Hoy son más los que perciben los días nublados y las temperaturas moderadas como ventaja. El cambio abre una ventana de oportunidad para captar otros mercados que habrá de plantearse seriamente en el futuro. La demanda tiende al alza.  

La gastronomía, la experiencia que con mayor agrado recuerdan los visitantes, recoge unánimes elogios. Sorprende en cambio la poca venta institucional del arte culinario como recurso capital que desde aquí se hace, ni que nadie convierta esa conjunción de estrellas en enseña universal, como en el País Vasco. Por el contrario, con 12.000 parados en el sector, varios restaurantes redujeron salones o limitaron la carta al no encontrar camareros y cocineros que contratar. Urge que alguien tome la iniciativa para sentarse a analizar lo que está ocurriendo y a negociar con todas las consecuencias un plan de empleo y formación. Una queja recurrente del foráneo, desde sus primeros testimonios, apunta a las comunicaciones. Por los peajes, por los malos enlaces aéreos, por el abandono del tren, por la desatendida red capilar de carreteras, por la ausencia de indicadores y por la tortura de aparcar en los lugares concurridos. Ahí existe margen de mejora.

Solo caben en el sector políticas transversales, que implican coordinación y diseño conjunto de estrategias sin excluir a los principales protagonistas, los empresarios y profesionales

Asturias goza de credibilidad turística. Lo que la mirada del visitante enseña es que el modelo pasa indefectiblemente por la calidad. Hay que empezar a trabajar hoy en la próxima campaña y afrontarla pensando más allá del verano. Los mismos argumentos que atraen en un periodo concreto se mantienen, para repetir, el resto del año. Abarca el sector un montón de áreas diversas, de la sanidad a las obras públicas, de la cultura al medio ambiente. Solo cabe integrarlo en políticas transversales, nunca parceladas, que implican coordinación y un diseño conjunto de las estrategias, sin excluir a los principales protagonistas, los empresarios y profesionales. El turismo ya no es una anécdota, ni una actividad complementaria, sino un pilar más de la economía. Como tal deberían empezar a tratarlo las administraciones.