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La Nueva España de Siero

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Ricardo Junquera

Con dos corbatas

Disquisiciones sobre la recomendación del Presidente y la tendencia en los códigos de vestimenta

Hace unos días se hizo mediática la recomendación del Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, de no usar corbata; por lo de la calor y el ahorro de energía, que dijo. Me recordó a cuando José Bono, que de aquella era el Presidente del Congreso de Diputados, le dio un tirón de orejas a un correligionario suyo y ministro de algo por presentarse en el Congreso casi en mangas de camisa; que en la cafetería de enfrente lo que quisiera, pero allí el decoro había que guardarlo. Eran otros tiempos, claro. Si Bono siguiera en el mismo sillón no sé lo que diría ahora…

Cierto que el uso de la corbata quizás esté en declive; ahora se lleva más querer aparentar esa sensación de cercanía y desahogo que al parecer ofrece el cuello de la camisa abierto. Sí, puede ser. Al margen de consideraciones energéticas, cada vez tendemos más a lo más cómodo. Ya puestos, lo siguiente puede ser el ir a trabajar en traje de baño y chanclas. Por qué no. Y menos gasto energético; seguro. Aunque no sé lo que opinaría el sector textil sobre el tema. O el sentido común.

Vaya por delante que personalmente me da igual que se use o no corbata y dónde, que cada uno es libre de hacer lo que quiera con su cuello y con lo que de él cuelgue, pero hace más de treinta años decidí ir a trabajar siempre de corbata. Y no se trata, para nada, de seguir el criterio que ya se recogió en alguna resolución judicial, no muy añeja precisamente, acerca de que "es de conocimiento común que determinadas actividades laborales requieren una mínima corrección indumentaria conforme a unas reglas de trato social comúnmente admitidas"; no, no se trata de eso, aunque también. Se trata simplemente de que me dije a mí mismo que mientras siguieran viniendo a la notaría paisaninos y paisaninas a que les preparemos su testamento o a lo que sea, y los veas que te vienen tan arregladinos, quizás con la ropa que usaron para la última celebración familiar y ellas casi parecen recién salidas de la peluquería, a mí no me salía recibirles en mangas de camisa. Así de sencillo, que a tal señor tal honor. Y hasta el día de hoy no he sentido ningún tipo de molestia ni calores ni sofoco alguno por su utilización. Quizás lo contrario, que hay días que al final es la corbata la que acaba sosteniendo la cabeza en su sitio, sí.

Evidentemente la ocurrencia de la corbata no ha tardado en originar multitud de bromas, chistes y chascarrillos, que el ingenio hispánico es rápido y a veces certero. Y además mientras hablamos de estas banalidades no nos fijamos en otros datos más preocupantes, que ahí están.

Y ya puestos a andar por el camino iniciado por la recomendación presidencial, lo que sí tengo claro es que si efectivamente el uso o no de la corbata tiene repercusión sobre el consumo energético, de la misma forma que en épocas de estío y calor se nos recomienda su no utilización, en tiempos de frío y calefacciones se nos debería recomendar el uso no ya de una corbata, sino de dos a la vez y por las mismas razones. Sería lo suyo. A ver si no.

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