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Nacho Cases, maestro del sentimiento de Mareo desde un dron

El centrocampista ideó escuchar el himno en el vestuario antes de cada partido del Sporting B: “No hay nada como jugar en El Molinón”

Nacho Cases utilizó un dron para hacerse la fotografía que acompaña a este reportaje, tomada en la CTO Beach de Larnaca, con las camisetas de sus tres clubes profesionales: Sporting, Volos y AEK Larnaca. | N. C.

Nacho Cases utilizó un dron para hacerse la fotografía que acompaña a este reportaje, tomada en la CTO Beach de Larnaca, con las camisetas de sus tres clubes profesionales: Sporting, Volos y AEK Larnaca. | N. C.

No es un futbolista, es un sportinguista a quien su pasión por los colores le convirtió en ello. En 2010, por la cabeza de Nacho Cases Mora (Gijón, 22-12-1987) pasaba irse al Eibar y hacerse un nombre en Segunda B. Tenía 23 años y la oportunidad de llegar al primer equipo parecía caducarse. Javi Vidales, su entrenador en el filial, le convenció para seguir. Un año más, último intento.

Nacho, formado en Mareo desde benjamines, instaló entonces un aparato de sonido en el vestuario e hizo que se escuchase el himno antes de cada partido. Era una manera de acercar el sueño, un resumen de su forma de vivir el fútbol. “Había que tirar abajo la pared que nos separaba del vestuario del primer equipo”, recuerda. En enero de 2011 no hizo falta que pusiera la música. Llegó al Sporting para quedarse durante siete temporadas.

“No hay nada como jugar en El Molinón”, sintetiza Nacho Cases, romántico hasta para recordar sus inicios en el club rojiblanco. Relata el camino literalmente, repitiendo en su mente los trayectos en el bus municipal tras subirse en la parada de “El Continental”, reviviendo casi cada curva desde Granda a Mareo. “Mi primer partido de rojiblanco fue en el colegio Inmaculada. Metí los tres goles del equipo. Mi padre conserva todavía un vídeo”, apunta. De Chus –quien junto a Ana le trajo al mundo- heredó la pasión por el fútbol.

Exjugador del mejor Camocha y del popular Wynss, para disgusto de Nachín hizo crecer a su único hijo pegándole a balones “duros como piedras, porque decía que así luego le daría más fuerte”. Puede que de ahí salió la habilidad del exrojiblanco por los pases sutiles, por aplicar la inteligencia antes que la potencia. Lo cierto es que tras iniciarse en el Vanguardia, sorteando la edad mínima para federarse, y pasar por el San Eutiquio y el Codema, donde también cursó sus estudios, un paisano picó en el hombro de Chus para preguntarle por el guaje.

“’El Negro’ le dijo a mi padre que me quería en el Sporting. Me apetecía seguir con mis amigos, pero Mareo tira mucho. Luego, algunos de ellos, como Gerardo Carrera o Carlos Díaz, siguieron el mismo camino. Fueron años muy bonitos, sobre todo los días de derbi con el Oviedo”, detalla el gijonés. Centrocampista menudo, pero talentoso, fue subiendo peldaños en la cantera, con un paréntesis en juveniles, año en el que salió cedido al Revillagigedo dirigido por Pablo Monella, con el que ascendió a Liga Nacional.

“Es uno de mis mejores recuerdos de fútbol. Tuve un problema de crecimiento, estuve mucho tiempo parado y necesitaba jugar, tener minutos. Allí salió todo bien”, explica. Nacho se ganó un sitio en el filial, con el que más tarde ascendió a Segunda B. Tras estar a las órdenes de Pepe Acebal y Abelardo, encontrarse con Javi Vidales cambió su carrera. “Él me devolvió la fe y la energía”, asegura. Y de qué manera.

“Dos semanas antes de que debutara en El Sardinero, Vidales le dijo a Preciado: ‘Súbelo, y luego hablamos’. Y Preciado me subió. Ese día me salió un buen entrenamiento. Me quedé. En la vida hay que tener suerte. Yo la he tenido”, detalla el del barrio La Arena. “A la semana siguiente, en un partidillo entre el filial y el primer equipo, marqué. Y de ahí, la conversación en la que Manolo me dice, días antes del partido ante el Racing, que voy a ser titular y que sólo se lo puedo contar a mis padres. Cumplí y jugué. Fue lo más grande”, recuerda, con cierta emoción, Nacho Cases.

El gijonés abrió una etapa en la que “viví momentos tan felices como los de poder jugar con Diego Castro. Es el mejor futbolista con el que he estado”. Destaca aquel triunfo en el Bernabéu ante el Madrid de Mourinho y también “el ascenso del Sporting de los guajes. Fue como una novela con final muy feliz. Ahí se vio mucho esa comunión que iniciamos en el filial con gente como Sergio o Juan Muñiz. Ya no poníamos el himno en el vestuario, como hicimos por primera vez en un viaje a Miranda de Ebro, pero esa esencia seguía”. También reconoce que hubo momentos duros, como “la expulsión en Getafe, el descenso a Segunda o el adiós al Sporting”.

Nacho Cases fue diferente hasta para cerrar su etapa como rojiblanco. Renunció a un año de contrato guiándose, una vez más, por sus sentimientos. “No sentía la motivación de antes. Tras el último partido se lo comuniqué al presidente. Era lo mejor. Intentaron convencerme, pero la decisión estaba tomada”, sentencia. Hombre de inquietudes más allá del fútbol e intenso viajero, el AEK Larnaca chipriota fue su destino en 2017, tras rechazar, entre otras, propuestas del Melbourne Victory, de Australia, y de un club de Japón. A orillas del Mediterráneo ha tenido la oportunidad de disputar la Liga Europa; ganar la Copa y la Supercopa de Chipre y alcanzar dos subcampeonatos de Liga.

Ahora vive tiempos difíciles. Cedido la pasada campaña al Volos griego, donde coincidió con su gran amigo y también exrojiblanco Juan Muñiz, Nacho Cases regresó a Larnaca y le dijeron que no entraba en los planes de la nueva dirección deportiva. “Antes estaban jugadores conocidos en España como Jorge Larena, Acorán, Joan Tomás o Murillo, y con un estilo muy marcado por el míster Imanol Idiakez, nos divertíamos, practicábamos el mejor fútbol del país y los resultados llegaron. Por desgracia, hace un año todo cambió. Se buscó un fútbol más físico y los resultados, por el momento, están siendo peores. Ojalá la situación se revierta. El AEK me ha dado mucho y le tengo un gran aprecio a este club”, apunta. “¿El futuro? Me gustaría mucho jugar en Asia”, desvela quien aspira a nuevas aventuras junto a su mujer y sus dos niños, Nico y Loreto. En unos meses, además, aumentará la familia.

Diplomado en Magisterio en Educación Primaria y diplomado en Educación Infantil, con máster en Psicopedagogía para niños con necesidades especiales, el gijonés –que también estudia Ciencias Políticas- mira de reojo su vida después del fútbol. “Puede cambiar todo dentro de tres meses, pero veo mi futuro orientado a ser profesor, trabajando con niños. El máster me ha marcado. Viviría fuera de Gijón siempre. Dos años en un sitio y tres en otro, pero mi mujer no comparte esa opinión. Es una decisión deberemos tomar más adelante mirando por nuestros hijos”, explica.

Mientras, no se pierde ni un solo partido del Sporting con más gijoneses en los últimos veinte años, al que ve en el camino de conseguir algo grande. “El inicio ha sido inmejorable. Queda la parte más difícil de la temporada, la de posicionarse bien y apretar en las últimas diez jornadas, las más exigente para un equipo joven. Se están haciendo las cosas muy bien. No se puede pedir más al equipo. Cuando no están tan afortunados, tienen el poso para ganar partidos y eso es muy importante. Hubo partidos de muy buen fútbol que hacía tiempo que no se veían”, concluye Nacho Cases, la personificación de un sentimiento, el fútbol al ritmo del himno del Sporting.

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