17 de abril de 2008
17.04.2008

El rito irreverente de Leo Bassi

El actor representó ayer en Oviedo su «Revelación», ante un público entregado que llenó el teatro de Pumarín

17.04.2008 | 02:00
Leo Bassi, en un momento de la representación.

Oviedo

Por el pasillo lateral aparece Leo Bassi haciendo de Benedicto XVI. Poco antes, la megafonía del teatro pone en marcha el espectáculo. El «Papa» regresa de Estados Unidos «a las Asturias». Desde ese momento, comienza a pedir perdón; perdón por muchos asuntos de actualidad y perdón por el papel de la Iglesia en la guerra civil española. Es el comienzo de «La Revelación», el espectáculo que ayer presentó Leo Bassi en el teatro Escuela de Pumarín de Oviedo, cuyo aforo completó, dentro de los actos de la Semana de la República.

En estos primeros pasos de la obra ya asoman los primeros vivas a la República, un primer palo a Bush por la guerra de Irak... Aún en el papel de Papa, concluye: «Hice el viaje equivocado, por eso he vuelto», dice este Benedicto XVI respecto a su visita papal a EE UU. Posteriormente, prosigue el show Leo Bassi aconsejando un nuevo cambio de estrategia de la Iglesia para reclutar más jóvenes, ante, dice, sólo «un 12% que van a misa». Por lo que se le da la vuelta a la cruz, que manda durante toda la sesión en una esquina del escenario. En la otra cara del símbolo aparecen luces de neón, que rápido son acompañadas por música disco y un potente baile papal al modo «Fiebre del sábado noche», o así. El «Pontífice» tapa su sudada bailonga con una capa roja estilo Ferrari. Fin de la primera parte. El actor y showman, «payaso», como se define, se dirige a la concurrencia para contar algo importante: «Los ocho minutos» que ocuparon el número relatado anteriormente, «ocho putos minutos», sentencia, fueron los que han levantado el escándalo de la «Revelación», señala el actor, muy cabreado. A partir de ahí, Bassi, ya sin túnica papal, inicia un larguísimo monólogo, sentado al lado de la cruz, con momentos en los que levanta la carcajada del público con chistes más o menos bien rematados, otros en los que viaja por mundos filosóficos y algunos en los que combina ambos extremos. Para animar el comienzo, advierte que quiere hacer perder la fe, y matiza que si un payaso como él es capaz de acabar con ella, «vaya mierda de fe»; hace «un sondeo de ateísmo» a viva voz («permito a los agnóstico», dice) y desde ese instante inicia un largo monólogo sobre Historia Sagrada, la Biblia y el pecado original. Hay momentos de altas carcajadas, cuando se pregunta cómo es que toda la humanidad cayó sobre Adán «con 21 años». Frases para explicar por qué estamos en pecado (por ahí aparecen Rajoy y Aznar), momentos de fina ironía («abro la Biblia y veo Génesis; me digo: el grupo musical»). También tiene un largo espacio para el tabú sexual (mucha ración genital masculina), pasea por la travesía del desierto y la tierra prometida («40 años de espera, para la eternidad de Dios es una siesta», ironiza) y concluye en una exhibición circense, manejando un piano con sus pies y mostrando un testículo.

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