La Nueva España
La columna del lector

Adrián, el niño vejado

28.10.2016 | 03:36

Los que no militamos en el animalismo y aborrecemos la crueldad y la inhumanidad de esos seres que dicen amar tanto a los animales, y la mayoría de ellos no son vegetarianos, comen normal, carne y pescado porque es bueno, y sabido es que la carne la piden de cordero y no de lobo, no podemos aceptar el linchamiento del niño de 8 años Adrián, que padece un sarcoma de Ewing, un cáncer de huesos. Afectado en zonas blandas de su cuerpo, Adrián Hinojosa está calvo por la quimioterapia y vive gracias a la ilusión y la esperanza de ser torero. Él sigue luchando por su vida, no se rinde, y el pasado 8 de octubre, a las cinco de la tarde, un grupo de toreros organizaron una corrida, torearon para él en la plaza de toros de Valencia, en un festival benéfico con siete mil personas aplaudiendo al pequeño Adrián, que hizo el paseíllo con los grandes diestros que al final le sacaron en hombros. Toda la plaza estuvo en pie aplaudiendo al niño Adrián, que veía cumplida una parte de sus sueños: la de ser torero. Pero si el mundo se estremeció con la devastadora fotografía que dio la vuelta al mundo del pequeño Aylan, el niño sirio ahogado a orillas de una playa de Turquía, también estremecen al mundo los mensajes que publicaron en las redes sociales los animalistas antitaurinos deseando lo peor al pequeño Adrián, grupo de incultos, ineptos que llenan internet de violencia, con el linchamiento de un niño enfermo de cáncer que quiere ser torero. Como la antitaurina Aizpea Etxezarraga, que escribe: "Yo no voy a ser políticamente correcta. Qué va. Que se muera ya. Un niño enfermo que quiere curarse para matar a herbívoros inocentes y sanos que también quieren vivir. ¡Anda yaaa! Adrián, vas a morir". Creo que no se puede expresar con más claridad lo que resopla aliviada esta bestia humana, es un delito público de odio recogido en nuestro Código Penal, que no debería quedar impune. Considero que no es normal que en pleno siglo XXI nos sigamos encontrando con ofensas incalificables como las proferidas contra Adrián, el niño enfermo de cáncer que quiere ser torero.

Aborrecemos la crueldad y la inhumanidad de los animalistas que peligrosamente están dolorizando la política y pienso que es muy grave.

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