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Ana María


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  • 01
    Mayo
    2019

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    Oviedo asturias

    Las 10 adicciones más raras del mundo

    Comportamientos inusuales, frikis o insospechados. Estos son solo algunos de los calificativos que reciben las estrambóticas adicciones que desarrollan algunas personas, para asombro del resto.

    Las que poco tienen que ver con aficiones y necesidades “al uso”, pronto se convierten en auténticas adicciones, para estupor de propios y extraños, si bien  en  ocasiones  quienes las desarrollan se ocupan también de ocultarlas.

    Las 10 adicciones más raras del mundo

    Toma asiento porque es más que probable que algunas de las adicciones más raras del mundo te dejen temblando:

    1. Beber gasolina. Sí, sí, como si de un coche se tratase. Esto es lo que hace una británica de nombre Shannon, quien a diario se pone en marcha con hasta 12 cucharaditas de gasolina. Ahora bien, ¡no le vale cualquiera! Lo suyo es la sin plomo 95. Emoción al comienzo y ardor en la parte posterior de la garganta después, es lo que experimenta  una joven que no tiene entre sus propósitos el de renunciar a tan estimulante bebida.

     

    1. Comer piedras. Un poco duras pero sabrosas. Esto es lo que debe pensar Pakkirappa, un hombre indio que lleva degustando tan particular manjar desde la edad de 10 años. Por su parte, Teresa Widener, comparte esta misma afición desde hace 2 décadas, si bien ella se decanta por las que ya están picadas o en adoquines.

     

    1. Hacer de los muñecos su vida. Esto es precisamente lo que decidió Marilyn Mansfield, que se preocupa por sus muñecos tanto como si fueran sus hijos. Su obsesión, que comenzó cuando era una niña, llega hasta el punto de sacarlos a  pasear por las calles.

     

     Ahora bien, si hay alguien que la comprende esa es April Brucker, una ventrílocua que no dudó en romper con su prometido cuando este último le dio el siguiente ultimátum “Tus siete muñecos o yo”.  La prueba evidente de que hay preguntas que no deben formularse.

     

    1. Asistir a los funerales de desconocidos. Desde la muerte de su padre, en 1983, el brasileño Luis Squarisi se siente fuertemente inclinado a asistir a todo funeral que se celebre, aunque no conozca al fallecido en cuestión. Para ello, cada mañana repite el mismo ritual. Enciende la radio y escucha si alguien ha muerto. Si no es así, telefonea a hospitales y tanatorios.

     

    1. Ingerir papel higiénico. No es la única que ha sucumbido a ella, pero sí constituye un buen ejemplo de esta adicción. Jade Sylvester, una inglesa que comenzó a comer papel del wáter durante su embarazo, ingiere en la actualidad un rollo  al día. Lo que en su momento comenzara como un raro antojo, ahora causa revuelo a su alrededor.

     

    1. Adorar secadores de pelo. No se trata de una nueva religión, aunque Lory es una mujer que se jacta de sentir “amor a primera vista” por tan cotidianos accesorios. Con ellos duerme, ve la televisión y lleva a cabo un sinfín de actividades. Aunque esta manía le ha producido alguna que otra quemadura, en ningún caso está dispuesta a abandonar a unos compañeros cuyo sonido le sugiere tranquilidad.

     

    1. Comer goma-espuma de almohadas y sofás. A la edad de 10 años Adele comenzó a ingerir la goma espuma de los sofás. Hoy es una mujer que se manifiesta incapaz de dejar de hacerlo, habiendo llegado en ocasiones a deglutir una almohada al día. Idéntico comportamiento exhibe Vicky, quien desarrolló esta adicción desde que se quedó embarazada, en el año 2011.

     

    1. Degustar cenizas, ¡hasta de los difuntos! Blanca es una mujer estadounidense que llega a pagar a bares y restaurantes de su zona para que le entreguen en una bolsita los restos de cigarrillos de sus clientes. ¡Y eso que no es fumadora! Pero si creías que con esto ya lo habías visto todo, la afición de Casie puede que te cause estupefacción, pues esta fémina de 26 años es adicta ¡a comer las cenizas de su difunto esposo!

     

    1. Oler chicles masticados. Mientras que el común de los mortales odiamos encontrar por doquier chicles masticados, Ryan adora el aroma de estas gomas que previamente han masticado otras personas. Su adicción lo lleva a despegar chicles ajenos de mesas, bancos o cualquier otro lugar, para meterlos en una bolsa y deleitarse oliéndolos una y otra vez.

     

    1. Ingerir cabellos. Este hábito se denomina tricotilomanía y consiste en el irresistible y recurrente acto de arrancarse el propio cabello o los vellos de distintas zonas del cuerpo, con la intención de ingerirlos. Entre quienes lo han desarrollado se encuentra Haley, una chica que disfruta arrancando su pelo para llevárselo a la boca y comerlo. Es frecuente que estas personas acaben por exhibir auténticas calvas en diversas zonas de  sus cuerpos.

    ¿Conocías estas aficiones? ¿Te han sorprendido? ¿Las consideras peligrosas? ¿Compartirías algunas de ellas?

    Fuente: https://tiposdedrogas.online/

     

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