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  • El juicio.

    Que el ex Ministro del Interior, Sr. Zoido, no era ni Cicerón ni el Cid Campeador se presentía, con fundadas razones, pero ahora ha disipado todas las dudas que pudiera haber. Su declaración ante el Tribunal Supremo ha sido antológica: nada por aquí, nada por allá y todo por acullá, por donde aparecían sus subordinados que, por cierto, algunos, también se la traen. Es de suponer que el Sr. Zoido vuelva a sus menesteres habituales, visto que en su papel de Ministro la diosa Fortuna le ha sido esquiva.

    Algo menos deslucida, pero no demasiado, han sido las declaraciones de Dña. Soraya Sáenz de Santamaría y de D. Mariano Rajoy. Con más tablas que su Ministro, y más alejados del lugar de la melee, han echado balones fuera con más solvencia: estaban fuera del ring y tenían a mucha gente que llevarse por delante. Tampoco fueron muy útiles para conocer los intríngulis del asunto, pero consiguieron lo que al parecer se proponían: salir mal que bien del apuro.

    La mezcla de indecisión, temor, incompetencia, desconocimiento del medio, mal trato a sus subordinados y un sinfín de virtudes de las que han hecho gala los encargados de cumplir y hacer cumplir la Constitución no promete nada bueno para el futuro. Solamente hace falta una crisis económica para que la cosa se ponga chunga. Bueno, dicen que Dios aprieta pero no ahoga, y esperemos que la cosa se quede ahí. Lo que ocurre es que hay que esperar que no apriete demasiado.

    Un conocido político, gran conocedor del alma humana, que nos dejó recientemente, decía que la época de los héroes ya había pasado, que ya no quedaban aquellos que ,ante una ocasión comprometida daban un paso adelante diciendo “aquí estoy he sido yo, pasa algo”. Pues ya no quedan, su época pasó y ahora tenemos lo visto estos días atrás, que no deja mucho lugar para el optimismo como país.

    Como , al parecer, estamos faltos de gente que de una imagen de solvencia y de conocimiento, en el desempeño de su trabajo, acabaremos descubriendo en el Juez Marchena a la figura del “ process”. Tenía un buen reto por delante y de momento lo está haciendo, o parece que lo está haciendo, con conocimiento, puño de hierro en guante de seda y autoridad, lo que no es una mala mezcla.

    En estos días hemos visto tránsfugas, de alto nivel, que cambian de partido cuando otean que les puede ir mejor en otro, condenadas por asesinato que, una vez cumplida la pena-faltaría más- se presentan como candidatas a representarnos, lo que abre un interesante debate sobre las listas cerradas y bloqueadas, y también a negras literarias que, previo cambio de partido, y van dos, tendrán un buen puesto en su, por el momento, penúltima opción.

    La ejemplaridad de nuestra clase política, en lo de asumir responsabilidades, también deja mucho que desear en cuanto al cumplimiento de sus obligaciones fiscales. Cualquiera con dos vivienda crea una sociedad y a optimizar fiscalmente, que dicen. Claro está que la Ley está ahí para todos y sí es legal la constitución de una sociedad, sin trampa por supuesto, lo que no es siempre el caso, será legal para todos, y quien no la haga tendrá el problema de pagar más a cambio de nada. Y cuando todo quisqui tenga una sociedad, es decir cuando se hayan democratizado, y caiga la recaudación, cambiará también la Ley, y a volver a pagar los de siempre. Hay cosas que son solamente para ricos, y cuando se vulgarizan pierden su razón de ser

     

     

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