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  • Presente y futuro incierto.

    La situación que vivimos pone de relieve las carencias, de todo tipo, que nuestra clase dirigente, un día sí y otro también, nos muestra. Un ejemplo: el Sr. Cosidó, Presidente del Grupo Popular en el Senado, manda un wasap a cada uno de los miembros de su Grupo, unos 146, en el que hacia consideraciones sobre el Poder Judicial y el Tribunal Supremo que, cómo se decía antes, harían sonrojar a un carretero. El wasap ha tenido la virtud de dinamitar el pacto sobre la composición del Consejo General del Poder Judicial y de paso la renuncia del llamado a presidirlo. El método elegido para cargarse el acuerdo, la filtración de un wasap enviado a 146 personas, revela un conocimiento profundo sobre la condición humana. No se sabe cuántos Senadores han sido los autores de la filtración, aunque los más optimistas dirán que había un solo Judas y los más pesimistas que había menos de 147. En el más que improbable caso de que los 146 Senadores guardasen el secreto había pensados, es un suponer, algunos métodos alternativos para que la cosa funcionara.

    Y es que los tiempos cambian: han aparecido nuevos partidos, las redes sociales ahí están, cosas que antes permanecían en el arcano ahora se conocen, y la opinión pública está presente cada vez más en la toma de decisiones de los gurús de los partidos políticos, y los pactos, que hace poco eran cuestión entre algunos, ahora son más difíciles de llevar a término sin la participación de los afectados.

    El Sr. Cosidó está acostumbrado a las grandes cifras: 60 policías, y el chófer personal del Sr.   Bárcenas, ganado para la causa por unos cuantos miles de euros y un puesto en la Policía Nacional, estaban dedicados, según lo que ha trascendido a la opinión pública, a buscarle las entretelas al ya mentado Sr. Bárcenas. Parece ser que encontraron algo, ya que el Sr. Bárcenas a pesar de sus esfuerzos, sabía con quien se jugaba los cuartos, no pudo hacer una limpieza a lo Mr. Proper, como era su deseo.

    ¿Y ahora qué? Pues es posible que el Sr. Cosidó se agarre al escaño, para evitar que algún juez de la Audiencia Nacional, que tenga la intención de ver lo que pasa, pueda hacer su trabajo. El aforamiento gusta mucho a los aforados, y va siendo hora de que se elimine, o bien que se limite a asuntos relacionados con el desempeño del puesto. De todos modos para el Sr. Cosidó, que ha prestado grandes servicios a su partido, no parece que el futuro sea un motivo de preocupación.

    En el otro lado un Gobierno que fue recibido, hace pocos meses, con expectación ha dilapidado, en buena parte, su capital político. Desde la figura de un Presidente, muy amante de los aviones públicos y que está más que sobrado de ego, hasta las declaraciones de bienes maquilladas y la multa por información privilegiada, pasando por las optimizaciones fiscales de algunos ministros, ideadas para pagar menos, unido todo ello a un Brexit confuso, no dejan de aparecer continuamente algunas noticas preocupantes. Entre ellas está que el BCE dejará, en enero, de comprar deuda y de prestar sin límite, y sin interés, y eso para un país con una deuda del 100% de su PIB es algo más que preocupante. Italia, que tiene una situación de deuda peor que la nuestra -133,10% del PIB en el segundo trimestre de 2018- , ya se ha amigado con la UE, después de unos caracoleos, para animar a los fieles,  entrando al final por el aro.

    Las riadas, tormentas y temporales, que nos han asolado en los últimos meses, vuelven a poner de manifiesto la falta de planificación territorial, ya clásica en nuestro país. Ver hospitales, urbanizaciones, carreteras, líneas férreas, autovías y polígonos industriales en zonas inundables en un país, grande y despoblado, como el nuestro, junto con la falta de mantenimiento de cauces, y torrenteras, revela que algo no se está haciendo bien.

    No se le puede pedir mucho, en materia de planificación medioambiental, a un Gobierno acuciado por muchas cuestiones, y sin que se sepa cuanto durará, pero planificar, y dar a conocer la planificación, no cuesta demasiado y da la sensación y algo más que la sensación, de que hay alguien ahí, al mando de una nave que necesita de pilotos expertos. Pero esos pilotos expertos no se ven por ninguna parte. 

     

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