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POESÍA DESBOCADA
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Blog POESÍA DESBOCADA - Lauren García

Lauren García

Letraherido ferviente de sangre y castigo.

Sobre este blog de Cultura

Este espacio aboga por la inmediatez de la poesía y la literatura. Una apuesta por la creación poética como parte inherente del mundo; la propiedad insalvable de la voz en esencia pura e incorruptible.


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  • 19
    Mayo
    2018

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    Cultura Oviedo

    EL TACTO MUSICAL DE GEMA FERNÁNDEZ

    La cadencia femenina de Gema Fernández se destila tanto en la literatura como en la música, profesiones de cercano parentesco y entusiastas encuentros. De este modo es posible contemplarla recitando poemas con una guitarra inquebrantable por testigo en el dúo "Silvidos y Gemidos", que forma junto a Sil, su hermana. Los versos de Gema Fernández toman asiento en el mundo desde una intimidad que termina por volcarse en el exterior. La palabra como arma verdadera para adentrarse en el libre discurrir del calendario. Sentir con el corazón caliente para escribir con el resguardo del frío. Una nota musical arrebatadora.

     

    DOMINGOS

     

    Va a ser eso,

    que la melancolía

    se parece bastante

    a una ciudad sin cines,

    una cama vacía

    o un domingo de invierno

     

    y por eso ahí estábamos,

    retando a la tristeza

    como dos desertores

    de la nostalgia,

    con un horizonte cóncavo

    y un futuro convexo

    sobrevolando el

    perímetro

    de nuestras cabezas,

     

    ahí,

    donde corría el vino

    y las alas colgaban

    del perchero,

    donde nunca hizo

    falta

    limpiarse en el felpudo

    los zapatos,

     

    estábamos

     

    inmensos en nuestra

    delicada insignificancia,

    demostrándonos ciertos

    como la omnipresencia

    de la duda,

    como la geometría

    del silencio,

    monstruosamente bellos,

    incalculablemente bellos,

    incalculablemente

    exactos,

     

    tú y yo

    verificando a tientas

    los restos de una

    hipótesis

    que nos brotaba urgente

    a la altura del pecho,

    como si nada,

    como si ahogara su

    salinidad

    el feroz oleaje

    en la tibia dulzura de tus costas,

     

    como si aire, huracán,

    como si océano,

    tierra surcada,

    piel,

    músculo, esqueleto,

     

    ahí estábamos

    remando sin parar

    contracorriente,

    buscando en el sofá

    un nuevo continente

    que nos brindara espacio

    para ignorar la pérdida

    de rumbo,

    temblando de coraje,

    robándole minutos al

    metraje

    de ese mutismo a gritos

    que latía sin ritmo

    bajo los fotogramas

    del abrazo,

    de esa alegría triste

    por momentos,

    de ese ataque de risa

    por la espalda,

    de ese saber callar

    para decirlo todo

    con los ojos,

     

    ahí estábamos, sí,

    dos salvajes domésticos

    con anciana inocencia

    creyéndonos resolutores

    del teorema humano

    de la vida,

     

    )estábamos... y no,

    en el cenit exacto

    donde empieza y termina

    una semana.

     

    ¡Y éramos únicos!

    ¡Irrepetibles e

    incongruentes!

    ¡Libres y jodidamente

    hermosos!

     

    A veces me pregunto

    qué hacen para sobrevivir

    nuestros domindos

     

    cuando se quedan solos.

     

    AQUÍ

     

    Se equivocan las calles

    escarchadas,

    la brisa derretida

    en el desierto,

     

    por dentro estamos

    llenos

    de perfume de olvido,

    algodones de azúcar,

    gladiolos de papel

    y zumo de grosellas.

     

    Aquí en Morondava,

    San Petesburgo,

    Bora Bora, Viena...

     

    Nos abrazamos varias

    veces

    al día

    unos a otros,

    nos ceñimos con fuerza

    la osamenta,

    nos sostenemos

    entre los antebrazos

    las débiles fachadas

    mientras se nos

    derrumban,

    disimuladamente,

    todos los ministerios

    viscerales

     

    Aquí en Alepo, Saná,

    Berlín, Dakar,

    Chicago...

     

    Nos hurgamos la herida

    con ritualismo atávico,

    hundimos en las llagas

    los nudillos,

    aceptamos resignados

    el trance burocrático

    de la flagelación,

    el pago obligatorio

    de un peaje vital

    que nos recuerde

    siempre

    lo que cuesta dolernos

    las fronteras...

     

    y nos desalambramos

    las reservas

    cuando nos adentramos,

    sin pases metafísicos

    ni permiso ontológico,

    en el alma del otro

     

    Aquí, en Medellín, en Saô Paulo,

    en Buenos Aires, en Santiago de Chile,

    en Tanzania...

     

    somos oxígeno

    incondicional

    frente al aire

    acondicionado

    de los taxis,

    los centros comerciales

    y las salas de espera

    de los tanatorios,

    tenemos clavicordios

    al borde de labios

    y un frágil soliloquio

    semidesafinado

    con múltiples acordes

    invadiendo la lengua

    disconforme.

     

    Susurramos:

    "cabrones, cabrones,

    cabrones...

    sabemos quiénes sois los carceleros

    y dónde están las llaves,

    matarile, matarile,

    mata... y ríe"

     

    Aquí, en Moscú, Venecia,

    Nueva York, Chang Mai,

    Heraclión...

     

    A veces, muchas veces,

    nos queremos A VIDA,

    y a la muerte le robamos

    el copyright exacto

    de dicha frase hecha,

    nos amamos las carnes,

    las presentes ausencias,

    evadimos lo impuesto,

    invadimos la nada,

     

    y entonces, como magia,

    en el fondo abisal

    de los dos ojos

    acaban derramándose

    acuarios virtuales

    de colores,

    el mundo es una raspa de pescado

    entre los jugos gástricos

    de un gato montañés

    y existe una poética perfecta

    en la desolación de los estercoleros

     

    Y todo es bello...

    absurdo y trágicamente bello,

     

    Aquí, en Kinsasa en Tokio,

    en Hon Kong, en Bali,

    en Nueva Delhi

     

    "A mí los que me importan

    son LOS DE AQUÍ"

     

    Puedo oír a lo lejos

     

    y un sentimiento adverso

    me invade los adverbios,

    me descoloca el suelo

    y entonces me pregunto

    si mi lugar, aquí,

    será tan diferente

    del "aquí" del vecino

    y a cuál de los 7.229.916.048

    de los "aquí" que existen individualmente

    en ti, en mí,

    o en ellos

    se refiere,

     

    si la territorialidad

    se nos ha transferido

    por algún poder geo-divino,

    una alquimia milenaria

    que desconozco,

     

    Si puede ser localista

    la humanidad, la empatía,

    la solidaridad,

     

    si no lloramos igual,

    nos reímos igual,

    no hacemos el amor

    en todos los "aquí"

    que encierra la sintáctica

    ....

    y termino entendiendo

    que el verdadero amor

    es un pétalo etéreo

    colisionando al fin

    contra el cristal diáfano

    de una ventana

     

    y el resto de la flor,

    desnuda de corola,

    sintiendo en la distancia

     

    el mismo impacto.

     

    GEMA FERNÁNDEZ- "LA ETERNIDAD TIENE LOS DÍAS CONTADOS"- TORREMOZAS, 2017

     

     

     

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