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Susana Moll Sarasola

Soy cantautora y madre de dos hijos.

Sobre este blog de Sociedad

En este espacio me gustaría tratar temas de diversa índole. Me interesan tantas cosas!


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  • 16
    Febrero
    2019

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    SOCIEDAD Oviedo

    Te buscaré en el silencio

    Te buscaré en el silencio

    Querida amiga. Estás dejando este mundo y yo estoy lejos, demasiado lejos. Como esas casitas que se ven diminutas desde la ventanilla del avión. Ahora eres tú la que me sobrevuela y yo te veo pasar dejando un hermoso rastro de purpurina en el cielo. Una mariposa de alas brillantes atravesando el universo.

    Siempre fuiste mucho más fuerte que yo y por eso sé que ahora no es nada fácil. Las personas fuertes detestan compartir su sufrimiento. Consuela ver que estás maravillosamente acompañada, rodeada de los tuyos y saber que estás bien atendida. Nos tienes a todos contigo manteniendo el aliento, pendientes de cualquier noticia. 

    A ratos te imagino dormida, acurrucada en la cama, en el mismo cuarto en el que te vi la última vez. Me recordó tanto a tu habitación del instituto... Parece que la primavera se asoma al mediodía; con la ventana abierta se escucha el canto de los pájaros y los rayos del sol iluminan toda la habitación, como en Ftan. 

    Lo siento pero por más positiva que trate de ser no entiendo por qué el destino te deparó algo así. No puedo evitar sentir que tu muerte es una enorme injusticia. Ya sé que es absurdo siquiera pensar en esos términos. Es evidente que la justicia es sólo un concepto que inventamos los seres humanos y a veces ni siquiera sabemos cómo emplearlo. Pero no puedo evitar sentir lo que siento: No es justo, tú no te merecías esto. Nadie lo merece pero tú menos que nadie. 

    Leí decenas de artículos sobre la curación del cáncer y tuve la esperanza de que los avances te alcanzarían. Pero no ha sido así. Dicen más de lo que en realidad pueden hacer. Y me pregunto por qué demonios anuncian cosas que luego no pueden proporcionar a la gente.

    Lo que es evidente es que cada cáncer es un viaje distinto. El tuyo te dio una tregua de tres años en los que pudiste estar con tus niños, viajar y hasta enamorarte. Eso es lo mejor de la historia; cómo supiste aprovechar el tiempo a pesar de saber que no había cura posible. Es admirable, eres admirable.  

    Me siento muy honrada de ser tu amiga y de haber sido testigo de tu existencia. Y pienso seguir hablándote y escribiéndote estés donde estés porque para mí siempre estarás ahí.   

    El día de tu fiesta de despedida, sólo a ti se te ocurre hacer una fiesta para despedirte de todo el mundo con karaoke, vino y paella (por cierto, qué bien lo pasamos), me dijiste que ahora que te encontrabas peor no querías convertirte en una quejica. Muy propio suyo, pensé. Como cuando tiempo atrás soltaste que no querías darte quimio para no suponer un gasto extra a tu país y yo te dije, pero si tienes la suerte de vivir en un país como Suiza, aprovéchalo! Algo así sólo podía salir de un cerebro solidario y consciente, a veces excesivamente racional y práctico como el tuyo.

    Recuerdo ese primer día lavándonos los dientes en el baño del instituto. Teníamos catorce y quince años. Tú dijiste que me los lavaba mal y yo dejé que me enseñaras esa y otras muchas cosas. Y desde ese momento hasta ahora te he sentido como a una hermana mayor.

    Si te soy sincera no estoy preparada para dejarte partir aunque me pregunto si alguien está preparado en algún momento para soltar a un ser querido. Simplemente hay que hacerlo porque no queda otra. Y tengo tantas dudas. Es la putada de no creer en las historias de la iglesia. Ojalá me las hubiera creído todas. Pero a nosotras nunca nos convencieron los dogmas de fe. Somos más de cuestionarlo todo y de darle una y mil vueltas a las cosas. Y más ahora que ha salido a la luz que la iglesia está completamente podrida por dentro. 

    Nunca olvidaré cómo preguntabas en clase; segura de ti misma, sonriente y con esa voz de soprano ligera.

    ¿Cómo se llamaba aquel profesor que no dejaba de mover la nariz? Me ponía muy nerviosa. ¡Herr Lorenz! Aquel tic le hacía parecer eternamente resfriado. Me fijé que se relajaba cuando te escuchaba argumentar sobre el eje del texto que analizábamos. Te admiraba estupefacto; una mezcla entre celoso y a la vez sorprendido de tener frente a si a una alumna tan brillante. Eras y eres brillante, una gran inspiración para cualquiera. 

    La oruga muere para convertirse en mariposa. La oruga en cuestión se libera del cuerpo y se transforma. Te lo estaba leyendo y me resultaba odioso. Y no pude evitar sonreir cuando tras observar tu cuerpo dijiste con resignación: "Sí, Sus, ahora mismo me siento como un gusano". Cerré el libro y seguimos hablando de otra cosa. Lo único que cuenta es la energía de quienes están contigo y te aman. A veces es mejor no decir nada, permanecer en silencio, sólo estar.

    Aún así, cuando todo esto se pase te buscaré. Te buscaré en cada viaje, en las callejuelas de Barcelona, en las flores y montañas de Ftan. Te buscaré en el silencio pero también en la música que tanto adoras, en las canciones que escuchamos juntas; canciones del Último de la fila y de Supertrump.

     

     

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