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Pablo González

En territorio comanche

Pablo González

La opinión del día sobre el Sporting: Subcontratar la felicidad

El plan del consejo rojiblanco para reducir los costes de la estructura de la entidad y la necesidad de los goles de Djuka

Gallego, sentado sobre un balón, en Mareo

Gallego, sentado sobre un balón, en Mareo Ángel González

La propiedad del Sporting lleva tiempo trabajando en la reducción de los costes de la estructura del club. De ahí que hayan aparecido en la vida rojiblanca las subcontratas. Como ocurre con la privatización de los servicios públicos, habrá quien piense lo mismo y lo contrario: unos que se ahorra y otros que se precariza todo. Doctores tiene la iglesia que, si tienen a bien, explicarán en diciembre los beneficios de la operación a los accionistas.

En principio, lo único que no se puede subcontratar son los servicios esenciales. ¿Pero qué son servicios esenciales en el fútbol? En realidad, por una vía o por otra, el fútbol es una empresa en la que casi todo está subcontratado. El control económico lo ejerce LaLiga, al igual que la búsqueda de grandes patrocinadores. Incluso Tebas recomienda a sus “amigos” a qué ejecutivos incorporar para tal o cual parcela.

¿Y los fichajes? No hace falta ser muy explícito para explicar cómo funciona lo del “vende, trae y lleva”. Hace mucho tiempo que los clubes (o quizás sea al revés) tienen a su servicio a agencias de representación de su confianza, cada una de ellas con su catálogo de “productos”. Y es ahí donde unos y otros buscan lo que necesitan. Así de claro, así de crudo.

Sólo quedaría por subcontratar la gestión no deportiva, lo que viene siendo el consejo de administración y satélites. Habría que consultar bibliografía al respecto de cómo ha funcionado esta vía en otras latitudes

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Sólo quedaría por subcontratar la gestión no deportiva, lo que viene siendo el consejo de administración y satélites. Habría que consultar bibliografía al respecto de cómo ha funcionado esta vía en otras latitudes. Lo único que no se puede externalizar es el gol, que en el Sporting está en manos de un solo trabajador. Sin los chicharros del “23” la felicidad rojiblanca se precariza. Y eso sí que es imposible subcontratar.

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