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Maribel Lugilde

Las chicas de las telas

El futuro de la plaza de toros de Gijón y la evocación de la Bauhaus

En 1919 Europa estaba consternada por el horror de la Gran Guerra; parecía conjurada en un "nunca más" que pronto se estrelló contra otra pesadilla bélica. Pero, mientras tanto, surgió un tiempo de libertades y sincera creencia en el cambio de rumbo de la humanidad, cuyo espíritu aún perdura. Uno de los emblemas de ese periodo fue la escuela alemana de la Bauhaus.

Algunos de sus alumnos acudieron a las primeras sesiones de taller, a falta de otra ropa, con indumentaria militar de la finalizada contienda; algunos serían víctimas de la siguiente. Pero los catorce años de vida de la escuela fueron suficiente paréntesis para proponer otra manera de formarse, idear y crear objetos y espacios para la comodidad y felicidad de las personas.

Walter Gropius, ideólogo y primer director de la escuela, con sede inicial en Weimar, lo recogió en un manifiesto histórico que llamaba a aunar arte, artesanía y arquitectura al servicio de lo útil. Existen numerosos ejemplos de diseños surgidos de aquellos talleres (mobiliario, accesorios de hogar, tejidos, arquitectura…) que son clásicos actuales. Pero una innovación que pasó más desapercibida fue la del modelo de aprendizaje.

La Formación Profesional que conocemos está emparentada con aquel planteamiento teórico-práctico que partía de solucionar problemas concretos, cotidianos de las personas. Y asumir el reto de forma aparentemente precoz, cuando las destrezas aún no habían sido adquiridas: aprender haciendo, con el acompañamiento de maestros. Hoy lo llamaríamos formación por proyectos o por retos. La LOMLOE la lleva a la educación obligatoria a través de las denominadas "situaciones de aprendizaje". No es nuevo.

Pero volvamos a 1919, primer año de la Bauhaus y también del derecho reconocido a voto para las mujeres en Alemania. La historia de ellas en la escuela merece ser rescatada. Se las dejó estar, entusiasmadas, capitaneadas por Gunta Stölz pero sutilmente arrinconadas en el taller textil. Las llamaban “las chicas de las telas”. Luego destacaron en pintura, fotografía, diseño industrial... Ofrecieron una lección extra acerca del talento: no entiende de sexos, simplemente se pierde si se subestima.

El nazismo apisonó personas y proyectos pero no pudo borrar la historia. La UE ha rescatado aquel espíritu para su programa "Nueva Bauhaus Europea", gracias al cual podrían llegar a Gijón dineros para transformar la plaza de toros de El Bibio en un equipamiento de actividad todo el año. Siguiendo el enfoque comunitario, con participación ciudadana se ha de crear un espacio innovador que pueda ser ejemplo para otros municipios.

Si finalmente ocurre, un particular círculo se cerrará en la historia de la plaza, que se conectará con un tiempo, un siglo atrás, en el que personas ideaban para el bienestar de las personas.

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