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Los hosteleros tiran de ingenio para sobrevivir al cierre: cafés para llevar y reparto a domicilio

Algunos bares abren un ventanuco en el escaparate para servir cortados y con leche: “Estamos dentro de la legalidad”

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“Un pincho de tortilla y un cortado, por favor”. Esta frase aparentemente imposible de oír este 4 de noviembre en Asturias, se repite con frecuencia ante una cafetería de la calle Ventura Rodríguez que ha hecho de la necesidad virtud al servir exclusivamente café y pinchos de tortilla para llevar a

El local también atiende encargos de tortillas, la especialidad de la casa, y en sólo 24 horas, ya ha recibido cinco pedidos. La clientela es la habitual; vecinos y trabajadores del entorno que no pueden pasar sin el cafetín de la mañana, o incondicionales de la tortilla de ocho huevos. “Es una forma de salir adelante, no podemos permitirnos cerrar del todo, por lo que hay que agudizar el ingenio”, cuenta el propietario mientras atiende el teléfono. Otro encargo de tortilla. Esta vez rellena.

Algo parecido le pasa a un local de la plaza del Ayuntamiento ante el que hacen fila un buen número de personas. El establecimiento, de reducidas dimensiones, se dedica en realidad a la venta de café y té para llevar, y a la venta granel de los mismos productos. Es decir, está considerada como una tienda de alimentación. “Estamos vendiendo más que durante la primera oleada y que en los últimos días porque las cafeterías estándar están cerradas, pero también es verdad que hemos perdido clientes que tenían la oficina en el entorno ahora teletrabajan”, explica su propietario, Francisco Royo.

"Por esta zona vive bastante gente mayor, jubilados o viudos que tiran de nosotros para comer y piden el menú. Lo comprobamos hace unos meses", dice Un hostelero de Otero

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El reparto a domicilio, también permitido, es otra de las fórmulas a las que recurren algunos hosteleros. Edgar Manuel Mejías regenta una sidrería en Otero desde enero. De los cinco empleados que tenía entonces, quedan tres (él y su socio en la cocina, un camarero y un repartidor). El resto están en ERTE o en el paro. El primer día de cierre obligatorio lo ha destinado a preparar y diseñar los platos y menús a domicilio. Un servicio con el que cumple una doble función; tener las menores pérdidas posibles estos quince días y ayudar a los vecinos del barrio, especialmente a los de edad avanzada. “Por esta zona vive bastante gente mayor, jubilados o viudos que tiran de nosotros para comer y piden el menú. Lo comprobamos hace unos meses”, cuenta Mejías.

Edgar Manuel Mejías entrega dos bolsas de comida a su repartidor Irma Collín

En la zona alta de la ciudad, en la calle Cervantes, Rodrigo Roza, propietario y chef de un restaurante, también se prepara para los pedidos de los próximos días. El servicio entró en funcionamiento en mayo y desde entonces ha sido una constante con opciones algo diferentes a la carta habitual. Los encargos ya han empezado a llegar. 

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