Sabores de otoño en Ponga
El cochinillo asado que cocina Javier Sánchez Sánchez es una de las especialidades del bar Casa Severa, en la localidad de Sobrefoz

Javier Sánchez Sánchez, propietario y cocinero de la tienda-bar Casa Severa, en Sobrefoz. | ana paz paredes
Ana Paz PAREDES
Si el otoño asturiano es un lujo para los que gustan de caleyar con los cinco sentidos, hay algunos concejos, como es el caso de Ponga, en los que disfrutar de la caída de la hoja, la berrea, los primeros fríos y los contrastes de luz donde reinan los marrones, ocres y amarillos, es un auténtico privilegio. Uno de sus pueblos con más encanto, rodeado de montañas, generador de leyendas y dividido en tres barrios cuyos nombres tienen su porqué, es Sobrefoz, adonde se llega, una vez pasado San Juan de Beleño, capital del concejo, por una estrecha y maravillosa carretera en la que el paisaje se apropia del viajero desde la primera curva. Existe otra carretera también estrecha que lleva directamente a Sobrefoz sin necesidad de pasar por San Juan y que parte del cruce donde la vía se divide en dirección a la capital pongueta.
Allí, entre las montañas y entre bosques, en este precioso pueblo abigarrado de tejados, hórreos, casas, leñeros y chimeneas que anuncian que ya está presente el frío, vive y trabaja Javier Sánchez Sánchez, cocinero y propietario de la tienda-bar Casa Severa, así llamada en recuerdo de su abuela. Javier es un trabajador nato. Ya desde muy joven se inició en la hostelería y, tras prepararse a fondo estudiando cocina en Llanes, trabajó en los fogones de un establecimiento local hasta que, junto con quien hoy es su mujer y madre de sus tres hijos, partió primero a Inglaterra y luego a Barcelona para retornar finalmente al lugar que lo vio nacer.
Hoy ha consolidado Casa Severa gracias a su buen hacer en la cocina, especialmente con las carnes, sobre todo cuando prepara el cochinillo asado. A partir del 27 de octubre y durante tres semanas celebrará sus jornadas del cochinillo asado astur-celta. Su comedor, pequeño, sencillo y con encanto, tiene una capacidad, contando las mesas del bar, para unas treinta personas, que, entre otras cosas, podrán disfrutar, además de lo que tiene en carta, de su menú degustación con morcilla matachana con tortos de maíz, un primer plato de cuchara (pote, sopa o fabada, depende del día), un segundo de carnes (con jabalí, carrilleras o picadillo, según el día, y finalizando con cabrito), sin olvidar el postre, donde se puede elegir entre el requesón con miel, la tarta de quesos o el arroz con leche, entre otros. Ahora bien, si lo que apetece es tomar un buen par de huevos fritos con patatas y un rico y ligeramente picantín chorizo frito, también se puede comer en este amable y acogedor local ubicado en el parque natural de Ponga. Un paraíso a la puerta de casa.
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