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Luces y sombras de los fondos mineros

Las comarcas mineras optan a las ayudas "verdes" de la UE con la experiencia, en parte aciaga, de las subvenciones carboneras: se mejoraron carreteras y se fracasó con el empleo

Obras en el barrio San José de Lada, el único proyecto del último plan del carbón que se ha puesto en marcha.

Obras en el barrio San José de Lada, el único proyecto del último plan del carbón que se ha puesto en marcha. JUAN PLAZA

Los nuevos "fondos verdes" europeos son la nueva oportunidad para las Cuencas. Tras el fracaso de los fondos mineros en materia de creación de empleo y regeneración económica -sí sirvieron para mejorar infraestructuras y reducir la degradación ambiental-, la comarca tiene ante sí una nueva oportunidad. Algunas de las opciones

La reconversión de los 80, la pérdida de los grandes hornos de la siderurgia y sus empresas auxiliares, el consiguiente declive del sector del carbón y las declaraciones del Gobierno de España, socialista entonces, abiertamente favorable al cierre de la minería. Este es el contexto en el que se empezaron a oír voces que reclamaban fondos específicos para la transformación económica de las Cuencas. Llegaron los Planes de Interés Comunitario (PNIC) que sirvieron para limpiar los ríos de aguas negras y para atraer a algunas empresas que aún hoy siguen en la comarca, como Thyssen (1996). Pero el declive era tan rápido, y los resultados de la reconversión tan tenues, que en 1998 la situación explotó: una gran huelga de la minería, aún con 25.000 trabajadores, todo un ejército que paralizó las Cuencas durante semanas -hubo hasta un muerto en un corte de la autovía en Mieres-, logró torcer el brazo del Gobierno, entonces ya del PP.

De esta negociación surgieron los fondos mineros, que en sus distintas etapas consignaron unos 3.000 millones de euros para las comarcas mineras asturianas. Buena parte de este dinero nunca se invirtió. Otro se aplicó adecuadamente, modernizando las infraestructuras. Pero también hubo una parte, la que ahora más se echa en falta, la destinada a regenerar el tejido económico, que resultó un fracaso. A día de hoy, hay más paro, menos empleo y menos población en las Cuencas.

El primer Plan del Carbón 1998-2005 fue firmado por el Gobierno presidido por José María Aznar con los sindicatos. Suponía una inyección económica de 2.800 millones en las zonas carboneras de toda España. Este dinero se dividía en obras para infraestructuras, la captación de proyectos empresariales y la formación. Al mismo tiempo, se llevaban a cabo prejubilaciones y el sector del carbón iba adelgazando. El dinero de este primer plan acabó llegando, con retrasos, casi en su totalidad, algo que no ocurrió con los siguientes. El plan firmado ya por José Luis Rodríguez Zapatero, 2006-2012, otorgaba 2.730 millones a siete comunidades autónomas. Retrasos, problemas burocráticos, y la crisis económica se llevaron por delante buena parte de las inversiones. Ningún estudio especifica exactamente la cantidad invertida y la que se evaporó. La cruz en la tumba de este plan la puso Mariano Rajoy en diciembre de 2011: una de las decisiones que tomó en su primer Consejo de Ministros fue suprimir los fondos mineros. Algunas actuaciones se reclamaron por vía judicial. El Principado adelantó dinero para otras. La mayoría se quedaron en el camino.

El resultado de los fondos mineros no fue el esperado, pero tampoco desdeñable. La Autovía Minera, el desdoblamiento y arreglo del Corredor del Nalón, el Corredor del Aller, la autovía de los túneles de Riaño, que en su día fue la carretera con más siniestros graves de Asturias... También se construyó el campus universitario de Mieres, que si bien no ha llegado a cumplir todas las expectativas en número de alumnos, sí que parece empezar a caminar por la senda correcta: ofreciendo estudios de futuro, sobre nuevas energías, infraestructuras verdes, ingeniería forestal. Y ahora, con el coronavirus, con espacio más que suficiente para las clases sean presenciales. En Langreo, el campus de la FP ofrece formación en sectores como el audiovisual, y atrae hasta a alumnos de otras regiones. Por llegar a hacerse, con fondos mineros se hizo hasta la segunda estación de esquí de Asturias, la de Fuentes de Invierno en Aller. La restauración medioambiental fue notable, también la urbanística, aunque ésta solo parcialmente. Durante años, la queja fue que todo se fiaba a estos fondos: no había inversión adicional.

También hubo infraestructuras más que cuestionables, como la carretera de El Entrego a Lieres, la "Y" de Bimenes. Una vía a coste de kilómetro de autovía. Sumando retrasos y sobrecostes, la inversión final ascendió a 159 millones. Su tráfico actual es de 1.849 vehículos al día, menos que la carretera de Santo Emiliano entre Langreo y Mieres, o la del valle de Villoria en Laviana.

La falta de planificación fue otro de los lastres de los fondos mineros. Los ayuntamientos se lanzaron en una carrera por tener nuevos equipamientos, zonas deportivas, museos. Cada concejo lo quería todo, entrando en competencia directa con sus vecinos. Los plazos para poder ejecutar los proyectos caducaban: había que "correr" para no perder dinero. Se invitaba poco a la reflexión y a atacar las verdaderas necesidades de los territorios. Hubo proyectos "de relleno", iniciativas fallidas, que no funcionaron, algunas ni entraron en servicio. Un ejemplo es el parque de la fauna del parque natural de Redes, con su hospital de animales y con la casa del urogallo, equipamientos terminados hace una década y que no funcionan. En la misma situación está el Museo de los Quesos de Morcín. La competencia entre territorios llegó a su cénit con la decisión de otorgar fondos mineros para que Duro Felguera trasladase su principal centro de trabajo desde Langreo... a Gijón.Con la rúbrica y el beneplácito del entonces presidente del Principado, Vicente Álvarez Areces.

La ausencia de planificación y el desconocimiento de la demanda de equipamientos puede verse en los polígonos industriales vacíos. La ampliación de la Moral, en Langreo. Reicastro, en Mieres. Comillera, en Sobrescobio. No son los únicos, otros se hicieron con otro tipo de fondos (Hunosa desarrollando suelo industrial en sus parcelas de Modesta o en El Cadavíu). No es este un mal único de las Cuencas: en toda Asturias pasó lo mismo. La economía actual, al menos la que parece poder asentarse en Asturias, ya no demanda tanto polígono, pero sí otro tipo de actuaciones. Sí que se produjeron avances importantes en las comarcas mineras, sobre todo en el valle del Nalón, donde el sector tecnológico ya es el principal nicho de empleo en el sector privado. Lejos, eso sí, del dicho "del carbón al ratón" repetido por Areces.

Sin duda, lo que más ha calado entre los vecinos como paradigma del fracaso de los fondos mineros fueron las ayudas empresariales. En 2013, de las 52 empresas en las que Hunosa había participado, 16 ya habían cerrado. Algunas, siendo sonados fracasos y habiendo recibido ayudas de hasta decenas de millones. Alas Aluminium, Kerkus Metals, Diasa Pharma, Venturo XXI, Ornalux, Cisvial... se acusó a algunos empresarios de ser "cazasubvenciones". Otros fueron simplemente incompetentes. De nuevo, la falta de previsión fue un lastre. El desprestigio de las ayudas mineras fue aún mayor cuando se supo que el líder del SOMA, José Ángel Fernández Villa, pudo enriquecerse gracias a las "mordidas" de uno de los proyectos de los fondos: el geriátrico del Montepío en Felechosa, en el que trabajan unas ochenta personas.

El tercer Plan del Carbón, el de 2013-2018, es el más modesto. Firmado por Rajoy, el anterior Gobierno no dio ni un euro. Y el actual, de 250 millones iniciales, ofrecerá finalmente unos 133. De ellos, 97 para Asturias. De todos los proyectos previstos, solo uno ha empezado a ejecutarse: la restauración de las viviendas del barrio San José, en Lada.

La lluvia de millones que los fondos mineros iban a traer a las Cuencas, al final, se quedó en buena parte en mover documentos y proyectos. Porque, como pasa con los buenos panes, el papel lo aguanta todo.

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