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Fondo Norte

Árboles de triunfo y bosque de realidad

El Sporting parece progresar adecuadamente, pero muestra deficiencias graves que Herrera conoce

Tras el partido de Villaviciosa ante un Eibar con muchas bajas y que no parece haber perdido ninguna de las virtudes que le están haciendo grande, puede decirse que el Sporting progresa adecuadamente. Sin más, distinguido público, no sea que los árboles de la sabrosa victoria ante un rival de Primera nos impidan ver el bosque de la realidad. El responsable técnico rojiblanco, Paco Herrera, es, por lo que dice, el primero que se da cuenta de la situación. Ha visto cosas, pero lo que ha visto no es suficiente.

Herrera sabe que un equipo con aspiraciones de ascenso, como ha de ser el Sporting a partir del día diecinueve, no puede tener tal cantidad de errores en el pase como los que tuvo en Villaviciosa, en casa se puede decir a la vista del número de seguidores desplazados y de la exhibición de camisolas rojiblancas, nueva prueba de la fidelidad popular. El Sporting de la primera parte tuvo muy poco el balón porque este equipo no sabe robar el cuero al contrario y defiende muchas veces con la mirada, como pasó en los avances eibarreses por la banda derecha. Un par de robos quedaron en nada porque al segundo toque el cuero volvía a ser propiedad de las huestes de Mendilíbar.

El gol de Stefan, en perfecto cabezazo, fue una especie de salvavidas para un Sporting que no lo estaba pasando bien y una especie de corneta desconcertante para un Eibar que quedó tocado, aunque pronto iba a recortar distancias en un regalo defensivo de Lillo, que perdió la posición, y de Mariño, que reaccionó tarde al remate del rival.

El Sporting reaccionó y marcó dos goles más, obra de Viguera, que calcó el de Claudio del otro día en un contragolpe perfecto, y del debutante Rubén, que causó una grata impresión. La misma del colombiano Quintero, que mostró oficio y solvencia, aunque terminó lesionado en un quizá esfuerzo supletorio para un viajero que acaba de cruzar el Atlántico. Los vascos se acercaron en un remate lejano que sorprendió a Walley, pero ya no dieron la impresión de poder igualar el marcador y no digamos darle la vuelta.

Al final, Pablo Pérez dibujó una vaselina que mereció ser gol porque el chaval anduvo listo y aguantó el agarrón del rival, pero el balón se estrelló en el larguero cuando Riesgo ya no tenía nada que hacer.

Un triunfo, pues, sabroso, pero un equipo que tiene muchas cuestiones pendientes y que Herrera confiesa conocer.

En la Semana Grande las buenas costumbres se mantienen; si pregunto, ¿molesto?: ¿sabe Esuperio por qué el presidente que fichó a Javier Clemente como entrenador rojiblanco anda por ahí diciendo que lo engañaron? Próxima parada, Capuchinos.

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