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Pablo Vázquez Otero

De viaje con Jovellanos | Gijón-León en 1792 (VI)

Pablo Vázquez Otero

Guía turístico y miembro del Foro Jovellanos

Por tierras de Babia

El recorrido del prócer por las montañas leonesas antes de recalar en la capital para alojarse en el convento de San Marcos

Ermita de Nuestra Señora de Pruneda, entre Babia y Luna. Pablo Vázquez Otero

En Villasecino pernoctó don Gaspar aquel 6 de junio de 1792 y, en el capítulo anterior, nuestro viajero ilustrado nos hablaba de restos de 4 fortalezas de gran antigüedad a pocas leguas de la propia Villasecino. Entre ellas, mencionaba el castillo de Luna, totalmente desfigurado de lo que fue, seguramente la fortaleza más destacada del Reino de León, ya que las construcciones modernas para crear el embalse de Barrios de Luna trastocó absolutamente la fisonomía geográfica del lugar. Pero los muros de aquel castillo, que fue sede del Tesoro Real leones vieron pasar hechos bien destacados e incluso que no dejan indiferente como este romance que nos cuenta que el Rey Alfonso II el Casto envío a su hermana Doña Ximena al castillo de Luna. Allí estaba Sancho Díaz, conde de Saldaña y famoso caballero, que fue encargado de defender a la hermana del rey. Amores secretos afloraron entre ellos y de los mismos nació un niño, el no menos mitico Bernardo del Carpio, el héroe en Roncesvalles. El rey sintiéndose traicionado los castigó y los encerró para siempre. A ella en un convento y a él en las mazmorras de Luna tras haberle dejado ciego. Se contaba como leyenda también que los grilletes que maniataban al conde aún se conservaban en Luna porque jamás fue liberado de ellos aunque su hijo insistió mucho pero infructuosamente. Así decía una estrofa de un famoso romance: "Y en el Castillo de Luna el conde preso asistía, y a doña Ximena, el Rey luego en orden la ponía".

La fortaleza decían era inexpugnable, el mismísimo Almanzor no pudo abatirla, es más, la roca sobre la que se alzaba majestuoso se llama hoy la peña de Almanzor, curiosidades de la historia.

Aquel 6 de junio se cerraba en Villasecino y bien pronto estaba en camino de nuevo, nos lo narra de este modo en su Diario: "Día 6, miércoles. Salida de Villasecino a las cinco y media. A la derecha Truébano, hijuela de Villasecino; a la izquierda la cañada por donde vienen las aguas de Asturias, formando una vega, que dejamos ayer a la derecha, y entrándose por una garganta abierta entre dos peñas, hasta volver a correr norte-sur por la vega principal, que dura algunas leguas. Villafeliz, primer lugar del concejo de Sena; antigua ermita de Nuestra Señora de Pruneda; peñas altísimas a la izquierda; una sublime, aislada y sostenida por una pequeña base. Más adelante una fuente abundantísima, que brota casi al pie de las peñas, y bajo de ella un batán y un molino con sus aguas. Rabanal a la otra parte del río, que camina siempre a nuestra derecha por una hermosa vega entre alturas; tierra fría y poco frondosa".

Hermosa descripción paisajística de estas tierras leonesas antes de dar paso a zonas más llanas y más típicamente mesetarias. Aún así nos cita la ermita de Pruneda, que aún hoy es visible. No es de gran relevancia artística pero el encanto del lugar es reseñable, y su antigüedad también es destacable porque un documento del siglo XIII habla de ella, y es que su cercanía a este Camino Real de la Mesa le hace ser una de tantas que jalonaban el sendero. Es de sencilla estructura con nave única y cubierta en bóveda de cañón, pero conserva una lápida con una inscripción que nos da una pista de la familia o persona que intervino en el aspecto actual de la ermita, y dice así: "O Reina coronada, madre piadosa del creador, te ruego a ti glorificada que por amor del Salvador no te olvides nunca de tu Suero de Quiñones y seas siempre su abogada en presencia del Salvador". Suero de Quiñones, conde de Luna, es quien en el siglo XV hizo esta reestructuración que hoy presenciamos. Pero este personaje alcanzó tanta fama que sale referenciado hasta en El Quijote de Miguel de Cervantes, porque fue protagonista de la famosa historia del desafío del Paso Honroso sobre el río Orbigo. Aquellas justas evitando el paso del puente que se convirtió en leyenda caballeresca de máxima fama y que aún hoy se recuerda en el puente de Hospital de Orbigo rememorando aquellas hazañas medievales.

El camino prosigue sin freno y nos cuenta lo siguiente : "Siguiendo el camino, Campos de Luna, y se pasa el río por un puente de piedra; San Pedro y otro puente. Aquí vienen por la izquierda las aguas que bajan del puerto de Cubillas, que a la parte de Asturias pasan a Lena, uniéndose en Campomanes con el camino de Pajares. Más adelante se deja el río, que va por la izquierda, y entra el camino por una estrecha garganta que desemboca en un valle, donde vuelve a aparecer el río corriendo por la izquierda; este valle, cerrado en torno casi circularmente, da al frente salida al río y camino por un enorme tajo que divide la altísima peña (arenisca), en cuyo cauce hay un puente por donde se pasa el río, y sigue el camino, dejándole a la derecha para no volverle a pasar, pero sin dejarle nunca de vista. Barrios de Luna. Sigue el camino subiendo primero y luego faldeando la altura de la izquierda. Mora; vega al otro lado, con dos sotos deliciosísimos, así por la abundancia y frondosidad de sus árboles y arbustos, como por el canto de innumerables pájaros que le pueblan; el uno, está a la parte de acá, y cortándole el río para correr al pie del camino, forma otro sobre la orilla opuesta. Todas las montañas que corrimos son de grano; aquí se empiezan a ver gruesas tongadas de guijarros en lecho de la misma, y algunos filones de carbón de piedra en costeras de lo mismo; y van declinando las montañas, ya terrizas, hasta morir en las llanuras vecinas".

Este día 6 de junio le iba a llevar a Jovellanos ya hasta la capital leonesa, como veremos en breve, para ya pernoctar y alojarse en el convento de San Marcos y cumplimentar la razón por la cual hacia este viaje, pero antes de llegar a León vemos que nada queda fuera de los escritos de don Gaspar ya que nos narra con calidad de detalles los lugares por donde transita.

Menciona Jovellanos la población de Barrios de Luna y ahí me paro yo porque la transformación de este lugar se debió sin duda a la puesta en marcha del embalse. Hoy estamos habituados a ver este espacio acuático cuando desde Asturias pasamos a León por el Huerna, pero en tiempos de Jovellanos no era así ni mucho menos.

El embalse se puso en marcha en 1956 tras arduas obras, y el paisaje ya nunca fue el mismo. Con su presa, de más de 80 m de altura, cubrió poblaciones enteras, cuyos restos solo asoman hoy, cuasi fantasmagóricos, con periodos de pocas lluvias.

El día toca a su fin y León está ya en el horizonte, a ver qué nos cuenta don Gaspar: "Mal camino para coche; subida penosísima; queda a la derecha Benllera; después la Hoja, más llana, y al parecer más ancha que la de La Robla; excelente camino de suelo guijoso. Camposagrado, y junto a él un poco de cultivo; mas nada en toda la Hoja, ni plantío ni ganado, pues sólo produce guijo. Cáese al fin a la vega del Bernesga y se va por la izquierda de su orilla. Lorenzana, Sariegos, Azadinos; aquí nos hallaron los comisarios del convento que venían a recibirnos, don Fernando del Mazo y don Fernando Díaz. Tomamos su coche".

Los comisarios del convento de San Marcos reciben a Jovino en Azadinos, apenas separados por seis kilómetros.

En Azadinos existen los restos de un edificio denominado la Casa del Pradón que seguramente fue el lugar donde se encontraron porque era una casa convento perteneciente a San Marcos. Restaurado en los últimos años nos permite ver sobre su arco de entrada la cruz de Santiago y otros símbolos, como una espada y una concha que se ven representados sobre otro muro conservado. Tenía cubierta de teja, dos salas, dos cuartos, cocina y caballerizas, y daba cobijo a peregrinos que iban a Oviedo desde León.

En el próximo capítulo vemos qué hizo Jovellanos en la ciudad leonesa.

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