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Paco G. Redondo

Qué aborto

No hay derecho a la violencia porque sí, solo como mal menor

Ahora está de moda decir que el aborto es un derecho, e incluso por los izquierdistas y feministas más radicales que cualquier tipo de información o prevención es intolerable. El aborto planificado es violencia contra el feto, y la violencia no puede ser un derecho, sino un mal menor en casos extremos: grave peligro para la salud de la madre, grave malformación del feto o violación. Naturalmente los dos primeros remedios para evitarlo son uno los medios anticonceptivos, como el preservativo para el chico o la pastilla del día después para la chica; y otro si ya se desarrolla la gestación hacia la vida, y no es posible mantenerlo por razones económicas estructurales, y no coyunturales, dar al bebé en adopción, y se arreglan dos problemas, pues hay matrimonios que quieren tener hijos y no lo consiguen biológicamente. Defender la vida digna es humanismo.

Pero hay que plantear además una consideración social y económica general. Malthus fracasó en su predicción, que con libertad la economía siempre iría por detrás de la natalidad; es al revés, una libertad racional acelera el crecimiento económico. Como política social, fomentar el abortar no es progresista, sino demagógico y ruinoso. La caída demográfica europea, y dentro de ella acentuada en España, y dentro de ella la debacle en Asturias, nos lleva a sociedades con muchos ancianos y pocos niños, socialmente desequilibradas. Lo sostenible y deseable son el aumento ponderado de la población y la prosperidad. Y lo falaz es insostenible a medio plazo, con poca población económica activa: ¿Cómo se pagarán muchas y crecientes pensiones de jubilación?

Resulta también curioso que haya gente en contra de los toros y a favor del aborto a la carta y gratuito (que lo paguen los demás). A mí no me gustan los toros, pues lo considero maltrato animal como espectáculo, puedes tener el fútbol, una película o un concierto, sin sangre real como diversión. Cada circunstancia tiene unas perspectivas y hay que evitar descalificaciones exageradas, ni el matador de toros ni quien se ve presionada a abortar son asesinos. Pero tampoco caer en el extremo opuesto relativista, todo el mundo puede hacer siempre todo lo que quiera; sí, pero siempre que no dañe a los demás. ¿Puede haber alternativas, sin imposiciones? ¿Por qué informar sobre ellas va a ser perverso? En Asturias y en España, s. XXI, necesitamos fomentar la natalidad.

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