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Ricardo Gayol

Ricardo Gayol

Abogado

Encuestas electorales

Acabamos de entrar en un año netamente electoral. El próximo 28 de mayo se celebrarán elecciones municipales en todo el Estado español y autonómicas en doce comunidades y además para final de este 2023 habrá elecciones generales, con lo que el panorama político quedará configurado con los datos resultantes de las urnas para los 4 años venideros.

Lo que antecede puede justificar un impulso de los sondeos destinado a anticipar con la mayor precisión los resultados. Esto supone un nivel de incidencia política en el electorado muy considerable, hasta el punto de que se convierte en otro factor relevante de influencia en el voto de la ciudadanía.

Pero esta saturación del cálculo electoral no solo ocurre en tiempos de precampaña, lo cierto es que nos presiona durante toda la legislatura, aunque ahora alcance un estrés más significativo.

Pienso que esta materia debiera ser objeto de regulación más estricta y, al igual que no se permite difundir encuestas en los últimos 5 días previos al de la votación, también la secuencia de los sondeos electorales debiera ampliar su distancia temporal para evitar ese acoso al electorado, que viene condicionado por intereses políticos y económicos, que irrumpen en la actuación de gobiernos, parlamentos y corporaciones, sin dejar espacio a una gestión política centrada en las problemáticas reales de la población y no en la presión mediática punzante de las encuestas.

El pasado 11 de enero pude participar en un encuentro con el presidente de la empresa GAD3, Narciso Michavila, una de las agencias de encuestas más conocidas en nuestro país. Su primera afirmación fue que el Presidente Sánchez prácticamente no tenía ninguna posibilidad de repetir en el cargo. Esa perspectiva me parece tan aventurada en su dogmatismo que devalúa de por sí el lógico proceder de un encuestador tan avezado como el citado interlocutor. Sin embargo, lo que ocurre es que las distintas encuestadoras, incluido el CIS, como medio público, mejor dotado, aunque quizás con mayor dependencia gubernamental, no solo hacen un trabajo profesional respetable en democracia, sino que sesgan sus análisis con la famosa "cocina" de los datos para servir los intereses de grupos de poder determinados y van orientando más o menos sutilmente la opinión de la ciudadanía para inclinar su orientación a un voto que favorezca sus intereses. Y eso sí constituye un grado de manipulación política rechazable en sana dialéctica.

Por tanto, hay que valorar los sondeos racionalmente ofrecidos como un elemento de información útil, mas convendrá que los mecanismos aplicados en dichos estudios contemplen la realidad compleja de cada comicio, recogiendo todos los factores inherentes a los procesos para evaluar ponderadamente las tendencias apreciadas en las personas consultadas. Por ello, no cabe usar solo elementos emocionales de una parte de la población y no considerar otros. Y tampoco hay que confundir el deseo con la realidad.

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