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Fernando de la Hoz Elices

Carta al amigo ausente

Fernando de la Hoz Elices

¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos!

Réplica a Gustavo Adolfo Bécquer

Mi querido amigo:

Siento gran vacío e inquietud por haber abandonado durante un tiempo excesivamente largo nuestras cartas, debido a que los dos intentábamos adaptarnos a los nuevos y sofisticados métodos tecnológicos (para nosotros) por eso de estar al día, (como siempre hemos pretendido estar con los nuevos procedimientos en todo lo que nos rodea). Hemos conseguido una gran adaptación a las nuevas tecnologías, pero sin embargo seguimos añoramos la carta tradicional, con membrete, saludo y despedida tradicional afectiva.

Hoy te voy a hablar de los recuerdos colegiales en nuestro internado, cuando los dos experimentábamos la misma afición para satisfacción del Padre Herrera SJ, con quién teníamos nuestras discusiones y controversias a sus explicaciones literarias, consiguiendo la mayor parte de las clases de docencia con él, ponerle un poco atravesado con nuestras inquietudes y a veces discusiones con nuestro parecer no coincidente con las suyas.

Pues me viene todo esto ahora a la memoria recordando a nuestro modelo literario: Gustavo Adolfo Bécquer , cuya brillantez, grandeza y sensibilidad , nos provocaba un encanto especial con sus escritos (lástima que ahora las modas y comunicación van hacia otro estilo, que a los de nuestra generación, que sin duda nos queda un poco desfasados).

El acontecimiento familiar que acabo de sufrir, me ha hecho volver a releer al gran poeta, pero verdad, no puedo estar de acuerdo con su afirmación de ¡Que solos se quedan los muertos!, por eso me permito replicarle ante lo que ahora siento en mi propia alma, corazón y vida.

Replica a Gustavo Adolfo Bécquer en ¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos!

No tuvimos que cerrarla sus ojos, que ya no tenía abiertos

ni la tapamos su cara que iluminaba el cielo

nadie sollozaba, para mantener el silencio

y abrimos el alma para que entrase dentro

Se fue el día de los Santos

para encontrarse con ellos

¡Me voy y lo siento más por ti!

¡Tu última frase que dejaste para mi!.

Son largas las noches sin ti en el lecho,

pero al salir el alba, noto tu reflejo

y siento tu aliento que rompe mi silencio

para darme fuerza y mirar al cielo

Donde tu mirada abre el firmamento

para que mi alma note que estás al acecho

y cuidas de mí, porque me tienes dentro

sin embargo ¡Dios mío que solo está mi cuerpo!

Decía el poeta ¡Que solos se quedan los muertos!

pero ellos siguen sintiendo cómo los vivos amados

pasan las noches tras el muro del lecho,

sin poderse explicar el porqué de ello.

¡Dios mío, que solos nos vimos con aquel misterio!

Salvo tu advertencia al irte : "por ti, lo siento"

porque sabías que sin tu aliento

tu amante prefiere estar muerto.

¡dejar tan tristes, tan solos a los que aquí dejas!

Solos ante el recuerdo abierto, detrás de sus cejas.

llenando su tiempo con los momentos

que solo pueden mostrar agradecimiento.

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