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Oscar Buznego

¿Legislatura o elecciones?

El imparable desgaste de un Gobierno que ya no garantiza estabilidad política

El gobierno está saliendo malparado de la crisis del espionaje político. La explicación ofrecida por la ministra Robles del cese de Paz Esteban como directora del CNI resultó nada convincente. Es obligado decir que su comparecencia ante los medios fue penosa e inadmisible. No guardó el debido respeto a los ciudadanos que se presupone en una democracia. Buena parte de su crédito quedó consumido ese día en la sala de prensa de Moncloa. Así lo percibieron una mayoría de españoles y un porcentaje significativo de votantes socialistas que, según una encuesta urgente de Metroscopia, no están conformes con la decisión adoptada.

La coalición de gobierno se deshace y la mayoría parlamentaria que la sostiene se desmorona. Que no iba a ser fácil la gobernación en esta legislatura estaba previsto. Lo que empieza a verse con mayor claridad es que el primer ensayo de coalición en el gobierno de la nación podría acabar siendo una experiencia fallida. En el balance de su gestión ya cuentan más los errores, pocos pero definitivos, que los aciertos, numerosos aunque menudos. Cada vez es más compartida la impresión de que este es un viaje a ninguna parte. Muchos electores se confiesan arrepentidos de su voto. Si tuvieran la oportunidad de elegir de nuevo, unos votarían a otro partido y otros se mantienen en la duda. El líder del PP, Feijóo, de forma quizá algo precipitada, da por agotado al gobierno y ha sugerido la conveniencia de pensar en un adelanto electoral. No debiera descartarse esa posibilidad, pero hay razones de peso para extremar la prudencia.

Aunque pueda parecer innecesario, es preciso tener bien presente que este es un gobierno con plena legitimidad democrática. Por otra parte, es un hecho que desde 2015 ningún gobierno ha sido capaz de completar un cuatrienio. En el transcurso de estos años se han roto reglas escritas y no escritas de nuestra democracia, cuya continuidad exige un compromiso firme de todos en su cumplimiento, en particular la regularidad de las convocatorias electorales. Y, además, el calendario está cargado en los próximos meses de eventos importantes para el país y de citas con las urnas, de manera que no hay apenas fechas disponibles. Las opciones casi se reducen a celebrarlas en el otoño o hacerlas coincidir con las locales en mayo del próximo año.

El Presidente tiene encomendada la función constitucional de nombrar a los ministros, dirigir y coordinar la acción del gobierno y, llegado el caso, convocar elecciones. Por tanto, suya es la responsabilidad de tomar las decisiones más trascendentales. La realidad es que el choque entre los partidos de la coalición es ya permanente y los grupos parlamentarios se alternan en su ayuda para evitar su derrota final en el Congreso, a cambio de dejar en evidencia su extrema debilidad. Pedro Sánchez ejerce el control sobre el sector de UnidasPodemos de su equipo a duras penas y si alguna vez su gobierno tuvo un rumbo, está a punto de perderlo. La democracia española no está en proceso de regeneración. Por el contrario, los evaluadores han rebajado su nota y su posición en la clasificación internacional. La agenda del reencuentro con el independentismo catalán está atascada en el primer punto. Y la cartera de asuntos pendientes sigue repleta de problemas de fondo, económicos, demográficos, educativos, institucionales, sin visos de solución.

La situación política tiende a empeorar y requiere una recomposición sin demora del gobierno y una actitud más receptiva y dialogante que la exhibida por su presidente, primer agente de polarización en sí mismo. Es Pedro Sánchez quien debe valorar si está dispuesto a hacerlo en las actuales circunstancias. Los ciudadanos, por su lado, ya están sacando sus propias conclusiones. Lo cierto es que el ejecutivo acusa un serio desgaste, consecuencia en parte de sus grandes desaciertos, y no está en condiciones de garantizar la estabilidad política y una gestión eficaz al país. En este panorama, lleno de complicaciones, las elecciones que se celebren, no importa de qué tipo sean, se convertirán en una manifestación de apoyo o rechazo al gobierno. Aumenta la expectación por ver hacia qué lado inclinarán la balanza los votantes andaluces. El resultado de las autonómicas de junio promete decantar lo que quede de legislatura en la política nacional.

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