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La niña ucraniana acogida de urgencia por dos policías en Asturias se reencuentra con sus padres

La pequeña recibió a sus padres entre lágrimas y sin poder articular palabra

Ania Romanenko, la joven ucraniana acogida por dos policías sierenses se reencuentra con su familia entre lágrimas

Ania Romanenko, la joven ucraniana acogida por dos policías sierenses se reencuentra con su familia entre lágrimas

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Ania Romanenko, la joven ucraniana acogida por dos policías sierenses se reencuentra con su familia entre lágrimas L. Palacios / I. Gago

Entre lágrimas y sin apenas poder articular palabra por la emoción. Así ha sido el reencuentro entre la niña Ania Romanenko, de 14 años, acogida en Asturias desde hace unas semanas por una pareja de agentes de la Policía Nacional, y su madre y su hermano, que se habían quedado en Kiev. Ayer llegaron al aeropuerto de Madrid Barajas y en la misma terminal de llegadas se produjo el momento que llevaban esperando en medio del miedo, la lejanía y la esperanza: la madre, Lyudmyla Starovoit, aterrizó en Madrid con su hijo pequeño, Misha, de cuatro años, y ambos pudieron por fin abrazarse a Ania, una "niña de Chernóbil" que lleva desde los seis años pasando sus vacaciones en el Principado.

El reagrupamiento familiar se ha producido por mediación de la ONG Expoacción, que está buscando ya alojamiento para la madre y sus dos hijos. Esta tarde, y de forma temporal, llegarán a la localidad piloñesa de Coya, donde residen los padres de acogida de Ania, los policías Lorena Escobio y Rubén Estúñiga.

Ania Romanenko contaba su experiencia hace días a este periódico desde una cafetería de Pola de Siero. A sus 14 años Romanenko ha convivido la mitad de su existencia con el conflicto con Rusia. Es de procedencia ucraniana, una de las llamadas “niñas de Chernóbil”. Por esa razón, y a través de una asociación del País Vasco “Chernobileko Umeak” , lleva viniendo en verano y Navidades a España desde los seis años con la familia de dos miembros de la Policía Nacional, Lorena Escobio y Rubén Estúñiga. Y, viendo la escalada del conflicto y la posibilidad de invasión inminente, sus padres de acogida temporal decidieron ir a buscarla a Kiev.

Fue a contrarreloj. Putin anunció que invadiría el 16 de febrero Ucrania y Rubén Estúñiga estaba montándose en un avión el viernes 11, con previsión de regresar el 12 de la mano de Ania. Pero los vuelos estaban agotados, y tuvo que conformarse con viajar de domingo. “Tuve miedo porque el sábado hubo compañías que cancelaron las conexiones y no me quería quedar ahí. Decidimos ir a por ella tras la declaración del Kremlin. Contactamos con la asociación para hacerlo pero era imposible traer a todos los niños. Entonces, hicimos nosotros los trámites”, cuenta Estúñiga.

A prisa y corriendo, los padres de Ania tuvieron que autorizar ante un notario de Kiev el viaje. También se necesitó un seguro médico y una carta de invitación como turista. “Tuvimos mucho apoyo de nuestros compañeros”, cuenta Escobio. Y resalta al jefe de la Comisaría de la Pola, Manuel Alberto Aragón, y el agente de la Brigada de Extranjería, al que llaman “Sabio”.

Sin embargo, cuando Estúñiga aterrizó en Kiev se llevó una sorpresa: frente a las alarmantes noticias que se leían en España, la población estaba tranquila. Porque, desde su percepción, en los ocho años de conflicto dormido pero latente, Putin no se había atrevido a invadir Ucrania y no tienen la sensación de que vaya a hacerlo ahora. “Para ellos es un poco como el cuento de Pedro y el lobo”, explica Escobio.

Sin embargo, lo tienen muy presente en el día a día. Por ejemplo, cuenta Ania, en su colegio hay una fotografía de un hombre que participó en la Guerra del Donbás, del año 2014, y murió. Y, según las noticias que le llegan de sus amigas, las clases continúan con normalidad pero se están empezando a hacer simulacros en caso de invasión: “Suena una alarma y bajan al metro pero creo que no hacen nada más”.

También nota que la gente se está yendo del país y que ahora el servicio militar es obligatorio también para las chicas: en caso de guerra, todos tendrían que ir a luchar. “Dicen que hay menos gente pero todo funcionaba normal. Yo vi los comercios abiertos”, afirma Estúñiga. Aunque Ania conoce casos de personas que han sacado su dinero del banco y se han marchado a zonas más cercanas a Polonia.

En la frontera, sin embargo, sí que se percibe más tensión. Ania lo sabe porque pasó dos semanas en Makarivka, que es donde viven sus abuelos. Vivió allí desde los cinco hasta los siete años, aunque nació en Rusaky, un pueblo muy cercano y más grande, que está a media hora en coche de Chernóbil. “Pasaban coches militares por la zona”, cuenta. Sin embargo, ahora mismo, en la Pola está tranquila por su familia: “Estaba más nerviosa antes de irme, pensando que los dejaba ahí”.

Ahora la pequeña ya puede disfrutar de nuevo de sus padres. Una llamada a la solidaridad que en Asturias está llega desde todos los puntos.

@lanuevaespana_ El emotivo reencuentro de una familia ucraniana en #Asturias #guerra #Ucrania #guerraentiktok ♬ Surrender - Natalie Taylor

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