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Pablo González

En territorio comanche

Pablo González

La opinión sobre el Oviedo y el Sporting: Reyes, Rico y un señor serbio

En Oviedo se busca un hombre por línea, siempre con un central como objetivo primario. En Gijón, las huestes de la dirección deportiva cabalgan por las estepas del norte de Europa, navegan entre el Rin y el Volga y escalan los Apeninos, los Andes y lo que haga falta en busca (desesperadamente) de un “9”

Rubén Reyes y Javi Rico LNE

Quedan menos de dos semanas para que los directores deportivos del planeta “fúrgol” se sometan al examen parcial de la prueba del algodón que es el mercado de invierno, la ventana de los torpes y de los estudiantes malos, los que tienen el hábito de preparar el examen el día antes. Pero, como la costumbre hace ley, todos se tiran de cabeza a fichar y desfichar en este mes de enero intentando hallar la solución a sus problemas.

En el caso del Oviedo se busca un hombre por línea, siempre con un central como objetivo primario. En Gijón, las huestes de la dirección deportiva cabalgan por las estepas del norte de Europa, navegan entre el Rin y el Volga y escalan los Apeninos, los Andes y lo que haga falta en busca (desesperadamente) de un “9” que permita a Djuka secarse el sudor de vez en cuando. Es la hora de Javi Rico y Rubén Reyes, la de los DD que lideran el proyecto de los dos buques insignia (y escuela) de la región.

Queda por ver si el serbio seguirá engrosando las filas de los negacionistas o habrá marcha atrás, que una cosa es la ideología y otra los maravedíes que recibe de sus patrocinadores, que pagan para que Djokovic luzca tipín en París, Nueva York o Wimbledon

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Mientras, ya no se sabe a cuántos kilómetros, medio mundo, siempre según sus fieles, conspira para que Djokovic –ayer Espartaco, hoy Jesucristo, mañana ya veremos– no pueda jugar al tenis. Francia ha reculado y no permitirá que el serbio participe en el Roland Garros si no se vacuna.

Queda por ver si el serbio seguirá engrosando las filas de los negacionistas o habrá periodo de reflexión y marcha atrás, que una cosa es la ideología y otra los maravedíes que recibe de sus patrocinadores, que pagan para que Djokovic luzca tipín en París, Nueva York y/o Wimbledon. Se aceptan apuestas. ¡Home, va!

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