Opinión | Nuevas epístolas a "Bilbo"
Zorro cuatralbo y tú
El más listo de la clase
"Zorro" no es un zorro, sino un perro. Que quede claro. Lo llamamos así, "Zorro", porque su aspecto congrega hechuras de ese ejemplar de cánido: hocico alargado y orejas empinadas, pelaje de color pardo rojizo y espeso, especialmente en la cola. Aunque la suya no termina en punta blanca precisamente.
"Zorro", el perro, no sobrepasa ni superará tampoco –no hay más que verlo– la grandura de un cachorro zorruno. Lo rescató Julia en una perrera de Gerona y se lo trajo a Gijón, convertida en su protectora.
"Zorro" se erigió en el perro más listo de la clase: curioso como el erudito; observador como el astrólogo; precavido como el centinela; miedoso como el niño abandonado en la inclusa; avispado cual velutina pizpireta; tozudo, cual mula de carga. Y dominante, sin embargo. No hay más que ver la de veces que se para a mear en cada paseo (diecinueve micciones conté un buen día que me dio por contar durante un recorrido de unos treinta minutos) o el ascendiente que ejerce sobre ti, "Bilbo", que lo triplicas en tamaño, so grandullón.
En resumidas cuentas, solo se pretendía aclarar, atestiguar de una vez para siempre que nuestro "Zorro" del título, pese a las apariencias, es un perro con todas las de la ley, un perro como está mandado, un perro con todas las letras bien puestas. Y tiene los cuatro pies blancos. Como enfundados en calcetines de primera comunión.
Tú, "Bilbo", eres de otro pelaje, de otra estirpe o de otro planeta, qué sé yo: Ignoras a los pardales. Deprecias a las pegas. Temes a las gaviotas. Ladras, desaforado, a los patos que recalan temporalmente en el estanque de la plaza de Europa o en la balsa del parque de Isabel la Católica. Persigues, implacable, a las palomas. Te contentas con espantarlas.
Siempre te comportaste así con las aves más comunes de tu hábitat urbano: ignorando, depreciando, temiendo, ladrando, persiguiendo. Siempre fuiste así. Desde bien cachorro. Y va para nueve años que aterrizaste en casa por Navidad. Como el turrón.
Me apetecía recuperar expresamente para ti unos pocos textos livianos e inocentes que se publicaron tal cual o con parecidos trazos en el libro "Haikus y otros pecios pestilentes" (BajAmar editores, 2021), libro al que se alude, si recuerdas, en alguna otra carta, con la idea de acometer un triple propósito de una tacada: Recitártelos a la oreja como si de un cuento breve se tratara; recalcarte que no eres el único can del grupúsculo familiar, aunque te arrogues tal protagonismo como privilegio en exclusiva; y aliviarnos, aligerarnos y distraernos (los tres: "Zorro", tú y yo) de esta canícula tan sofocante.
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