Suscríbete La Nueva España

La Nueva España

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Ricardo Montoto

Dando la lata

Ricardo V. Montoto

Actualidad en el contenedor

Como el hombre del tiempo anunció la inminente llegada del invierno con un mes de retraso, se decidió el adelanto de la reunión de la tertulia del contenedor para poder celebrarla al aire libre, que siempre es una ventaja.

El Gordo de Navidad continúa dando mucho de sí. De sobra para unos cuantos guiones de películas de los Ozores y algún estudio sociológico. Lo último que circula por las calles es que hay más papeletas de la cuenta. Para qué queremos más, con lo que disfruta Mieres con la difusión de rumores e historias chungas. Los que ya cobraron, los que aún no han visto ni una perra, los bancos que dan largas, las desavenencias, los enfados, las envidias… En fin, las miserias de la condición humana puestas en evidencia.

Superado el asunto lotero, nos concentramos en las próximas elecciones municipales. Y las incógnitas no acaban de ser despejadas. Es como si la impactante apuesta socialista hubiera noqueado a la competencia. Aníbal sigue deshojando una margarita que debe de tener una barbaridad de pétalos. Y los populares se mantienen firmes en su decisión de pasar desapercibidos. O sea, sin cambios, salvo que las urnas se acercan.

Y llegó el turno del asunto más serio: el preocupante estado de los contenedores de basura, tema que nuestra tertulia, lógicamente, no puede obviar. Y justo cuando iniciábamos el debate se presentó una venerable anciana, menuda como una muñeca, que me solicitó ayuda para depositar su bolsa de residuos dentro del contenedor. "Ya no hay pedal y no tengo fuerza para levantar la tapa y tirar la bolsa", comentó con gesto de resignación. "Si no hay nadie cerca que me eche una mano, tengo que dejarla en el suelo. Lo siento, pero no alcanzo", afirmó.

Y el nuestro no es un caso aislado. Quizá suponga una incomodidad para la mayoría, pero para algunos vecinos es un obstáculo. Sin embargo, creemos necesario advertir que el mal estado de los contenedores no justifica que nos comportemos como cerdos. Quede claro, que nos conocemos.

Compartir el artículo

stats