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Alejandro Ortea

Varadero de Fomento

Alejandro Ortea

Esfumados y reapariciones

Unas salidas con desigual fortuna y una inexplicable comparecencia

El médico Marcelo Palacios deja la SIBI (la institución dedicada a la bioética) a los 25 años de su fundación. Tras una dilatada trayectoria política, ya en primera línea allá por los albores de la Transición, hace un cuarto de siglo que dedicó sus saberes y habilidades a otra labor que aunó Gijón a la bioética gracias al acogimiento del mejor alcalde de Gijón de la democracia, Tini Areces. Con pocos medios hizo mucho sin desfallecer y ha creído que el aniversario redondo es buen momento para ceder el testigo. Marcelo, como buen candasu de pro, impulsó su carrera desde esta nuestra villa tan marinera como la suya natal y se hizo un gijonés más, convirtiéndose en un doble asturiano. El resto, tenemos mucho que agradecerle, tanto desde sus afanes políticos, como después de estos últimos más dedicados al tratamiento y conocimiento de la conducta humana en los campos de las ciencias biológicas y de la atención de la salud poniendo a nuestra ciudad dentro del círculo en vanguardia de los debates internacionales sobre los fundamentos de esta disciplina.

Uno que se va con dignidad y reconocimiento y otro que se tiene que ir por la puerta de atrás: nos deshacemos por fin de Aurelio Martín, individuo que no ha sabido ser concejal y que también ha anunciado ya que abandona, consciente de su fracaso y de que los gijoneses se le rebelaran sin aceptar sus imposiciones y caprichos desde una concejalía delegada a la que nunca debió llegar: sus tremendos fallos y errores son, naturalmente, de quien delegó en él sus competencias, la altiva dama de Carbayonia, que despreció a los suyos en la creencia de que fichaba un mirlo blanco. No fue así y los dos han salido por donde el humo, corrigiendo afortunadamente los propios socialistas el error de partida. Como quien se va de mala manera no puede resistir su punto de malicia, nuestro sidecar edilicio no ha podido desperdiciar una cierta dosis de veneno al intentar cerrarle el paso a la responsable de IU en la ciudad, Ana Castaño, por método de discursear acerca de la necesidad de ofrecerle al electorado gente joven, porque al parecer esa es una especie de clamorosa demanda social.

Vuelve aquella Pili Pardo, la del PP gijonés, con el fin, nos cuenta ella misma, de formar parte del equipo de Diego Canga para Asturias. Si ejercitamos la memoria aparecerán en escena momentos convulsos de la organización de la derecha en la ciudad y su poca destreza para evitar entuertos. ¿Qué habrá visto el señalado candidato popular para la presidencia del Principado? Es uno de esos misterios que deja pasmado al personal que no alcanza a comprender en dónde residen sus méritos.

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