Suscríbete La Nueva España

La Nueva España

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Antonio Rico

El balón global

Antonio Rico

Un perro qatarí

Los penaltis son muy divertidos para los futboleros aburridos

Un espectador neutral se habrá aburrido viendo el partido Marruecos-España tanto como Tom Sawyer en una película de Jean-Luc Godard. Pero el aburrimiento en fútbol tiene una mala fama inmerecida e injusta y, además, no todos los partidos pueden servir champán en copas finas y aliñarse con samba en las áreas. Hay vida futbolística más allá de esos disparos de Mbappé más secos que los Martinis que tanto le gustaban a Marlene Dietrich, y hay partidos de octavos de final de un Mundial en los que no estallan en el terreno de juego los mil colores de los fuegos artificiales de Richarlison, Neymar y Vinicius Jr. Puede que un camerunés, un coreano, un uruguayo y hasta un marciano despistado se hayan aburrido con los pases de España y el dejar hacer de Marruecos. Bueno. En caso de aburrimiento insoportable siempre se puede recurrir al catálogo de Netflix o las estanterías de las bibliotecas. Pero no critiquemos un partido entre dos selecciones que no pueden permitirse perder por ser aburrido porque es como poner a parir a Atenas en agosto porque hace mucho calor o a Paul Newman en "El golpe" porque era demasiado guapo para ser buen actor.

Creo que el aburrimiento del camerunés, el coreano, el uruguayo y el marciano despistado empujaron a Marruecos y España a los dichosos penaltis. Los penaltis son muy divertidos para los futboleros aburridos, pero son insoportables para todos los demás. Cuando Buñuel y Dalí escribieron el guion de "Un perro andaluz", decidieron no aceptar ideas ni imágenes que pudieran dar lugar a una explicación racional, psicológica o cultural. Los penaltis de España podrían haber formado parte del guion de "Un perro andaluz" junto con el ojo cortado por una navaja de afeitar y las hormigas que brotan de una mano porque los tres fallos no tienen explicación racional, ni psicológica, ni cultural, ni marciana. ¿De verdad que el último toque al balón de Busquets en un Mundial fue ese lanzamiento de penalti sin gracia ni chicha tan insustancial como desganado? ¿Qué explicación racional, psicológica, cultural o marciana tiene eso?

Buñuel y Dalí se dieron una vuelta por Qatar y escribieron el guion de una tanda de penaltis que pasará a la historia del surrealismo. El error de España fue no marcar antes uno de esos aburridos y realistas goles que no tienen sentido en "Un perro andaluz" pero que te clasifican para cuartos de final.

Compartir el artículo

stats