Opinión | En territorio comanche

La opinión sobre el Oviedo y el Sporting: Los huevos, el alma y Rahm

Carrión les pide "¡alma, alma!" a los muchachos azules después del patinazo copero. Vamos, la versión light de "hay que poner más ‘buevos’", ya sean blancos o morenos

Robert de Niro, en "El corazón del ángel"

Robert de Niro, en "El corazón del ángel" / LNE

Carrión les pide "¡alma, alma!" a los muchachos azules después del patinazo copero. Vamos, la versión light de "hay que poner más ‘buevos’", ya sean blancos o morenos. Hay que reactivar a los chicos de cara a la Liga y lo que está por venir. Y es que al final este país no se libra de arreglarlo todo a base de testiculina por encima de la calidad y tal y tal. Un huevo duro era lo que se comía Louis Cyphre, el personaje de Robert de Niro en "El corazón del ángel", esa película en la que la escena subida de tono de Lisa Bonet con Mickey Rourke supuso el principio del fin de la criatura en "La hora de Bill Cosby" por eso de que al tito Cosby no le parecía de recibo que su hija en la ficción saliera desnuda y tal tal. Sí, el mismo Cosby que luego se descubrió que primero las drogaba y luego las violaba. Manda "buevos".

Bueno, la cosa es que De Niro se comía el óvulo gallináceo tras explicar que en algunas religiones el huevo representa el alma humana. Huevos y alma, alma y huevos. Mantra que seguro, aunque a su manera, estará utilizando estos días MAR en Gijón para volver a sacar lo mejor del subcampeón momentáneo de Segunda tras su papelón en Salamanca. Por lo demás, y ahí fuera, drama y horror en el ultramarinos. Rahm nos cambia por Arabia a cambio de 550 millones.

Los puritanos que no desentonarían en una bodega del "Mayflower" le afean que donde dijo digo, ahora leemos Diego. Otro ejemplo del huevo y alma de este país, donde sobran los que nos dicen lo que hay que votar, en qué hay que gastarse la pasta y con quién debe uno dormir y, sobre todo, despertarse. Solo rechazarían 550 millones aquellos a los que nunca se los ofrecerían, aunque lleguen de la cuenta del mismo Lucifer. Así que ya vale de rompealmas, ¿oyisti, güey?