El Presupuesto asturiano aumentó desde 2019 en casi 1.500 millones. El despegue no responde a la mejora de la economía sino a la creciente inyección de dinero de la caja común de los españoles y al mantenimiento de unos altos impuestos. Si las partidas para el próximo año alcanzan un montante récord es por otro salvavidas lanzado desde fuera, la parte del maná de Europa que el Estado transferirá a la autonomía. Esto da pie a plantear una cuestión previa casi existencial: los asturianos, empezando por el Gobierno, tienen que hacerse responsables de su destino generando recursos propios. Jamás lo lograrán con unas cuentas de subsistencia, enfocadas a conservar antes que a crecer. Limosnear fondos aquí o allá, en Madrid o en Bruselas, para sostener gasto corriente no es solución para Asturias.

La Junta aprobará el jueves el mayor Presupuesto de la historia de la autonomía, 5.968 millones. Una cantidad respetable que, bien administrada, debería permitir un amplio margen para practicar la política en el sentido más noble del término: adoptando decisiones que cambien para bien la realidad de un territorio. Puede decirse que estamos ante unas cuentas reiterativas. Encadenan planes arrastrados un año tras otro y apenas plantean cuestiones novedosas.

El compromiso con Oviedo resulta más simbólico que real, un intento de mostrar aprecio y esforzarse en disimularlo. Así, se expresa la voluntad de convertir la antigua Fábrica de Armas de La Vega en un polo biosanitario, pero a escondidas: sin consignación nominal, con cargo a «imprevistos». Gijón duplica cuantía, aunque el dato tiene truco porque buena parte del dinero corresponde a la ampliación del Hospital de Cabueñes. Los avilesinos también se sienten relegados sin atención en las previsiones a sus principales demandas.

Una constante para las Cuencas ha sido echar mano del maquillaje con fondos mineros. Todavía estiran en este ejercicio. Los casi doce millones para la autovía que atravesará el polígono de Bobes dan motivos a Siero para sentirse agraciado. En el Occidente, la mirada hacia las carreteras puede que llegue tarde. En el Oriente, Llanes se autoproclama el gran damnificado de un mal reparto.

Un presupuesto sirve para poner en valor sin complejos lo diferencial de esta tierra, para consolidar sus fortalezas y atraer proyectos que ayuden a aumentar la riqueza. El de 2023 supone más de lo mismo en tanto en cuanto mantiene la rutina de gestionar por inercia. Engorda un gasto corriente excesivo agravado por la inflación. Los costes de personal consumen uno de cada tres euros disponibles.

La panoplia de cheques y ayudas gana peso. No existen líneas de actuación que inciten cambios estructurales o pongan rumbo a reconquistar la prosperidad. A pesar del cuantioso volumen que la Administración destina a engrasar su propia maquinaria burocrática, no cabe afirmar que a este impulso corresponda una mayor diligencia y agilidad de cara al ciudadano.

En pleno debate sobre la fiscalidad y con los contribuyentes asfixiados, el Principado rehúye una estrategia valiente de alivio tributario que sí adoptan otras comunidades. El Ejecutivo socialista aplica desgravaciones. Además, pretende convertirlas en sus medidas estrella contra el reto demográfico y la brecha rural, los desafíos a los que vamos a enfrentarnos. Curiosísimo caso este de gobernanza de saldo por la vía de las exenciones. En vez de hacer, descontar.

Radicalmente distintas serían las cuentas sin la aportación de la UE a la recuperación. Por eso llama poderosamente la atención que la lluvia extra de millones europeos, una fabulosa palanca transformadora, caiga del cielo envuelta en un halo de sigilo, sin prioridades claras y con ausencia de un debate serio y profundo para maximizar su aprovechamiento. La experiencia en idénticos procesos anteriores enseña lo frustrante de malgastar sin ideas ni liderazgo las oportunidades. Las Cuencas sufren un terremoto demográfico único en España que quizá otro uso de los incentivos del carbón habrían mitigado.

No existe contradicción tan lacerante en un contexto de escasez como la de plasmar unas inversiones para luego no consumarlas, riesgo que se dispara en un año tan electoral como el próximo

Elegir nunca resulta fácil, y en eso consiste gobernar. Jamás lloverá a gusto de todos. Pero no existe contradicción tan lacerante en un contexto de escasez de medios y estrecheces como la de plasmar unas inversiones, las que sean, para luego flagrantemente no consumarlas, riesgo que se multiplica exponencialmente en un año tan electoral como 2023, con parones obligados por las campañas y la formación de nuevos gobiernos. Una mirada a la evolución durante las dos últimas décadas del grado de ejecución en este capítulo muestra que los peores porcentajes de la serie, muy por debajo del resto, corresponden a esta legislatura y al actual gobierno regional. Deja sin gastar aproximadamente el cuarenta por ciento de lo que computa, entre otras razones porque presupuesta lo que sabe de antemano que no va a poder realizar, simplemente para intentar contentar a los más posibles.

Pobre evasiva la de descargar responsabilidades en la ley de Contratos y en los concursos fallidos por la subida de precios. Si, efectivamente, tales circunstancias suponen un inconveniente para licitar, habrá que dejar de enrocarse en el dontancredismo y hallar remedios con premura. Los Presupuestos, incluso los malos, están para cumplirlos. En la Asturias menguante ya no cabe esperar.