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Opinión | El Cormorán

Javier Morán

Un banquillo increíble

La enfermedad y, seguramente, el olvido, se han comido la mente de José Ángel Fernández Villa, de modo que la juez correspondiente ha decidido no llamarle a declarar en la demanda que contra el viejo patrón de los trabajadores emprendió su propio sindicato, el SOMA. Esto quiere decir que sólo vamos a ver la mitad de la película, pues en otra vertiente prosigue la investigación sobre otro buen pedazo de lo que Villa tenía en el calcetín y que el sagaz departamento de Montoro detectó cuando el cándido minero fue a blanquear sus sórdidas ganancias. Respecto al pleito del SOMA, la cosa consiste en que la organización se percató de que su histórico líder había abusado, supuestamente, del cajón sindical del pan. Pero este ajuste de cuentas lo ejecutó el SOMA cuando a Fernández Villa ya le habían sacudido del pedestal los de la Agencia Tributaria. De modo que habría que ver si el sindicato minero se hubiera conducido igual sin esa ignominia previa o si, por el contrario, hoy Villa continuaría siendo el personaje mejor atravesado de la Asturias contemporánea y un "referente" de la lucha obrera, de la supervivencia de la minería y del socialismo. En tal caso, hoy seguiría siendo un "referente", puede que desmemoriado, pero seguro que le sacarían alguna vez más de paseo. Lo curioso, en definitiva, es que nadie veía ni sabía nada de Villa mientras tuvo el mando supremo del sindicato, o sea, que eran todos ellos unos leales colaboradores que asentían y le cantaban las salmodias a un conductor de las masas obreras nada desinteresado en sus atribuciones. Pero aun sin el imputado sentado en el banquillo, su hueco vacío es de un magnetismo sobresaliente. Una de las tres patas del socialismo asturiano, la sindical-minera, ha acabado ajusticiando al padre. Las otras dos patas, la de los compañeros del metal y otras actividades, y la areciana, avanzan también con paso firme en sus respectivas investigaciones y tratamientos judiciales. Es la vergüenza asturiana, sólo comparable al inmenso significado de una Borbón también sentada en el banquillo.

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