Microbiología
El aire acondicionado alivia, pero también puede enfermar
El "mito" de las enfermedades relacionadas con el aire acondicionado tiene base científica: puede propiciar infecciones y virus

El aire acondicionado: un aliado frente a las altas temperaturas, pero que también conlleva riesgos cuando no existe mantenimiento y control de los sistemas. / Crédito: u_ssfofehsaj en Pixabay.
Redacción T21
Cuando un sistema de aire acondicionado no funciona correctamente o no recibe el mantenimiento adecuado, puede contaminarse con microbios infecciosos. Según una científica británica, esto puede convertir al equipo en una fuente potencial de numerosas infecciones transmitidas por el aire, que pueden originar desde un resfriado común hasta neumonía y favorecer el desarrollo de distintos tipos de virus.
El aire acondicionado se ha convertido en un artefacto eléctrico de climatización casi imprescindible para combatir las temperaturas extremas y controlar la humedad en espacios cerrados. Sin embargo, más allá de sus evidentes beneficios en cuanto a confort, existe el temor en torno a que pasar largas jornadas en ambientes climatizados pueda afectar la salud. ¿Cuánto hay de verdad en este viejo "mito" o creencia popular?
Un reciente artículo publicado en The Conversation, escrito por la microbióloga británica Primrose Freestone, de la Universidad de Leicester, en Inglaterra, advierte que ese temor no es infundado: si el sistema falla o no recibe el mantenimiento correcto, el aire acondicionado puede convertirse en fuente de microbios patógenos, capaces de desencadenar desde resfriados hasta neumonías.
El llamado “síndrome del edificio enfermo” agrupa un conjunto de síntomas que aparecen tras pasar mucho tiempo en espacios con aire acondicionado. Quienes lo padecen suelen experimentar dolores de cabeza, mareos, congestión nasal, tos persistente, irritaciones cutáneas, dificultades para concentrarse y fatiga general. Estas molestias se agravan mientras la persona permanece en el edificio y desaparecen al abandonarlo. Aunque suele asociarse con oficinas, también afecta a hospitales y otros recintos con sistemas de climatización centralizada.
Casos concretos y documentados
Un estudio publicado en 2023 en India comparó a 200 adultos sanos que trabajaban entre seis y ocho horas diarias en oficinas climatizadas con otros 200 que no utilizaban aire acondicionado en su lugar de trabajo. A lo largo de dos años, el grupo expuesto al aire acondicionado mostró una mayor incidencia de síntomas compatibles con el "síndrome del edificio enfermo", especialmente alergias. Las pruebas clínicas revelaron además una función pulmonar reducida y un mayor índice de ausentismo laboral en el grupo con acceso a la climatización.
La clave está en el funcionamiento y mantenimiento de las unidades de aire acondicionado. Cuando los equipos fallan, pueden liberar hacia el ambiente diferentes alérgenos, compuestos químicos y microorganismos, que deberían retener en una situación normal. Los vapores de productos de limpieza o de refrigerantes pueden contener sustancias tóxicas como benceno, formaldehído y tolueno, capaces de irritar las vías respiratorias.
Además, tuberías y bandejas con agua estancada crean un caldo de cultivo ideal para bacterias como Legionella pneumophila, responsable de la neumonía conocida como enfermedad del legionario. Esta bacteria se propaga al inhalar pequeñas gotas de agua contaminada y provoca síntomas semejantes a los de una neumonía grave, entre dos y catorce días después de la exposición, con riesgo de hospitalización y recuperación prolongada.
Hongos e infecciones virales
Freestone también explica en el artículo que los sistemas de climatización favorecen el crecimiento de hongos, principalmente cuando acumulan polvo y humedad. En hospitales se han identificado géneros como Aspergillus, Penicillium, Cladosporium y Rhizopus en las zonas con agua del circuito de ventilación. Estos hongos resultan peligrosos para pacientes inmunodeprimidos, trasplantes, diálisis y recién nacidos prematuros. Aspergillus, por ejemplo, puede causar neumonías, abscesos en varios órganos y complicaciones en quemaduras o heridas. Sus síntomas incluyen tos, fiebre, disnea, fatiga y pérdida de peso.
Por si esto fuera poco, también existen casos documentados de infecciones virales a través del aire acondicionado. Un estudio publicado en 2017 demostró que un brote de norovirus, habitualmente transmitido por contacto directo o superficies, se dispersó en el aire mediante un equipo instalado en el baño de un colegio en China, provocando gastroenteritis en veinte alumnos. A pesar de esto, cabe destacar que un sistema mantenido adecuadamente puede ayudar a reducir la circulación de virus, incluidos los de la gripe y el coronavirus, entre otros.
Otra consecuencia del uso prolongado del aire acondicionado es la disminución de la humedad interior. El aire seco reseca las membranas mucosas de nariz y garganta, debilitando su capacidad de defensa contra bacterias, hongos y otros agentes infecciosos. La filtración de partículas, esporas y microorganismos depende en gran medida de filtros limpios y en buen estado: un equipo con filtros obstruidos o sucios pierde efectividad y se transforma en un foco de riesgo.
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