Opinión
Stefan Zweig
El perfil cosmopolita y antibelicista del escritor y activista social austriaco
Gracias a ser hijo de una familia judía muy acomodada, le permitió realizar las cosas que más quería: viajar, leer y escribir. Cosmopolita y antibelicista consumado, sus biografías de insignes escritores y personajes históricos han pasado a la posteridad, con un estilo propio, culto e inimitable: Casanova, Tolstoi, Stendhal, Balzac, Magallanes, María Estuardo, María Antonieta, Beethoven; algunas de sus conocidas novelas y relatos fueron llevados al cine: “Una partida de ajedrez”, “Carta a una desconocida”, etcétera.
Fue amigo de Gorki, Rilke, Rodin, Toscanini, Freud, Einstein, Thomas Mann, Romain Rolland o Hermann Hesse. Obtuvo el éxito y el reconocimiento mundial como pocos, siendo con este último los dos autores en lengua alemana que más libros vendieron en el siglo XX.
Tras ser perseguido por los nazis, tuvo que dejar su querida Salzburgo y refugiarse en Inglaterra, donde adquirió su nacionalidad. El compositor más célebre del siglo pasado, Richard Strauss, se negó a quitar su nombre como libretista de su afamada ópera “La mujer silenciosa”, negándose Hitler, a pesar de ser ambos austriacos, a ir al estreno de la misma, siendo prohibida poco después, estando condenados sus libros, primero por el dictador alemán y después por su aliado, Mussolini. Trasladado a Brasil junto con su segunda esposa judía, Lotte, desesperado ante el futuro aciago de Europa y creyendo que el nazismo iba a extenderse con éxito por todo el mundo, el 22 de febrero de 1942 ambos se suicidaron en la ciudad de Petrópolis con una dosis letal de Veronal, siendo encontrados sus cuerpos sobre la cama, ella con kimono y él con camisa y corbata, así como cuatro cartas destinadas a sus amigos incluyendo su perro: “Creo que es mejor finalizar en un buen momento y de pie una vida en la cual la labor intelectual significó el gozo más puro y la libertad personal el bien más preciado sobre la Tierra”.
Su autobiografía, póstuma, “El mundo de ayer”, es una obra maestra y un canto de elogio a la cultura europea que creía desaparecida para siempre.
Coleccionista de manuscritos, llegó a tener algunos de Goethe y Beethoven, incluyendo un catálogo de las obras de Mozart escrito por el propio compositor. Fue un amante empedernido de la música, el arte y la cultura, un artista refinado con una sensibilidad rayana en la perfección.
Muchas de sus creaciones se siguen vendiendo sin cesar: “Momentos estelares de la humanidad” es una de ellas.
Dejó esta vida en plena madurez, a los 61 años de edad.
Fue “el más grande europeo de su tiempo”; su depresión le llevó a decir: “Ni en el caso de una derrota de Hitler me veo capaz de iniciar una nueva vida”. La noche anterior a su fallecimiento había jugado al ajedrez con su vecino, convirtiéndose su casa en un museo que lleva su nombre.
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