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Fernando Monreal

País Vasco, ¿paraíso empresarial?

Los orígenes y objetivos del nacionalismo, desde Sabino Arana-Goiri hasta Bildu

Los vascos han sido siempre defensores acérrimos de sus fueros. La tendencia particularista de todos los españoles, estimulada en su caso por los rasgos de un país tan inaccesible, montañoso y enmarañado en circunvoluciones de estrechos valles, se vio además reforzada en parte por el temperamento local. Así, la región vasca llega al siglo XIX bien preparada para una campaña nacionalista.

Inicia el movimiento un joven entusiasta, Sabino Arana-Goiri, a su regreso de Barcelona, en cuya Universidad había estudiado precisamente cuando el renacimiento catalán se encontraba en su auge. Ya en Bilbao, escribió «Bizcaya por su Independencia», desde luego en castellano, aunque escribiendo Vizcaya con B, como si de esta manera se representara mejor al alma vascongada. Ni el libro ni la causa parece que alcanzaron gran éxito al principio. Arana-Goiri murió joven (1903), sin haber visto agruparse en su entorno gran número de secuaces. Y, sin embargo, había pulsado una cuerda destinada a vibrar. Tres años después de su muerte se fundaba en Bilbao el Partido Nacionalista Vasco (PNV), partido de tradición, leal a la Iglesia, a los fueros, a las añejas instituciones y a la lengua y artes del pueblo.

Por otra parte, en la España de finales del XIX y principios del XX se dio una proporción excepcional de talento vasco. Abundaron los nombres vascos en la industria, en la banca y hasta en las primeras filas de las profesiones técnicas y liberales. En cuanto a las artes y las letras, casi podría decirse que en ellas los vascos predominaron. Así, Zuloaga, Unamuno, Pío Baroja, Ramiro de Maeztu eran vascos de nacimiento. Pero estos hombres, sin excepción, consideraban el nacionalismo vasco como una aberración.

La historia con mayúsculas del País Vasco ha ido de la mano de la historia de España, como lo atestiguan multitud de episodios heroicos por parte de los vascos -llamados vizcaínos, en otras épocas-; sin ir más lejos citaré la batalla de Pavía (1525), cuando el rey de Francia, Francisco I, fue hecho prisionero por un humilde soldado de Hernani (Guipúzcoa), en el curso de una acción sostenida por tenaces arcabuceros vascos. Pero quienes manipulan la Historia quieren hacernos ver lo contrario -y hay mucho manipulador suelto.

Si el Pacto de Lizarra logró dar alas a Batasuna, que consiguió resultados históricos en las municipales de 1999 (más de 272.000 votos), ahora nos encontramos con el fenómeno Bildu, partido que el Tribunal Constitucional, con la anuencia del Gobierno que representa a España, permitió presentarse a las elecciones el 22 de mayo. ¿Resultado? El que ya todos conocemos: el pueblo vasco les dio más de 300.000 votos en las urnas democráticas.

¿Y cuáles han sido las primeras medidas que se han tomado en Andoaín y Lasarte? Pues impedir la entrada de los escoltas del PP y PSOE, al igual que eliminar los arcos de seguridad en la sede del Ayuntamiento. Habrá que ser pacientes y ver la evolución del día a día. Casi con seguridad, el fenómeno ETA quedará en la sombra, pues no les interesa meter ruido con las armas; inteligencia no les falta. Su último fin, y el que sí tienen en el punto de mira -desde siempre, no nos engañemos-, es conseguir la independencia. Esta es la meta del nacionalismo vasco -incluido el PNV-. Habrá que ver qué ocurre con el empresariado vasco. En estos momentos, en el País Vasco y en Navarra es donde menos paro hay, y donde se está creciendo económicamente a un buen ritmo; tal vez se conviertan en un paraíso empresarial, dado el buen número de ayudas que ofrecen a los emprendedores que allí deciden instalarse. Lo dicho: habrá que ser pacientes y ver los resultados.

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