Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Psicología

Una lectura del bullying desde las familias

La agresividad es un componente ineludible de la condición humana, y lograr una regulación equilibrada exige una profunda observación desde la infancia

Una lectura del bullying desde las familias

Una lectura del bullying desde las familias

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google

Uno de cada cuatro alumnos cree que alguien en su clase sufre acoso escolar, según los datos del Consejo General de la Psicología de España. Desde la pandemia de covid-19, las agresiones físicas han descendido, erigiéndose como formas de acoso frecuentes los insultos, poner motes y hacer burlas. Además, en un 72 por ciento de los casos, dichas agresiones se llevan a cabo entre varias personas.

Las redes sociales desempeñan un papel importante en cuanto a dar más voz a la violencia no física, en la que las palabras acaban siendo el arma sobre el más débil.

La naturaleza humana.

Allá por la Ilustración, Hobbes y Rousseau expusieron sus teorías sobre la naturaleza humana, ambas opuestas entre sí. Por un lado, el hombre se presentó como un ser bueno por naturaleza, siendo la sociedad la que, de alguna forma, le pervertía. De otro lado, el hombre se erigió como un lobo con necesidad de ser adiestrado.

La agresividad.

Hoy sabemos, aunque represente un dato incómodo para el ser humano, que la agresividad tiene raíces evolutivas profundas y puede ser explicada por la selección natural a lo largo de la historia. La agresividad ha sido una estrategia adaptativa para sobrevivir a ambientes hostiles y peligrosos. La agresividad está en nuestros genes, podríamos resumir. No conviene moralizar el debate para colocar al "verdugo" como "el malo" al que erradicar. Todos podemos hacer el mal; las mayores atrocidades a lo largo de la historia las han cometido quienes creían que estaban haciendo el bien. No olvidemos que los humanos utilizamos una "moral a la carta" que nos impide pensar en la complejidad de nuestros actos. Estamos viviendo una "epidemia de moralidad" que oscurece el poder pensarnos.

¿Buenos y malos?

No conviene explicarse el fenómeno del bullying en términos de "buenos" y "malos", al igual que haría un niño ante un cuento de hadas. Si el mundo se presenta escindido entre buenos y malos, el posicionamiento del lado de los primeros, siempre permite sentirse un poco mejor. Se trata de un mecanismo inmaduro para defenderse ante las angustias de la vida. La realidad es otra: hay niños que utilizan la violencia para salirse con la suya, más agresivos. Hay niños que muestran su agresividad solo en algunas ocasiones, y hay niños que nunca utilizan la agresividad. Esa es la posición de partida. Hacernos cargo de ello supone que cada niño o joven ha de ser atemperado de una forma diferente: una educación diferente para cada niño. No hay recetas universales ni fórmulas de educación generalistas. No hay programa de prevención que abarque la complejidad del ser humano.

Familia y escuela.

Dicho esto, la solución no es tan compleja si asumimos dentro de cada familia el coste de la educación. Hoy en día, ni la familia ni la escuela tienen la potestad de atemperar o regular las emociones. Los primeros ya no saben cómo y los segundos están demasiado deslegitimados en sus funciones. Es a través de las interacciones dentro del seno de la familia donde se internalizan los valores que permiten al individuo regular emociones agresivas o dependientes. Pero la pregunta siempre es el cómo. No hemos de esperar a recibir señales indicativas del bullying, hemos de actuar antes. Se trata de observar cómo es nuestro hijo.

Los agentes.

Maltratado y maltratador ocupan dos posiciones extremas del mismo continuum. El primero ha aprendido a ser demasiado dependiente, sumiso, a valorar en exceso las opiniones que le llegan del exterior. Excesivamente vulnerable, "buen niño", en ocasiones perfeccionista, muy dado a los demás. Son los niños que no manifiestan estar siendo acosados para no preocupar a sus padres. Y esta ya es la primera señal de alerta: ¿Cómo puede un hijo temer a sus padres?

Rasgos del agresor.

Del otro lado, tenemos a los jóvenes con características narcisistas. Son prepotentes en su carácter, altaneros, arrogantes, con cierta sensación de grandiosidad, pero en el fondo muy inseguros, hipersensibles hacia todo criticismo experimentado, real o imaginario; depresivos, distímicos, con ausencia de metas. Poco empáticos, abusadores; utilizan la violencia física o psicológica en aras a ocultar un sentimiento profundo de inferioridad.

El antisocial.

Del lado del agresor, también está el joven con características antisociales, sin sentimiento de culpa, pasivo-parasitario, mentiroso, manipulador e irresponsable. En ocasiones, muy agresivo, destructivo y violento. Son deshonestos, se relacionan de forma explotadora, y adolecen de una falta de implicación emocional auténtica. No toleran la ansiedad y no son capaces de experimentar tristeza o dolor sinceros. Escapan de situaciones que no pueden controlar. Es importante saber que el 90 por ciento de los antisociales son narcisistas, pero los narcisistas pueden no ser antisociales.

El papel de la familia.

La detección precoz pasa por la atención de las familias al desarrollo de la personalidad e identidad de sus hijos. En el desarrollo normal de la personalidad, los jóvenes evolucionan para reconocer la mezcla de afectos amorosos y agresivos en uno mismo y en los demás. Abandonar el ámbito de los extremos es un logro de la madurez. Hay que indagar en quiénes son nuestros hijos, cuál es su carácter, su forma de relacionarse con nosotros y su entorno, explorar el significado de sus acciones, regular sus emociones, sean estas excesivamente agresivas o extremamente vulnerables y sumisas... La familia ha de ser el lugar "contenedor" de los afectos, tanto para atemperarlos como para aumentar la capacidad de sobreponerse a ellos sin victimizarles. Aprender a "vérselas con la vida". Las actitudes y comportamientos no se regulan solos, y la escuela no es el lugar para ello.

TEMAS

Tracking Pixel Contents