El asilo de Pola de Siero está de celebración. Mañana (viernes) es el 150.º aniversario de la fundación de la congregación de Hermanitas de Ancianos Desamparados, que gestiona la residencia Nuestra Señora de Covadonga desde 1886, tan solo trece años después de la constitución de la orden en Barbastro (Huesca). En el equipamiento poleso van a celebrar la efemeride por todo lo alto durante todo el año. Empezarán con una eucaristía de acción de gracias, abierta a todo el mundo, que tendrá lugar este mismo viernes a las 10.00 horas en la capilla, a la que seguirá una comida festiva, porque como bien dice la madre superiora, sor Soledad Moreno García-Argudo, en una buena fiesta no puede faltar "ni la misa ni la mesa".

La eucaristía será oficiada por el capellán y párroco de la Pola, Fermín Riaño, "para dar gracias por todo lo que se ha hecho en estos 150 años por el cuidado de las personas mayores con pocos recursos o que teniéndolos, no tienen familia para cuidarles", explica sor Soledad. También mostrarán su agradecimiento por los 46 trabajadores del asilo y los veinte voluntarios que colaboran con la entidad. "Esto es muy importante, porque nos ayudan mucho en las distintas zonas que tenemos, como la portería, el servicio de lavandería o en el contacto directo con los ancianos para acompañarles a una cita médica".

Las cocineras, María José Martínez y Ernestina Rodríguez, preparan la lista de la compra. Sara Arias

Una ayuda altruista que sigue los pasos y el ejemplo del fundador de la orden, el sacerdote Saturnino López Novoa, quien, al observar la situación en la que se encontraban muchos mayores de Barbastro debido a la ausencia de sus familiares, que se habían ido a trabajar a la ciudad, decidió abrir una casa de cuidado de ancianos. "Había una señora, Antonia Ordina, que iba a pedir mucho a su domicilio, pero no pasó durante unos días y él mandó ir a su casa a ver qué ocurría y, como no estaba bien, se la llevó y la cuidó hasta que falleció. Ese fue el impulso definitivo para fundar la congregación religiosa", comenta la madre superiora. Así es que el cura funda la institución para servir de albergue a los mayores sin recursos y recibir allí todos los cuidados.

Pronto empiezan a aparecer chicas para ayudar. "En octubre de 1872 se junta un grupo de once jóvenes y el 27 de enero de 1873 se funda la orden con la vestición del habito. Entre esas mujeres que tomaron el camino de Dios destacó Teresa Jornet, la santa madre de las Hermanitas de Ancianos Desamparados. "Había sido novicia clarisa, pero enfermó y se fue a casa. Había sido maestra también y cuando se incorporó al grupo de Barbastro era la que estaba más preparada de todas, por lo que fue nombrada madre superiora general". Poco después, en 1886, ya se funda el Asilo de la Pola. La congregación se extendió muy rápido por toda España e, incluso, llegó a Cuba y Perú. A Siero lo hicieron de la mano de don Florencio Rodríguez, quien abrió la residencia local en febrero de 1886. Allí está enterrado, en un panteón familiar al que aún siguen llegando descendientes. "Lo facilitó todo para que llegásemos a tener de todo", detalla sor Soledad. La orden religiosa tiene presencia también en Oviedo, Gijón, Avilés y Cangas del Narcea.

En la Pola, asegura la monja, "hemos sido siempre muy queridas". Y ese cariño y respaldo de la sociedad local es un motivo de impulso para la congregación religiosa, formada por diez monjas. En su día a día, marcado por la rutina de los horarios, trabajan codo con codo con el personal socio sanitario de la residencia teniendo siempre como objetivo "la humanización de los cuidados", dice sor Soledad. Eso pasa, según explica, por hacer más humano y cercano el servicio que prestan, "empatizando y teniendo habilidades para la escucha". También es muy importante en su labor del día a día la guía espiritual que resume en una frase: "Cuidar los cuerpos para cuidar las almas". Esta es una de las cuestiones que más destaca el capellán del asilo. "Por supuesto, lo primero es que se les ofrece un lugar donde vivir la última hora de su vida, hacerlo bajo un techo y al calor de una familia, pero también es muy importante la dimensión de la espiritualidad, una experiencia de fe que hace de este sitio el sagrario de la Pola'", sostiene Riaño.

De izquierda a derecha, Severino Sampedro, José Casielles y Fernando Sampedro. Sara Arias

Los residentes lo atestiguan. "Estoy muy contenta, porque me encuentro a gusto y muy cuidada", dice Belarmina Coto Espinedo. También Fernando Sampedro está muy feliz en el asilo, donde tiene a su hermano Severino y a su madre, Aurina. "Aquí nos encontramos los dos muy bien y tenemos cerca a nuestra madre, estamos encantados y tranquilos", señala. También los nuevos usuarios se van integrando en la comunidad, como José Casielles, quien lleva tan solo tres meses en el equipamiento. "Estoy muy bien, la verdad, y contento, con ganas de celebrar el aniversario", asegura. Estos días previos están realizando unas preparaciones con el capellán, para estar todos para dar gracias por estos 150 años de existencia de las Hermanitas de Ancianos Desamparados.