8M | Día Internacional de la Mujer
Marta Barros, artista de la fotografía
Una tentativa de análisis del «autorretrato» que la ferrolana concibió para enfrentarse a sus miedos

Marta Barros. / Linkedin
María Donapetry
Marta Barros, fotógrafa y artista afincada en Ferrol (por el momento), tiene una obra muy variada en la que destacan sus fotografías. Sobre la imagen que acompaña al texto ella misma dice que es un conjunto de fotos que forma un autorretrato sui generis que hizo para sí misma, para enfrentarse a sus miedos. Lo cierto es que cualquier expresión artística visual que se haya expuesto a los ojos de los demás inevitablemente encuentra a un interlocutor. En este caso soy yo y, sin siquiera saber mucho de la historia de este «cuatro piezas», me atrevo a extrapolar sus miedos a los de muchas otras mujeres.
Pero empecemos por definir con un poco más de precisión cómo conceptualiza el autorretrato la propia artista. Es evidente que no se trata de un selfi de los que vemos a montones en las plataformas, sino de algo distinto, algo que va (si se tratara de literatura) de la prosografía—lo descriptivo de rasgos externos—a la etopeya (lo interior, cualidades anímicas). En este sentido, Barros les da forma visual a sus miedos por separado y en conjunto. Nosotras, quienes observamos, sabemos que los miedos son formas de imaginar posibilidades que pueden atañer a cualquiera.

"Autorretrato". / .
Este ejemplo nos presenta una cara dividida en cuatro expresiones que serían imposibles en la realidad en sincronía pero que coinciden en el formato que Barros ha escogido. Es su cara, sin duda, pero cada parte señala distintos temores que empezamos a leer de arriba abajo y de izquierda a derecha antes de alejarnos y ver el conjunto: la jeringa con aguja y manchas de algo parecido a la sangre, el ojo casi buñuelesco con objetos punzantes y cortantes en su entorno, la boca mordiendo un papel con el número 44 y, en la parte de abajo, toda una serie de etiquetas, y la boca entreabierta con una mariposa posada en la mejilla (¿símbolo de la transformación?).
Lo que amedrenta es la posibilidad de algo ajeno que se nos viene encima sin que podamos hacer nada
¿Quién no le ha tenido miedo al envejecimiento y, a la vez, a las posibilidades de cambiar el aspecto de la cara a base de inyecciones de bótox o de intervenciones quirúrgicas? ¿Es mejor aceptar y aceptarse o rebelarse y acudir a lo que pueda ofrecer la cirugía estética? ¿Quién no teme la agresión de algo punzante, aunque esa agresión sea teóricamente para «mejorar» el aspecto de unos ojos o una boca? ¿Son todas las agresiones punzantes de calidad física o también las hay anímicas? ¿Quién no se conciencia de lo extremadamente etiquetada que está la edad de una mujer a partir de los cuarenta y pico? Y, finalmente en este contexto, ¿quién no sueña o tiene pesadillas sobre la impotencia ante lo incontrolable, sea esto real u onírico?
La fobia hacia una mariposa o hacia las mariposas en general (más allá de «El silencio de los corderos») es fácilmente identificable cuando simplemente cambiamos la mariposa por una cucaracha, una rata o una serpiente. Lo que amedrenta es la posibilidad de algo ajeno que se nos viene encima sin que podamos hacer nada porque tanto el miedo como la mariposa viven en nuestra imaginación y nos agitan.
Como la propia Marta Barros, cada interlocutora se enfrentará a sus miedos (o no) como mejor pueda o le parezca. Lo que no podrá es ignorarlos completamente. Hacer un autorretrato en este caso es una forma de terapia artística. Nunca nos podemos ver a menos que estemos frente a un espejo y, una vez allí enmarcadas, imaginamos cómo nos verán los demás; nos salimos de nosotras mismas y nos observamos. A su vez, esos «demás» están caracterizados por nuestra propia imaginación y criterio y creeremos que nos juzgarán por nuestro aspecto, esa imagen especular que no podemos llevarnos más que en la memoria y que sabemos efímera. De todas estas cuestiones y más nos habla este autorretrato en cuatro piezas.
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