Opinión
Tomás F. Antuña
El último socialista obrero
Con la desaparición de Nicolás Redondo se va una época del sindicalismo que ya no existe en España
Ha muerto el último gran sindicalista. El socialista obrero que resucitó a la Unión General de Trabajadores durante la dictadura, y que después se enfrentó con tres huelgas generales a lo que él denominaba "políticas neoliberales" de su propio partido. Con él se muere, definitivamente, una época del sindicalismo que ha dejado de existir en nuestro país para regocijo de algunos.
Cuando por un tiempo dirigí la Fundación Emilio Barbón, tuve el grandísimo privilegio de conocer personalmente a Nicolás Redondo, quien fue uno de sus patronos fundacionales más significativos y de participación más activa en aquellos comienzos de la Fundación. Consciente como era de que su implicación resultaba de vital importancia para asentarnos y consolidarnos institucionalmente en Asturias, siempre contamos con su presencia en todos los actos que al principio se organizaron.
Más allá de su histórica trayectoria y su papel protagónico en el relato democrático de nuestro país, siempre recordaré aquellos ojos pequeños y vivísimos; expresión de su inteligente y fina ironía y fiel reflejo de un saber estar en cada una de las etapas de su enorme trayectoria política. "Cuando me invitan a alguna cosa, siempre digo lo mismo: voy, pero no hablo ¿eh?. Porque cuando uno marcha, se marcha", decía.
Fue dolorosamente consciente del profundo deterioro de la acción sindical ante los ojos de una sociedad cada vez más descreída. También se quejaba de la fuerte caída de ese espíritu reivindicativo sin el que los sindicatos pierden su razón de ser ante los ojos de la clase trabajadora que representan y de la ciudadanía en su conjunto. Y todo esto lo reflexionaba discretamente y desde esa preocupación tranquila que la edad otorga, porque "cuando uno se marcha, pues se marcha". Pero quedaba la frustración de contemplar el constante deterioro de todo aquello que tanto costó levantar; el persistente debilitamiento de esos pilares que aún hoy sustentan el escenario de nuestro país y que, al tiempo que nos soportan, contemplamos atónitos cómo sus principales actores se empeñan cada día en perfeccionar su mediocridad sin más argumento que el reproche y el ataque constante y cansino al adversario político, el "y tú más", la deslealtad institucional, la inexistente capacidad de autocrítica y el nulo sentido de Estado. Tales formas de proceder, que se han adueñado de la política española, echan por tierra aquella generación del diálogo, el respeto, la generosidad y la altura de miras que caracterizaron a la generación política de quien ahora nos deja.
Contrario a la teoría del pensamiento único, Nicolás murió consciente del grave error en el que había incurrido el socialismo al creer que el verdadero enemigo de la socialdemocracia eran los partidos liberales, cuando, en realidad, el verdadero enemigo estaba en las mismas entrañas de esa forma de entender la política que hoy todos conocemos y padecemos. Fiel reflejo de lo que aquí relato es esta reflexión suya de hace no mucho tiempo: "Tenemos un Gobierno con 84 escaños, y tiene todo mi apoyo, pero en el Gobierno con estas ideas solo hay una persona: Pedro Sánchez, y en el partido, una sola persona: Pedro Sánchez. Cuando Felipe tenías a Maravall, tenías a Solchaga, tenías a Boyer, tenías a Guerra, tenías a Solana, tenías a Rubalcaba... Ahora, con todos los respetos para la gente que hay allí, no hay nada, por lo menos que yo vea. Quiero que haya un partido vertebrado, con distintas opiniones, y que alguien le pueda decir al secretario general cuándo está equivocado".
Mi crónica sobre Nicolás podría haber discurrido por los derroteros de alguna anécdota o conversación personal de mis encuentros con él en el seno de una Fundación que trata de preservar la memoria de otro gran hombre como lo era Emilio Barbón. O también podría limitarse a dar unas pinceladas sobradamente conocidas de su trayectoria sindical y política. Pero no, me he decantado por resaltar su espíritu crítico. Más que nada para que los que hoy lamentan su pérdida y se deshacen en elogios sobre su figura, tengan muy presente lo que él opinaba sobre lo que ellos hacen y representan.
¿Y su relación con Felipe? Daría para otro artículo. Pero sus distintas trayectorias vitales han puesto en evidencia que ambos eran personajes muy opuestos. De hecho, Nicolás no albergaba la más mínima duda de que la sociedad se cambia con ejemplos y no con opiniones; y él fue, sin duda, un ejemplo inspirador. Por el contrario, Felipe es más partidario de las opiniones. Sobre todo, si te pagan bien por ellas.
Suscríbete para seguir leyendo
- Mañana se esperan colas kilométricas en Primark para conseguir la colección de menaje más bonita del mercado e inspirada en Asturias: por menos de 5 euros e inspirada en las vajillas vintage
- Mañana se esperan colas kilométricas en Lidl para hacerse con el hervidor de agua más potente del mercado: disponible en cuatro modelos por 22,99 euros
- Así es vivir en un bajo comercial en Gijón: de reformar una antigua sidrería a recuperar un videoclub
- Mañana habrá colas kilométricas en Action para comprar la vajilla de porcelana más barata del mercado: por menos de 3 euros
- El tramo de carretera que cambiará la circulación por la cuenca del Navia: todos los detalles de una obra 'singular
- Robo a plena luz del día en Oviedo: un asaltante se lleva toda la caja y varios dispositivos electrónicos de un céntrico restaurante
- El drama de una joven gijonesa y su hijo de ocho años, al borde del desahucio: 'Que no me dejen en la calle con el niño
- El Ayuntamiento ordena el 'cese inmediato de la actividad' de un local de copas de Sabugo 'por superar los niveles de ruido permitidos