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Opinión | Sol y sombra

Pequeño Marlaska

Fernando Grande-Marlaska continuaba ayer ejerciendo de ministro del Interior después de que el Tribunal Supremo le desautorizase al anular el cese del exjefe de la Guardia Civil de Madrid Diego Pérez de los Cobos, al que destituyó no solo de manera ilegal, sino también algo errática. Por no decir absolutamente caprichosa: para hacerlo, primero había alegado una reestructuración del equipo y, más tarde, pérdida de confianza. Grande-Marlaska se ha empeñado en dilapidar su anterior trayectoria como juez con sus estrepitosos fracasos al frente de Interior. Aseguraba aún hace unas horas que no tenía pensado dimitir. Dice que las "razones objetivas" que existían hace tres años para despedir a Pérez de los Cobos se mantienen hoy. Mientras tanto, el Supremo sostiene que el coronel fue purgado de manera arbitraria por negarse a incumplir la ley.

El fallo unánime de los magistrados parece no dejar lugar a dudas y hace pensar que la decisión del Ministro se produjo por una especie de venganza. Al no haber podido convencer al exjefe de la Guardia Civil de que cometiera delito y revelase el alcance de la investigación judicializada que se le reclamaba desde el ámbito político. Aunque solo sea por su formación, Grande-Marlaska debería ser más permeable a la idea de la independencia de los poderes en una democracia que otros miembros del Gobierno que permanecen ajenos a ella. Pero tampoco. El juez que se labró un prestigio profesional persiguiendo a ETA y actualmente culmina el acercamiento de los presos etarras más sanguinarios, piensa como los demás que el poder judicial debe plegarse al ejecutivo. El guardia civil que despidió injusta e ilegalmente no lo veía así: quería cumplir con su deber y por ese motivo cayó fulminado. Ahora, Grande-Marlaska, no contento con haberle arruinado la carrera, está decidido a enrocarse y seguir culpándolo una vez absuelto. No sé qué tiene que suceder para que dimita o sea destituido un ministro cuando su autoridad moral y democrática sufre un golpe tan terrible.

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