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El reto de hacer útil el calor que hoy se pierde

Las redes térmicas de distrito y los materiales de cambio de fase abren vías para reducir el consumo de combustibles fósiles en calefacción y refrigeración

Desayunos tecnológicos Gijón Impulsa IUTA

Pablo Solares

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El calor que hoy se pierde en procesos industriales, centros de datos o depuradoras puede convertirse en un recurso para calentar y refrigerar edificios. En ese reto están trabajando en el departamento de Energía de la Universidad de Oviedo, donde ven en las redes térmicas de distrito y los sistemas de almacenamiento nuevas vías a explorar para evitar consumos de calefacción y refrigeración excesivamente elevados.

Los encargados presentar esas investigaciones este viernes fueron Andrés Meana Fernández, profesor del área de Máquinas y Motores Térmicos del departamento de Energía de la Universidad de Oviedo, y Matías Álvarez Rodríguez, investigador posdoctoral en el mismo área. Ellos fueron los protagonistas de la cuarta cita de la edición de 2026 de los desayunos tecnológicos que organizan el Instituto Universitario de Tecnología Industrial de Asturias (IUTA) y Gijón Impulsa. El evento giró en torno al lema «Energía invisible. Almacenando y recuperando calor para edificios del futuro».

Antes de dar a conocer algunas de las posibilidades para aprovechar ese calor que por ahora se desperdicia, Meana y Álvarez subrayaron que «la mitad del consumo de energía en la Unión Europea está asociado a calefacción y refrigeración». En 2025, añadieron, alrededor de dos tercios de esa energía procedía de combustibles fósiles. Los investigadores recordaron, además, que la normativa europea establece que, a partir de 2028, los edificios públicos de nueva construcción deberán ser de cero emisiones. Ese requisito se extenderá al resto de edificios que se construyan a partir de 2030.

Con el objetivo de conseguir reducir esos niveles de consumo de combustibles fósiles en los edificios, Andrés Meana puso el foco en las oportunidades que ofrece el calor disponible en las industrias, centros de datos o depuradoras. Poniendo como ejemplo a la zona oeste de Gijón por la gran presencia de industrias, Meana comenzó a detallar el funcionamiento de las redes térmicas de distrito.

En lugar de producir calor o frío de manera independiente en cada edificio, estas redes transportan la energía de fuentes renovables a través de un fluido entre distintas fuentes y consumidores. «De esta forma conseguimos que no suponga un problema que las industrias estén a varios kilómetros de las casas. Estas redes pueden utilizarse en viviendas, hospitales, universidades, oficinas u hoteles», desarrolló este profesor de la Universidad de Oviedo.

Entre las diferentes claves del funcionamiento de las redes térmicas de distrito, Meana incidió en la temperatura. Si la red cuenta con un calor industrial a 90 grados centígrados, existe un posible uso directo, al igual que con un calor residual superior a 50 grados. Esa situación cambia con el calor que se puede obtener mediante los centros de datos, las aguas residuales o la geotermia somera, con las que las temperaturas son inferiores. Para contrarrestar esa disminución gradual, Meana remarcó que «las bombas de calor son una tecnología clave para poder lograr la integración energética».

Este docente e investigador apuntó que ya existen redes térmicas de distrito activas en distintos puntos de España, como Zaragoza o Cataluña. Asimismo, citó el proyecto de la red térmica de distrito de Mieres, el primer y mayor sistema de calefacción urbana de España que aprovecha la energía geotérmica del agua de mina. Por otro lado, señaló que también están activas en muchos países europeos, mientras que en España todavía no hay un número tan elevado.

En varias ocasiones, Meana argumentó que la zona oeste de Gijón cuenta con los ingredientes adecuados para impulsar una red térmica de distrito. «Que se compensara con un sistema de calefacción más barato a estos barrios de Gijón, que son los más afectados por la contaminación que producen las industrias cercanas, podría ser una idea bastante interesante», completó Meana, que señaló como posibles fuentes de calor la cementera, la acería o la regasificadora de gas licuado, entre otras opciones.

Tras desarrollar el proyecto de investigación de la Universidad de Oviedo sobre las redes térmicas de distrito, Andrés Meana dio paso a Matías Álvarez, experto en almacenamiento de energía térmica en edificios.

En esta ocasión, Matías Álvarez dedicó su intervención a exponer los beneficios que pueden llegar a producirse en el futuro si se utilizan los materiales de cambio de fase (PCM) en los edificios. «Son capaces de absorber y liberar calor cuando pasan de sólido a líquido y viceversa, manteniendo relativamente estable la temperatura en las viviendas», argumentó Álvarez.

Este investigador posdoctoral del área de Máquinas y Motores Térmicos señaló que estos materiales pueden funcionar como una especie de «pila de calor», almacenando la energía cuando se produce un exceso y liberándola cuando resulta necesaria. Con ello, agregó Matías Álvarez, los edificios no sufrirían tantos picos de demanda de calefacción y refrigeración.

Tanto en su estudio como en otras investigaciones, una de las aplicaciones que se estudian es la integración de estos materiales de cambio de fase en las propias fachadas de los edificios. El objetivo es que, con esa instalación, la envolvente almacene el calor durante el día, a las horas centrales, y lo libere posteriormente. «Las investigaciones las hemos realizado con unos paneles macroencapsulados de 45x30 centímetros y un centímetro de espesor. Eso se sustituye por el aislamiento y se logra que no haya que añadir grosor a la fachada, simplemente cambiar la composición», reivindicó este joven.

Concretamente, las pruebas que han desarrollado los investigadores de la Universidad de Oviedo han sido llevadas a cabo en Gijón, Madrid y Valencia. Entre los resultados, han obtenido que así se dependería en menor medida de la calefacción y del aire acondicionado. «No es algo que les sustituya, pero podrían ser un apoyo para obtener un uso más eficiente y que los edificios demanden menos calor y frío. Si bien, ahora se necesita que la regulación acompañe y que las empresas inviertan y den soluciones, ya que el coste económico de estos materiales todavía no es competitivo», culminó Álvarez.

Durante el turno de preguntas, ambos investigadores resolvieron las distintas dudas y dejaron claro que, por el momento, las redes térmicas de distrito son «una realidad» y el uso de los materiales de cambio de fase todavía están en periodo de investigación.

Entre los asistentes estuvo el director gerente de Gijón Impulsa, Luis Díaz, quien agradeció a Meana y a Álvarez sus respectivas ponencias. «Han sido muy interesantes. Muchas gracias por el trabajo que hacéis. Todos estos cambios que están viniendo en un periodo tan breve a todos nos impactan, pero está claro que tenemos que buscar soluciones porque las necesidades de contar con sistemas de refrigeraciones están ahí», expresó Díaz, que agregó que «todo lo que se trabaje en este ámbito es vital, ya que combinar la eficiencia del uso de la energía con sistemas que lo faciliten va a ser importantísimo»

Los desayunos tecnológicos del IUTA y Gijón Impulsa continuarán el 9 de octubre con una charla que llevará como lema «Optimizando Pymes. Economía circular y sostenibilidad». El último evento llegará

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