"Exigir ante el juez un Bachillerato aún es raro pero va a más", dicen en los centros
Directores asturianos lamentan injerencias familiares como la del padre que reclamó al TSJA el aprobado de su hijo pese a sus dos suspensos
A. RUBIERA
Que un padre haya reclamado ante el juez, en el Tribunal Superior de Justicia de Asturias, que a su hijo se le apruebe el Bachillerato pese a tener dos asignaturas suspensas es "muy inusual" en el mundo educativo regional. "Un caso extremo, algo que aún es raro", según reconocen directores veteranos del sector. Pero acaba de ocurrir en Asturias y según esos mismos profesionales se engloba en un tipo de conflictos "que van a más". Reclamaciones donde lo que se cuestiona es la profesionalidad de los docentes en sus juicios de calificación. Algo que antes no ocurría. "Ahora los padres llegan a exigirte, incluso por escrito, que un alumno no repita curso; es insólito", cuentan.
Y si además, como en este caso, la reclamación ante el Tribunal Superior no cuestiona la justicia de los dos cates sino que apela a benevolencia de un sistema que debería dar por aprobado a un alumno que suspende en las áreas de Letras pero aprueba en Ciencias (daría igual que fuera a la inversa), y que puede ver truncado con ese freno una beca deportiva en una universidad americana, el recurso de su progenitor se convierte en "sintomático de un cambio social. Donde lo que se transmite es que las cosas pueden conseguirse sin demasiado esfuerzo y eso es penoso", recalca un educador con más de veinte años de experiencia.
Un cambio a varios niveles que preocupa a los docentes consultados por este periódico y que se traduce en muestras, cada vez más, de "la injerencia de las familias en la educación", sostiene un director gijonés. "No ha sucedido aún, pero no descarto que eso pueda darse también algún día en mi centro, y en general cada vez más a menudo en todos los colegios, dado el tipo de sociedad en el que vivimos", apunta otro director de un instituto privado-concertado de Gijón.
Todos los consultados se refieren al fallo judicial emitido recientemente por el TSJA sobre el recurso presentado por un padre. La sentencia respalda la decisión adoptada por los responsables de un centro educativo gijonés de no permitir la titulación de Bachillerato de un alumno que acabó el curso 2017-2018 con dos suspensos sin paliativos en las asignaturas de Historia de España y Lengua Castellana y Literatura II. Su padre había llevado ante el Tribunal -tras recurrir al centro y a la inspección educativa- la revisión de esa calificación negativa al entender que un objetivo del Bachillerato es demostrar la "madurez académica de los alumnos ante sus posibilidades de progreso en estudios posteriores". Y en el caso de su hijo, él consideraba que el hecho de que tuviera buenas calificaciones en las asignaturas de Ciencias, que hubiera superado pruebas de inglés con validez internacional (el Toefl y Sat) y que hubiera obtenido una beca deportiva en América eran síntomas de esa madurez.
El fallo judicial recoge, sin embargo, que no se le puede poner ninguna pega a la decisión del centro teniendo en cuenta el informe del tutor donde se certifica que al alumno tiene aptitudes psicopedagógicas e intelectuales buenas y "su bajo rendimiento en las materias suspensas obedece a la falta de trabajo durante todo el año" e incluso a su dejadez en la preparación de las pruebas extraordinarias. O sea, que los tutores vieron una clara "falta de responsabilidad y de autonomía personal" como para no darle por aprobado el Bachillerato. La jueza que ejerció de ponente en el recurso ante el TSJA, que condena en costas al padre por llevar hasta el extremo el recurso, recuerda en el fallo que en España el Bachillerato "no está conformado por asignaturas a la carta", como parece pretender el padre.
"He oído en conversaciones con otros directores que esto está pasando, aunque sea excepcionalmente, cada vez de forma más puntual", comenta un director. Y la tendencia preocupa. "Estos casos representan a muy pocas familias, pero es que antes era impensable. Hay quienes solo quieren una titulación, independientemente del esfuerzo, y ese es el peor regalo que le puedes hacer a un hijo", reflexiona un veterano educador. Y si eso es problemático, más lo es la sensación de los docentes de que "si los padres nos cuestionan con recursos y reclamaciones casi siempre vamos a tener las de perder porque nos entierran en papeleo y tienes que ser muy constante para que no acabes cediendo y dando un aprobado inmerecido; la batalla por agotamiento nos la suelen ganar las familias", reconocen en el sector. En todo caso, todos los consultados han sentido como una victoria propia las reflexiones de los jueces asturianos. Unas ideas incluidas en la sentencia y con las que se respalda absolutamente la valoración de los tutores. "El tutor es de una claridad meridiana respecto a la coherente aplicación de los criterios del propio colegios en cuanto recoge la falta de compromiso, de rigor y de trabajo del alumno", dicen los jueces. Y ese respaldo ya es una victoria a celebrar en estos tiempos.
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