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Entrevista | Marta del Arco Fernández Directora del Instituto Asturiano para la Atención Integral a la Infancia y a las Familias

“Hay que explotar más el acogimiento de niños: está en auge y es una alternativa a adoptar”

“Los divorcios mal avenidos tienen efectos tremendos sobre la conducta de los hijos; cada vez más familias asturianas necesitan apoyo de la Administración para mejorar en la crianza”

Marta del Arco, ayer, en su despacho. | Luisma Murias

Marta del Arco, ayer, en su despacho. | Luisma Murias / M. G. Salas

Mónica G. Salas

Mónica G. Salas

Oviedo

Marta del Arco Fernández lleva “toda la vida” en la Consejería de Derechos Sociales y Bienestar. Es funcionaria de la Administración autonómica desde 1986, fue durante más de dos décadas jefa de la Sección de Centros de Menores, y el pasado mes de julio alcanzó la dirección del Instituto Asturiano para la Atención Integral a la Infancia y a las Familias. Esta maestra y educadora social, afable en el trato, hace un balance “positivo” de sus primeros cinco meses en el cargo. “Parece que fueron cinco años”, bromea. “Estoy aprendiendo muchísimo. Tenemos el empeño de cambiar inercias y eso siempre cuesta. Pero creo que ha llegado el momento de darle un giro al modelo de atención”, asegura.

–¿Cómo está afectando la pandemia a los niños asturianos y sus familias?

–Esta sexta ola no está afectando tanto como el año 2020, en el que todo era nuevo, todo era incertidumbre, todo era miedo... Hoy por hoy, los niños, como toda la gente, están un poco cansados. Sin embargo, están tremendamente mentalizados. No hemos tenido –hablo de los menores del sistema de protección– ni un solo caso de negativa hacia la vacuna. Se habla de que el coronavirus tendrá efectos sobre la salud mental, pero de momento no hay datos, no hay estudios. Lo que tenemos es la percepción escolar de que los chicos y chicas tienen una menor tolerancia a la frustración, mayor irritabilidad y mayor demanda de los servicios de salud mental. A lo que asistiremos en los próximo años es a un cambio en los comportamientos habituales de los menores y a un aumento de demanda en torno a la infancia y a las familias. Esto contribuirá a un incremento del indicador de desprotección por incapacidad de control de los padres sobre la conducta de sus hijos, que ya por sí solo está subiendo.

–¿A qué se refiere con incapacidad de control de los padres sobre sus hijos?

–Son padres y madres con pocas capacidades para la crianza y que, por tanto, no tienen control sobre la conducta de sus hijos. Son familias que necesitan apoyo de la Administración para mejorar en competencias de crianza.

–¿Y esto está aumentando?

–Sí. Se debe, por una parte, a los cambios de modelos familiares. Por ejemplo, a los divorcios mal avenidos, que tienen efectos tremendos sobre los hijos. Cuando los niños son el elemento de disputa entre los padres, los efectos sobre la conducta se ven. ¿Por qué? Porque gestionar las emociones pertenece al mundo adulto. Y cuando no se les está cuidando bien, pueden reaccionar con conductas autoagresivas o heteroagresivas. Todo influye: cambios familiares, familias monoparentales... Y hay que trabajar sobre ello. Porque un niño o una niña donde mejor está es en su propia familia.

–¿Cuántos menores tienen bajo tutela y cómo ha evolucionado esta cifra en los últimos años?

–Se mantiene. Tenemos 330 menores en acogimiento familiar y 320 en acogimiento residencial. A este último grupo hay que sumar los menores extranjeros no acompañados (“menas”), que son 49 y han ido a menos como consecuencia de la pandemia y de que las fronteras están cerradas. Lo que sí ha cambiado es la casuística. Hemos pasado de tener un centro materno con 50 plazas a tan solo dos bebés de 0 a 3 años. ¿Por qué? Porque hemos aumentado las familias de acogida. Tenemos que tender a que los niños en edades pequeñas estén con familias y no en acogimiento residencial. Fruto de ello, se ha dado un vuelco a los números: si antes había más niños, ahora hay más adolescentes. En torno al 57% tiene más de 13 años.

–¿Cómo han logrado atraer a más familias de acogida?

–Con campañas. No creo que sea una cuestión económica la que mueva a las familias. La sociedad asturiana es muy solidaria y les mueve el interés y también el boca a boca. Porque la experiencia es estupenda.

–¿Cómo son estos niños? Se suele asociar tutela con conflicto...

–Ese es un error tremendo. La tutela no tiene nada que ver con el conflicto, es un mal emparejamiento. Tiene que ver con que, en un determinado momento, tus padres no te cuidan bien y te ponen en situación de desprotección. Y eso lo que puede generar es desventaja social.

–¿Y los “menas”?

–Todo son buenas opiniones. Son chicos que vienen en busca de una vida diferente, que tienen un nivel de adaptación altísimo, que no delinquen, que han hecho un esfuerzo tremendo por aprender la lengua, que estudian ciclos de grado medio y superior... Son chicos que dan gusto.

–¿Cómo están las adopciones?

–Están subiendo, tanto las adopciones como los acogimientos permanentes. Este año hubo en total 56. Es importante diferenciar entre estas dos medidas, que para los niños suponen prácticamente lo mismo: la adopción rompe el vínculo con los padres, mientras que el acogimiento, no. Este acogimiento está en auge. Las familias asturianas están perdiendo cierto temor o incertidumbre a qué padres biológicos les tocarán. Y las familias biológicas, cuando se trabaja bien con ellas, entienden las situaciones y que no estamos hablando de amor o de robar a su hijo. Es una medida pensada para niños más mayores, que se sienten hijos de sus padres pero a la vez reconocen el poder de los acogimientos. Así que esta es una fórmula que hay que seguir explotando, ya que produce mucho bienestar a los niños.

–¿Cómo están los tiempos de espera?

–Depende. Si no te importa la edad, la etnia, los antecedentes o que tengan algún problema de salud, hoy mismo podríamos dar un niño en adopción. El problema es que la mayoría busca un bebé, sano y sin antecedentes. Y si fuese así, no estaría en protección. A partir de los seis años es difícil que te adopten a un menor.

–¿Los presupuestos para 2022 dejan bien parado al Instituto de Atención a la Infancia?

–Lo sitúa en un terreno cómodo. Estamos trabajando ya en una nueva ley de Infancia –la actual es del año 95 y ha quedado obsoleta– y tenemos ganas de cambiar el modelo de atención. Esto último no lleva dinero, sino esfuerzo y coordinación de los recursos públicos.

–¿Han aumentado los casos de maltrato de hijos hacia sus padres?

–No, se mantiene. Aunque a nosotros no nos llegan todos los que hay; solo los que conllevan una desprotección para el menor.

–¿Cree que habría que mejorar la participación de los niños en las instituciones?

–Si no me equivoco, hay 44 municipios que tienen hoy planes de infancia y que están reconocidos como ciudades amigas de la infancia por Unicef. Quiere decir esto que todos tienen grupos de participación infantil. Además, tenemos dos representantes de Asturias en el consejo estatal. Nuestra región tiene una tradición altísima de participación infantil. Pero ahora tenemos la oportunidad, con la ley integral para proteger a los niños frente a la violencia, de sistematizar más la participación en otros ámbitos de la administración autonómica, porque en la local los menores ya están muy presentes.

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