Entrevista | Isabel Rubio Directora de orquesta
"Si cierras los ojos la música te sonará bien o no, y no será por el género del director"
La murciana se pone al frente de la Sinfónica del Principado (OSPA) en un programa de cinco conciertos didácticos en el Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo

La directora de orquesta Isabel Rubio, en el Auditorio de Oviedo. / Irma Collín

Isabel Rubio, nacida en Abarán, en Murcia, en 1989, empezó en la música a los 7 años. Estudió percusión en la Escuela de Música de Águilas, la localidad vecina en la que creció. Tocó en la banda local. En el Conservatorio de Murcia hizo la carrera de dirección de orquesta y la de percusión. Podría haber sido veterinaria, pero llegado el momento de decidir su futuro profesional se dio cuenta de que no había opción: "No podía soltar la música". Desde hoy y hasta el viernes dirige un programa de conciertos didácticos invitada por la Sinfónica del Principado en el Auditorio de Oviedo. En breve debutará con la Sinfónica de Tenerife; luego con la de Sevilla, en el Teatro de la Maestranza y con la Novena de Beethoven.
-¿Cómo dio el salto definitivo a la dirección?
-Necesitaba algo más, me sentía incompleta. La dirección apareció en mi vida con un curso de dirección en mi pueblo y esa primera experiencia sobre la tarima fue increíble. Nunca había sentido algo igual con la música, y hasta hoy.
-¿Recuerda qué dirigió en aquella ocasión?
-Éramos varios directores iniciándonos y cada uno dirigía una pieza, y la mía fue "Tango for a toreador"... Yo tenía 19 o 20 años.
-¿Hay interés entre los estudiantes de música por la dirección?
-Desde que yo acabé la carrera hay una demanda impresionante, lo que me alegra porque cuanto más formados estén los directores mejor para las orquestas.
-¿Y por qué ese cambio?
-Como carrera oficial es una especialidad joven aquí en España. Es supercompleto, un puesto que está bien considerado y es muy emocionante. Es que es adictivo.
-Contaba antes que la primera vez que dirigió se sintió arrebatada, ¿por qué?
-Los directores nos subimos a esto que se llama tarima, a este podio, y los músicos tocan hacía ti; recibes toda la información de golpe y puedes modelarla. Tenía la sensación de poder manejar toda esa materia prima que me llegaba, eso fue lo que me enganchó: la emoción del cambio.
-¿Un buen director puede salvar una obra mediocre? ¿O uno malo destrozarla?
-Por supuesto, la responsabilidad de los directores es transmitir la información que hay en la partitura a los músicos y después todo ello al público. Si la obra no me convence demasiado como directora, pero hay que ofrecer un producto al público, intento exagerar las cosas positivas, darle una segunda oportunidad a la obra. La energía que transmito es la que devuelven los músicos. Y al revés también puede ser, puedes reventar un Beethoven.
-La presencia de mujeres al frente de las orquestas se ha normalizado.
-Eso es lo que perseguimos, la normalización y la calidad. Me preocupa que por forzar el número se resienta la calidad. Somos menos mujeres dirigiendo, todavía, aunque en unos años eso ha cambiado muchísimo, a mejor. Cada vez son más, somos más, las chicas que están ahí y cada vez mejores, pero todavía no ha llegado la igualdad, sobre todo de oportunidades. Entre los que están arriba hay quien ni se plantea que una mujer directora pueda ser igual a un hombre director, sin embargo, otros sí, y esos están ya en las orquestas. A mí eso me anima. La música no tiene género, si cierras los ojos te va a sonar bien o no tan bien, y no va a ser por el género de quien esté arriba dirigiendo.
-¿Qué argumentan quienes consideran que las mujeres no pueden dirigir? ¿Qué incapacidad creen que tienen?
-La incapacidad la tendrán ellos. No hay ninguna diferencia. El esfuerzo físico y mental de la dirección es igual. Vamos a recapitular: dos brazos, un cerebro, un corazón, dos oídos, puedes dirigir si eres ciego, con un brazo, solo con los ojos como Bernstein…
¿Se ha usado a las mujeres directoras como reclamo comercial?
-Sí, y siempre me han preguntado cuáles eran mis referentes femeninos. Yo no los he necesitado, personalmente no he pensado en el género, pero hay quien sí, que los busca. Es lo que me hacen llegar: niñas que buscan un referente.
-Le han traído a Oviedo unos conciertos para escolares.
-Es la primera vez que estoy invitada por la OSPA, con mucha ilusión, porque había oído hablar muy bien de ella. Estamos con el proyecto didáctico "El enigma de Elgar", que ha creado Clara Sánchez, la narradora, y músico, que nos va a llevar por esta aventura. Con esta obra increíble que son las "Variaciones Enigma" de Edward Elgar intentamos meterlos en la cabeza del compositor, que entiendan por qué compuso estas variaciones, cuál es el enigma, más profundo de lo que parece.
-¿Es gratificante tocar para niños?
-Hombre, a veces te dicen: "Un médico es muy importante y un músico para nada"; entonces, te sientes frustrado… Claro, sí. Obviamente, el médico es muy importante, pero, ¿cuál es la función de los músicos en la socied ad? Pues acercar la cultura, fomentar el crecimiento, la formación de la personalidad, que la gente sea feliz. El público joven es el futuro: se puede enganchar a la cultura, aprender a disfrutar del momento –estamos demasiado enganchados a la tecnología–. Hay muchas cosas que hacen que los conciertos didácticos sean superimportantes, y muy exigentes.
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