XIV Encuentro de diplomáticos asturianos en LA NUEVA ESPAÑA
A España le toca presidir la UE en tiempos políticos inciertos: "Con prudencia"
Los embajadores instan a "lidiar" con mesura un liderazgo que a veces "se sobrevalora", pero que permite marcar una "impronta legislativa"

Por la izquierda, Alfredo Martínez Serrano, Alberto Aza, José Laviña, Luis Arias, Aurora Díaz-Rato, Javier Vallaure, Jorge Hevia y Eva Martínez, en el patio del edificio histórico de la Universidad de Oviedo. | Miki López / Marcos Palicio / María José Iglesias, M. J. I. / M. P.
Marcos Palicio / María José Iglesias
Por los vericuetos intrincados de su política interna, España ha llegado a la presidencia rotatoria del Consejo de la Unión Europea en tiempos inciertos, con el Gobierno en funciones y sin demasiadas certezas sobre el futuro inmediato. "No es la primera vez" que sucede en la UE, pero en estas circunstancias puede que el éxito sea hermano de la "prudencia de los actores". Alberto Aza, embajador de España vitalicio y exjefe de la Casa del Rey, dirige la reflexión sobre el semestre de turno de la presidencia española hacia una demanda de mesura que se explica empezando por la conciencia de que el país que preside el Consejo "no crea" el "temario" de sus seis meses de autoridad. España estará más bien obligada a "lidiar" con un libreto legislativo que en gran parte le viene impuesto y en esa tesitura, "para que no te pille el toro" conviene "ser prudente..."
En el encuentro estival de diplomáticos asturianos, que cada verano desde hace catorce promueve LA NUEVA ESPAÑA, hay quien aviva la tesis de que las presidencias de la UE tienen una importancia atenuada que a menudo se sobrevalora, pero también cala esta advertencia sobre las virtudes de la cautela y el cuidado como guías deseables de la acción del Ejecutivo español en funciones en este semestre de presidencia europea que se le ha solapado a España con la búsqueda de la estabilidad política interior.
El trabajo técnico de la presidencia europea "se prepara desde año y medio antes", tranquiliza el ovetense José Laviña, embajador de España en Guatemala. El sistema que organiza las presidencias en "tríos" de naciones, y que encaja a España entre Suecia y Bélgica, determina que el Gobierno en funciones haya llegado hasta aquí con "todo el trabajo de prioridades lanzado. A lo mejor hay menos brillo, pero la efectividad es exactamente la misma", señala. "Lo que sí hay es mucha esperanza", enlaza, porque "el turno de presidencias está muy bien hecho. A un estado del norte le sigue uno del sur, a uno del este otro del oeste, a uno grande otro pequeño… Y nosotros vamos después de Suecia y antes de Bélgica, así que somos el grande de este trío y estamos en un momento clave ante lo que puede venir".
La inseguridad de la política interior, precisa Aza, "puede hacer que se pierda la oportunidad de tener alguna iniciativa española que necesite un cierto consenso político interno que tal vez no sea posible encontrar, pero no es la primera vez", resalta. Sobre una agenda legislativa efectivamente prefijada y lanzada, "puedes colocar tu impronta como país y tus iniciativas, pero siempre bajo el consenso", aporta Aurora Díaz-Rato, representante permanente de España ante Naciones Unidas y otros organismos internacionales con sede en Ginebra (Suiza). Ella está persuadida de que hay "una cierta sobrevaloración" de las capacidades de la presidencia, pero también "una enorme expectativa" por el momento, "porque lo que no se haga ahora va a ser difícil hacerlo" después, con las presidencias belga y húngara y porque "los grandes temas de la agenda europea que no pueden ser retrasados un año y medio hay que abordarlos ya". Por eso hará falta prudencia, asiente, pero también "impulso político".
Si no se puede calificar de rutinario, el funcionamiento de las presidencias sucesivas sí se ha vuelto un continuo de índole "burocrático-política". Alberto Aza se refiere así al "transcurso de temas" que atraviesa los semestres y a la capacidad de intervención limitada del país que asume el turno del liderazgo. Jorge Hevia, colungués, embajador en Arabia Saudí, asiente a que la importancia de la presidencia europea se sobrevalora y añade que el margen de maniobra se ha restringido desde el Tratado de Lisboa. "No es como en los viejos tiempos", enlaza. El estado que asume el mando "ya no tiene tanto protagonismo" y ahora es siempre y sobre todo Bruselas "quien corta el bacalao". Eso no obsta para interpretar que el momento no es del todo óptimo y que "la situación política interna afectará y obligará, en efecto, a ser prudentes", pero el semestre "se ha preparado y las reuniones van a salir…" "Una presidencia europea es un esfuerzo descomunal", le acompaña Eva Martínez, embajadora de España en Costa Rica, y "se prepara con mucho tiempo. Requiere funcionarios muy comprometidos, que conozcan muy bien su ámbito y que llevan mucho tiempo trabajando en esto". Y como España los tiene, "el grueso de la presidencia va adelante".
Diaz-Rato tiene una atalaya próxima y privilegiada para mirar la UE desde fuera, pero desde muy cerca. En Ginebra, la embajadora observa que las atribuciones de la presidencia europea, aun siendo limitadas, gobiernan algo más que "un juego protocolario". "En Naciones Unidas, quien negocia en nombre de la UE es la presidencia", precisa. "Y ahora que el consenso ha desaparecido como método habitual de toma de decisiones y hay votaciones, la UE es fundamental y dentro de ella también lo es lo que haga la presidencia". De los 350 grupos de trabajo con los que cuenta la Unión, apostilla Laviña, el Estado que dirige el Consejo por turno "preside más de 250".
"A fuego lento"
España, les sigue a todos el ovetense Alfredo Martínez Serrano, embajador en Canadá, "es un lugar en el que la política europea y exterior se han cocido a fuego lento. Porque tenemos políticas de país, políticas de Estado y cuerpos de funcionarios que independientemente de la coyuntura aguantan el servicio. Para nosotros, el proyecto europeo es esencial y nuestro posicionamiento está bien escrito", remarca, buscando como prueba la incardinación de los cuatro objetivos de la presidencia española con los grandes retos de este tiempo, y cita la "autonomía estratégica abierta, la transición ecológica y digital, las políticas sociales y las reformas".
Mirando al interior, a Luis Arias, embajador vitalicio y extitular de las embajadas en Corea del Sur y Filipinas y excónsul en París, le inquieta la ausencia de la política exterior en la reciente campaña electoral y a nadie se le escapa, por lo demás, la oportunidad que también abre este semestre de presidencia europea para reforzar el papel de España como puerta de América en Europa. O para afianzar las alianzas entre Latinoamérica y la UE con España como puente y colaborar en la tarea "incompleta" o "pendiente" que señala Javier Vallaure, embajador vitalicio, extitular de las legaciones en Países Bajos y Angola, excónsul en Los Ángeles y Miami, cuando remarca que España "debería hacer algo más" por reivindicar su huella en toda América y en el mundo. España siempre quiere poner Latinoamérica sobre la mesa europea, y a eso vino la cumbre entre la UE y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) celebrada el mes pasado en Bruselas.
De cómo la crisis rompe "la euforia de la globalización" y alimenta hipernacionalismos
"La pregunta es si estamos en un período de vacas gordas para entrar en otro de vacas flacas" y Alberto Aza la lanza como una advertencia de que las crisis encadenadas e irresueltas, de la pandemia a la guerra en Ucrania, "pueden estar rompiendo los efectos eufóricos de la globalización". Corre peligro de quiebra, constata el embajador, el proceso internacionalizador que había venido acompañando al impulso económico. Las últimas convulsiones han desatado "una mayor intervención del Estado en la vida privada y económica" o una búsqueda de la reactivación pospandémica "a base de intervención pública" que anuncia un riesgo de retorno "a políticas más nacionales o nacionalistas, menos globalizadoras" y capaces de cambiar el espíritu de la diplomacia tal y como se había conocido en los últimos 30 años. A los ojos del diplomático, esta tendencia tiene su correlato en "la aparición en el ámbito interno de corrientes hipernacionalistas que alcanzan estructuras de partido y pretensiones de presidencia de la república, como en Francia", y que pueden retroalimentar el proceso. La eternidad cambia cada cinco días, dice también, pero puede que todo esto anuncie un recorrido hacia un lugar distinto al que el mundo occidental se había acostumbrado a transitar.
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