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Beatriz Gutiérrez, la mujer que guía atuneros en el Atlántico

La pesca es uno de los sectores de actividad más masculinizados, según los datos de afiliación a la Seguridad Social, pero cuando una mujer se forma y siempre busca llegar más lejos puede acabar al timón de un barco en aguas de Costa de Marfil

Desde las aulas del CIFP del Mar en Gijón o con la formación para el empleo del Servicio Público de Empleo del Principado, es posible llegar a cualquier caladero del mundo

Beatriz Gutiérrez

Beatriz Gutiérrez

L. L.

"Es imposible saber cómo se siente una persona que se pasa cuatro meses metida en un barco a menos que lo hayas vivido", reflexiona Beatriz Gutiérrez cuando se le pregunta cómo fue su experiencia en los grandes atuneros que se adentran en el Atlántico, en busca de pesca, desde los puertos de Costa de Marfil, Senegal y el archipiélago de Cabo Verde. No es habitual ver a una mujer en el puente de mando, donde ella pilotaba. Esa actividad es una de las más abrumadoramente masculinizadas de los que tiene constancia el Servicio Público de Empleo del Principado (Sepepa). Los hombres eran más del 90% de los trabajadores del sector en enero, según los datos de afiliación a la Seguridad Social. Beatriz, hija y nieta de pescadores, ya lo sabía. A lo largo de su carrera profesional en el mar ha conocido a otras mujeres que, a la hora de buscar un trabajo se echan para atrás por falta de referentes femeninos, pero ella siempre ha seguido adelante desde el día en que decidió que eso era lo que quería hacer.

"Algunas lo sentían como algo ajeno. Yo ya me imaginaba que no iba a haber ninguna. Seguí adelante y creo que nunca me han tratado ni con sobreprotección ni con condescendencia. Entre 42 personas en un atunero era la única mujer. Y no siempre me llevé bien con todos. Pero eso es normal en un espacio tan pequeño y con tanta gente, cada uno con su carácter. No creo que tuviera que ver con ser mujer. En general, en un barco todo el mundo tiene que trabajar de firme. Si no, tu parte tienen que hacerla los demás", cuenta.

"Es imposible saber cómo se siente una persona que se pasa cuatro meses metida en un barco a menos que lo hayas vivido"

Beatriz Gutiérrez

Es hija de un pescador de Luanco y ahora vive junto al Cabo Peñas, pero no fueron sus antecedentes familiares lo que la llevó al mar. En realidad, su decisión fue tardía. Hasta los 30 años no se matriculó en el Centro Integrado de Formación Profesional (CIFP) del Mar, en Gijón, para cursar un grado medio y otro superior con los que prepararse para las tareas en el puente de un barco. Aún completó su formación en el País Vasco para acceder al título de patrona. Durante cinco años trabajó en todo tipo de embarcaciones del sector pesquero, desde sus primeras prácticas en un remolcador que apenas se alejaba del puerto hasta sus experiencias en los atuneros que faenan a tres días de navegación desde las costas africanas. Ahora ya ha cumplido los 40 y tiene un trabajo en tierra, todavía relacionado con la pesca y el mar, pero no descarta volver a embarcarse si surge una buena oportunidad.

Beatriz Gutiérrez

Beatriz Gutiérrez / Cedida a LNE

En el CIFP del Mar, la jefa de estudios, Carmen González, también es una veterana con experiencia marinera a sus espaldas. Antes de dedicarse a la docencia, a la que ha consagrado ya una década y media, navegó en buques mercantes y estaría encantada de formar a más mujeres, aunque lo cierto es que son minoría entre el alumnado. La demanda de este curso, con 180 plazas cubiertas de una oferta de 200, habla de una alta ocupación de sus ocho grados de formación reglada. Otras 100 personas se han matriculado en acciones de formación por el empleo. Además, el centro saca adelante todos los años varias decenas de procesos de acreditación de competencias para certificar la aptitud de personas con mucha experiencia laboral pero sin titulaciones académicas. La mayoría proceden de la estiba.

En ese mundillo, Beatriz se desenvuelve con facilidad. Las fotos que acompañan a este texto se han tomado en las instalaciones del CIFP, al lado de la playa de El Arbeyal y muy cerca del puerto de El Musel, y ahí saluda a viejos conocidos, docentes y compañeros. No es la primera vez que le piden que explique cómo es la experiencia de una mujer en el mundo masculino de los barcos y la mar y entiende el porqué. Está colaborando con un documental en preparación que sigue la vida profesional de cuatro trabajadoras en distintos buques. "En los puertos siempre ha habido mujeres, ya fueran rederas o familiares de las tripulaciones que esperaban en el muelle para llevar el pescado descargado a la rula. Pero en alta mar todavía somos pocas, sí", apunta.

En su opinión, la clave para hacer el trabajo en el mar no está tanto en el género como en la inclinación y en la resistencia a una labor dura. "En un mercante, el trabajo puede parecer más parecido a un oficio administrativo, aunque los turnos largos de pie no te los quita nadie. Pero en un pesquero pequeño, como los primeros en los que yo trabajé, todo el mundo tiene que hacer de todo. Son solo cinco personas. Vas y vienes todos los días. En los atuneros, las mareas duran cuatro meses y son cuatro meses sin reposo. Luego te quedan otros cuatro meses en casa, pero físicamente es duro", advierte.

"En los puertos siempre ha habido mujeres, ya fueran rederas o familiares de las tripulaciones que esperaban en el muelle para llevar el pescado descargado a la rula. Pero en alta mar todavía somos pocas, sí"

Beatriz Gutiérrez

A ella, sin embargo, le compensó. "Fui cumpliendo etapas y nunca estaba segura de si esto sería para mí. Cuando aún estaba en formación, en mi primer día en prácticas en el remolcador, me sentí muy desubicada. O cuando me subí a un pesquero y vi que el trabajo físico no duraba un rato más corto o más largo, sino todo el trabajo era eso. Pero, al final, siempre acabé pensando que sí era eso lo que quería hacer. Aun así, si vuelvo a encontrar un barco, saldré más al mar. Me compensa", zanja.

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