El desierto del Calatrava
"A nosotros van a recolocarnos, pero nuestra marcha perjudicará a los pocos negocios que quedan", dicen los trabajadores de El Corte Inglés

Aspecto del centro comercial del Calatrava, prácticamente vacío, la tarde del pasado sábado. / IRMA COLLÍN
A eso de las cinco de la tarde de un sábado como el pasado, el parking del Calatrava está prácticamente vacío. Los pocos coches que hay se arremolinan junto a la entrada que da acceso al centro comercial y, al subir al primer piso por la rampa mecánica, sólo se intuye vida gracias al sonido del hilo musical. Un mar de negocios con las persianas bajadas hace pensar lo contrario. Maribel López es la única persona que se encuentra pagando la compra en las cajas del supermercado de El Corte Inglés.El Corte Inglés Es una cliente habitual, pero aún no sabe que la tienda, al igual que las otras tres que tiene la cadena en el Modoo, va a cerrar sus puertas el próximo 15 de julio para convertirse en el enésimo negocio que se marcha del Calatrava. El Corte Inglés es, además, uno de los "gigantes", ya que ocupa 10.000 de los 40.000 metros cuadrados de superficie comercial del centro. "Acabo de enterarme. Yo compro bastante aquí. Entre otras cosas porque no suele haber nadie, pero no me extraña que cierren, porque hay veces que estás sola en todo el súper", dice la mujer.
La empleada que le cobra, que prefiere mantenerse en el anonimato, asiente con la cabeza para darle la razón. "La verdad es que no se vende ni la mitad que en las tiendas que tenemos en otros sitios. No sólo nos ocurre a nosotros, sólo hay que mirar alrededor y ver que la mayoría de los negocios están vacíos o cerrados", dice. En lo personal no está preocupada, porque la empresa les ha prometido que todos los empleados de las cuatro tiendas del Calatrava -los casi cien trabajadores repartidos entre el supermercado de la planta baja, la tienda de moda de hombre, la de mujer y Sephora- van a ser recolocados en otros centros de Oviedo, Gijón y Avilés. "Menos mal. Por lo menos, no vamos a perder nuestro puesto de trabajo", explica.
María Luisa Coya trabaja desde hace año y medio en la tienda de moda de hombre y también está tranquila a pesar de la noticia del cierre. "Llevo doce años en la empresa. Estaba en Madrid y pedí el traslado a Oviedo, pero estoy segura de que no vamos a tener ningún problema porque la empresa ya había hablado con nosotros antes de que todo esto saliese a la luz y van a recolocarnos a todos", asegura Coya. "No ha sido traumático", recalca.
Lo mismo piensa otro compañero, que prefiere no dar su nombre. "A nosotros no nos va a afectar como trabajadores porque van a recolocarnos, lo peor es que el centro comercial tiene cada vez menos actividad y nuestra marcha va a perjudicar aún más a los pocos negocios que quedan aquí", subraya.
Tras el reciente cierre de Zara Home y el anuncio de El Corte Inglés, el último de los golpes para el Calatrava llegó por parte del espacio infantil Lego Fun Factory, que el pasado sábado bajó las persianas para no volver a abrirlas. De los casi 130 negocios que había hace diez años, ya sólo quedan 40 con actividad.
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